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Roberto Moetzel, cronista de su época (Nota 2)

Columna de Maxi Carranza ([email protected]).

Artes y Espectaculos 21/01/2023 Tribuna
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Trabajador sin pausa  -hoy se lo llamaría gestor cultural- Roberto Víctor Moetzel (1910-1966) siempre se involucró en los medios de comunicación, más que nada gráficos, aunque tuvo un paso radial por LV3 de Córdoba. En nuestra ciudad, colaboró en los periódicos Timón -el primero en papel que tuvo la ciudad- y Crónica. En la capital provincial, su pluma de periodista cultural y deportivo se hizo un lugar en Los Principios, uno de los diarios más importantes de aquel momento. 

En Crónica, el medio local, escribió hasta sus últimos días y el periódico lo recordó así en su partida: “Su deceso ha causado profundo sentimiento de pesar en nuestro medio, donde se lo conocía como hombre inquieto y con deseos de progreso, especialmente en los medios teatrales y tenísticos, a los cuales consagró sus mayores esfuerzos hasta conducirlos por la vía del triunfo. Por estas dos causas trabajó incansablemente y puede decirse que el teatro vocacional  y el tennis (sic) de nuestro medio le debe a Roberto Víctor Moetzel el progreso y consagración alcanzado hasta hoy”, señaló Crónica el 3 de junio de 1966. Durante su carrera como director artístico, estrenó más de 50 obras y obtuvo numerosos premios a nivel provincial y nacional. Entre tantas cosas, dejó una frase que lo pintaba de cuerpo entero: “Se hace teatro levantando telones”, la cual no dejaba de repetir.

Así escribía Moetzel
En el artículo “Los árboles mueren de pie” firmado con el seudónimo de Guión, Moetzel expresaba lo siguiente: “Es inexorable el progreso. Toda obra por buena que sea, por pura su intención, y hábil su desarrollo, exije (sic) siempre, lamentable verdad? Un sacrificio, tal vez una muerte, o varias...

Y así yacen hace unos días los veteados cuerpos de los eucaliptus que tanta sombra prodigaron a los viandantes de la Avenida Savio, los más modestos carolinos, ya cercenados una vez por las líneas de comunicaciones, le precedieron en la línea taladora. Es el progreso que llega, afanoso, voraz…, delineando esta vez en una magnífica avenida, cuya inmediata construcción se presiente con este ruido de hachas… Sin embargo, en un rinconcito de nuestro corazón avalado por la observación y la experiencia nos queda una duda…Será tan pronto que la poda era urgentísima?  […]No hubiera sido posible, voltearlos (ya sin remedio), paulatinamente, en la medida de lo necesario, ya que abatirlos no lleva mucho tiempo, permitiendo que nos acompañe con su sombra un tiempito más…No…Está usted seguro…?” dice el texto fechado el 13 de noviembre de 1964 en el semanario Crónica. Justamente el título de la columna, Los árboles mueren de pie, fue una obra  del argentino Alejandro Casona que el Conjunto Vocacional Casino estrenó en julio de 1952 con actores locales.

También el tenis
El deporte que apasionaba a Moetzel era el tenis, entre otras disciplinas que supo practicar como la equitación y la esgrima. El libro Nuestro Gen Dominante. 100 exitosos años del deporte riotercerense, escrito por Marcelo Calderón en 2013, lo retrata de esta manera: “El Ñato o Bicho Moetzel, personalidad del deporte y la cultura de aquella época, era un gran gestor y aglutinador de voluntades, pero como empleado de la Fábrica  estaba comprometido con el crecimiento del Club Casino, así se convirtió en el propulsor de la construcción de dos canchas de tenis en el extremo derecho del predio que abarcaba el club. Esas dos canchas se convirtieron en las mejores que tuvo Río Tercero por muchos años”. Cabe aclarar que esas superficies de juego estuvieron ubicadas en la intersección de Av. Savio y calle San Martín, hasta que se trasladaron a otro sector de la institución. Cuando  desmantelaron esas canchas de tenis, había una placa con el nombre de  Moetzel, la cual se cree que está en manos de un vecino de barrio El Libertador.

Reseña tenística
En una columna del diario riotercerense Crónica, del cual fue colaborador permanente, Moetzel escribió una reseña con el subtítulo Campeonato de los Químicos: “Sigue Tino Angles con miras de poner una ´whiskería´ si se tiene en cuenta su afán de coleccionar copas. El pasado domingo conquistó el torneo del rubro en dobles con C. Ramírez derrotando en el partido final a Manucho Madruga y J. C. Zugasti que dicen que llegaron cansados , porque jugaron un partido más… Cosas del tenis. Bien por los cuatro finalistas y todos los competidores que demostraron el excelente espíritu de camaradería que existe en el deporte, además de que aparte se pierdan unos ‘kilos de mondongo’ entre el polvo de ladrillo”, redactó Moetzel bajo el seudónimo de Fleje en este periódico, allá por 1965. 

Cuando se produjo su fallecimiento (1966), Crónica publicó la siguiente una nota, que en un fragmento decía lo siguiente: “En deportes, el tennis (sic) lo contaba en sus lides como colaborador entusiasta y gran organizador”. El  texto está firmado por el grupo Arlequinadas Teatro de Comedia, que ensayaba en el Club Atlético. Este elenco riotercerense, del que Moetzel supo ser impulsor, le dedicó una emotiva carta de despedida en el medio local.

Figura imprescindible
En otro tiempo, a Roberto Moetzel se lo hubiera tildado de humanista, en el sentido que le daban al término en el siglo XVI. Es decir, la corriente de pensamiento que pone en primer plano el patrimonio cultural del individuo y su desarrollo. O como dijo el escritor y dramaturgo Bertold Brecht: “Esos hombres imprescindibles que luchan toda la vida”, según el verso final del poema “Los que luchan”. Cuando Moetzel llegó a una joven ciudad, que estaba delineando su fisonomía, contribuyó con su visión y trabajo -junto a otros abnegados- a forjar su perfil. Con buen humor y sin bajar nunca los brazos, aportó  esfuerzo, pasión y sabiduría para el crecimiento de Río Tercero. Dejó un legado que se agiganta con el paso de los años y sigue siendo un ejemplo para todas las generaciones que lo sucedieron.

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