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PERSONALIDAD DE SU TIEMPO. Roberto Moetzel: El motor cultural que transformó la escena teatral de Río Tercero

Locales27/01/2026TribunaTribuna
NOTA HERRERA
Roberto Moetzel. (Archivo TRIBUNA).

En más de un siglo de vida, Río Tercero ha adoptado, cobijado y visto pasar a una cantidad importante de personas y personajes que han dejado huellas especialmente en quienes fueron sus alumnos, discípulos, dirigidos o compañeros en distintas instituciones o actividades. La Fábrica Militar fue un surtidor permanente de valiosas personas que se sumaban a la comunidad riotercerense y a su accionar. Pero no debe haber habido personalidad más rica, multifacética y contagiosa que la de un hombre, que vivió en Río Tercero 26 de sus 56 años, que habiendo tenido destino para ciudades importantes y cargos trascendentes eligió esta ciudad para formar su familia cuyos descendientes continúan aquí. Influyó notablemente en toda una generación de jóvenes que se sintieron atraídos por su fuerte y carismática personalidad y por lo generoso de su propuesta.

Se llamaba Roberto Víctor Moetzel y desde hace algunos años su nombre bautiza la (hoy cerrada) sala del Teatro Casino donde su espíritu reside desde que su cuerpo se fue en 1966. Había nacido en Pehuajó en la noche que va del 24 al 25 de diciembre de 1910. Recién nacido perdió a su padre y fue su madre, una baronesa alemana, quien lo crió en el marco de una gran cultura que le legó.

Moetzel, "Nato" o "Bicho", fue un exquisito ser humano que por aquí pasó; optimista exuberante, lector incansable, receptor y emisor de miles de cartas, cinéfilo fanático, conocedor de todas las películas de su tiempo, megalómano empedernido amante de la música clásica y admirador de Gardel; periodista aficionado, aquí colaboró con "Timón" y con "Crónica", donde firmaba sus artículos con seudónimos: "Mis bambalinas", los de teatro, "Banda sonora", los de cine, "Fleje", los de tenis y "Guión" los de interés general; fino deportista de disciplinas que lo tuvieron como pionero, tenis, polo, equitación, esgrima. Si algo le faltaba, gourmet de exquisito gusto, autor de antológicos asados, creador del "clarito": un cóctel cuyo gusto aún mantienen los que lo probaron. Fue profesor ad-honoren de idioma cuando nuestros secundarios daban sus primeros pasos.

Antes de llegar a Río Tercero estudió en Olivos, ingresó al Colegio Militar de la Nación de donde egresó por una lesión en el último año, trabajó en una compañía alemana y en el Correo, vino a Córdoba donde hizo locución y periodismo en la antigua LV 3 (hoy Cadena 3). Trabajó en la Dirección de Agricultura de Buenos Aires, como director del Parque Sierra de la Ventana y el 13 de febrero de 1938 se casó con Ana María Waite Figueroa. En La Plata se enteraron del establecimiento de una fábrica militar en Río Tercero. Y aquí vino como traductor de inglés que permitiera la lectura de las instrucciones de la maquinaria que la fábrica había comprado en Europa. Poco le costó rendir los requisitos pues Moetzel hablaba y escribía en inglés, francés y alemán.

No fue el fundador del Teatro Vocacional Casino pero sí su director más influyente, capacitado, activo y relacionado. Más de 50 títulos puestos en escena transformaron a Río Tercero en una plaza teatral de gran valía, consagrando a su elenco en certámenes de Buenos Aires, Rosario, Jujuy, Córdoba, accediendo tres veces al jerarquizado escenario del Teatro Nacional Cervantes con "Mi prima está loca", "Los mirasoles" y "Los árboles mueren de pie". Nunca grupo teatral riotercerense tuvo un elenco tan numeroso, variado, heterogéneo y capacitado que el que reunió Moetzel. Era él quien aglutinaba voluntades y su gestión ayudó a la aparición de numerosos actores y directores que, ausente Moetzel, siguieron su huella como Raúl Sejas, Hugo Rodríguez y Elver Ressa. El teatro y su particular forma de ser le brindaron la posibilidad de relacionarse con personalidades de su tiempo como el autor Enrique Santos Discépolo, las actrices Teresa Serrador y Blanca Carretero, el director Eugenio Filipelli, uno de los máximos de su tiempo y el escritor Marco Denevi, entre otros.

Todo lo hacía con entusiasmo: jugó y organizó campeonatos de tenis en las antiguas canchas del Lawn Tennis del cuadro ferroviario, fue el propulsor de la construcción de las canchas del Casino; fue secretario del Alojamiento del Personal Superior y siempre contó con el apoyo incondicional de su amigo "Carlitos" Pedrini, otro verdadero personaje de la ciudad.

El corazón de Roberto Moetzel se rindió antes que su personalidad. Fue un infarto traicionero el 27 de mayo de 1966. No se puede calcular todo lo que hubiera podido dar por esta su ciudad adoptiva. Solo queda el consuelo de haberlo disfrutado 25 años.

Nota del periodista César Herrera publicada años atrás para un suplemento especial de TRIBUNA.

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