
El derecho a protestar entre el humo y la razón
OPINIÓN. “El fin no justifica los medios. La lucha obrera es válida y necesaria, pero no a cualquier precio. Protestar no debería implicar contaminar el ambiente ni afectar la calidad de vida de quienes se busca ganar como aliados”.
Locales04/12/2024
Tribuna


Franco Garbarino*
El derecho a protestar es una conquista fundamental, reconocida en nuestra Constitución Nacional. Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿es este un derecho absoluto, que puede ejercerse sin restricciones, o es un derecho relativo que debe convivir con los derechos de todos los habitantes? La Corte Suprema de Justicia de la Nación ya nos dio una respuesta clara: NO HAY DERECHOS ABSOLUTOS.
En este marco, surge un interrogante inevitable: ¿es coherente quemar neumáticos y lanzar bombas de estruendo para ejercer el derecho a huelga, considerando el grave daño que estas acciones generan? No solo afectan al medio ambiente, sino también a la salud de personas y animales. ¿Qué sentido tiene, en pleno siglo XXI, cuando sabemos con certeza los efectos nocivos de estas prácticas, seguir llevándolas a cabo deliberadamente?
Hoy enfrentamos niveles alarmantes de contaminación ambiental, incluida la acústica, que muchas veces pasa desapercibida. La circulación de vehículos, los desechos industriales y domésticos ya imponen una carga significativa sobre nuestra huella ambiental. Añadir a esto el humo tóxico de las gomas quemadas y el estruendo de las explosiones no solo es innecesario, sino contraproducente. Es una contradicción buscar justicia social dañando el entorno en el que vivimos todos.
El fin no justifica los medios. La lucha obrera es válida y necesaria, pero no a cualquier precio. Protestar no debería implicar contaminar el ambiente ni afectar la calidad de vida de quienes se busca ganar como aliados. Los derechos no se fortalecen con el tamaño de la fogata ni con la cantidad de bombas que se detonan. Al contrario, estas prácticas suelen generar rechazo y minar la empatía que tanto se necesita para lograr el apoyo popular. Se pide solidaridad y comprensión, pero se olvida la reciprocidad: para recibir respeto, debemos también ofrecerlo.
Quemar neumáticos, dañar el pavimento o alterar la tranquilidad de barrios enteros con explosiones no son acciones que nos representen como una sociedad moderna y consciente. Estas prácticas no construyen, no suman, no invitan al diálogo ni a la reflexión. Por el contrario, perpetúan una imagen de conflicto que dificulta el entendimiento.
Es momento de aprender de la historia y adoptar formas más inteligentes y efectivas de protesta. Recordemos a Gandhi, quien logró independizar a la India, una de las naciones más grandes del mundo, de una potencia colonial, sin recurrir a la violencia. Su ejemplo nos demuestra que la fuerza del cambio no está en el ruido ni en la destrucción, sino en la coherencia, la convicción y la estrategia.
Dejemos atrás las prácticas que no conducen a nada positivo. Existen maneras de alzar la voz que sean respetuosas con el ambiente, con las personas y con los animales. La lucha obrera merece ser escuchada, pero con medios que sean dignos de sus fines.
Es hora de evolucionar en nuestras formas de expresar el descontento y de hacer de la protesta un acto tan legítimo como consciente.
Abogado MP 10-516







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