Con resignación, el sector privado afronta el aumento impuesto por el Gobierno nacional

Locales 03 de febrero de 2020 Por Tribuna
De acuerdo a lo dispuesto por el presidente Alberto Fernández a fines del año pasado, el empresariado deberá afrontar un incremento salarial de 4.000 en dos cuotas. En contrapartida, no observan medidas que alienten a los empleadores.
LOCALES Aumento

En estos días debería comenzar a verse reflejado en los recibos de sueldo, el aumento dispuesto por el gobierno de Alberto Fernández, a fines del año pasado.
 Cabe recordar que esta medida implica el aumento de 3.000 pesos al sueldo de enero y otros 1.000 al de febrero, para todos los trabajadores del sector privado.

 Es importante aclarar también que no se trata de un bono extraordinario sino que se integra al salario y deberá ser absorbido por futuras negociaciones paritarias.

 Entre las consultas realizadas a referentes del sector empresario en Río Tercero, no se observa, al menos públicamente, un rechazo hacia la medida, a pesar de la crisis actual.
 En su mayoría entienden que representa un "paliativo" para sus empleados ante una inflación que el año pasado alcanzó casi el 54 por ciento.

 De todos modos, también apuntan con cierta resignación que se trata de una imposición en un escenario donde no se revierte la recesión ni mejoran las condiciones financieras.
 Agustín Hessar, además de ser empresario y tener una consultora, es presidente de la Cámara de Inversiones del CECiSa (Centro Comercial, Industrial, de Servicios y Agropecuarios de Río Tercero).
 Según su punto de vista, "el objetivo es bueno porque ayuda a los empleados a palear la situación y va a repuntar el consumo".

 De todos modos, también sostiene que "hay tener en cuenta la situación en la que están las pymes y emprendedores que también tienen gente a cargo".

 Sobre esto último, resume que "líneas de crédito a tasas exorbitantes, una cadena de pago cortada o demorada y altas imposiciones de  un Estado que no acompaña al sector privado, generan un coctel peligroso", para quienes deben afrontar este incremento salarial.

 "Hay distintas realidades, algunas empresas no tienen ningún problema para hacerlo pero a otras le complica el presupuesto trazado para el año", agregó.

 "Con el que hablás dice que lo paga, pero ni ellos mismos saben cómo se va a financiar eso. En general, se está trabajando con números muy finos en cada una de las partidas presupuestarias", concluyó Hessar.
 La contadora Silvana Bonetto (MP 10-10296-5) asegura que "los clientes (pymes) de nuestro estudio van a hacer el esfuerzo de pagarlo para recomponer la situación de los empleados".

 También remarcó como un atenuante que la mayoría cuenta con el "Certificado MiPyME" y no deberán abonar las contribuciones patronales a la Anses,
 Aclaró además, que el empleado no recibirá los 4.000 pesos en mano sino que sufrirá los descuentos previstos como cargas sociales, que oscilarán entre un 18 y 20 por ciento.

 "Con la recesión que hay no es fácil pagarlo pero nadie dice que esto va en contra de la empresa y es demasiado favorable del empleado porque entienden que es una recomposición que ni se acerca a la inflación que hubo en el año", sostiene la contadora.
 A su vez, agrega como dificultad adicional, que este aumento llega en un momento del año donde las empresas debieron pagar recientemente el aguinaldo y el plus por vacaciones

 "La mayoría de las empresas no tienen muchos empleados y las más grandes tienen espalda", observa Bonetto, con lo cual no avizora que esta medida genere mayores inconvenientes.
 Roberto Ascanelli es dueño de una fábrica de maquinarias agrícolas que tiene alrededor de 120 empleados, por lo que esta medida le generará una erogación que ronda el medio millón de pesos.

 A pesar del impacto que pueda representar, asegura que lo pagarán en tiempo y forma. "Dentro de todo, el campo es uno de los sectores que menos ha sufrido la crisis, más allá de la cuestión hídrica que estamos padeciendo ahora", comenta este reconocido empresario del rubro.

 "Qué querés hacerle (sic), sabemos que la gente tiene necesidades, más allá que las empresas también perdieron rentabilidad", expresa Ascanelli.
 "Tratamos de mantener conforme a la gente que tenemos, con cierta estabilidad laboral porque eso significa mucho. Hemos decidido perder rentabilidad pero cuidar la mano de obra", afirma. 

 Según observa, la situación en la provincia es similar para casi todos los fabricantes de maquinaria agrícola, "porque es un rubro que más o menos tracciona aunque sea con números más finos que en otras épocas".
 No obstante, expresa que la ecuación sigue distante de un escenario ideal ya que "las empresas no están conformes con lo que generan y los empleados tampoco con lo que ganan".

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