Fernando Zabala y su nuevo libro “Microteatro”: la pregunta como tributo a la vida

Artes y Espectaculos 30 de junio de 2022 Por Tribuna
La investigadora y actriz colombiana María Fernanda Cuervo realiza una reseña sobre el libro del dramaturgo riotercerense.
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Por María Fernanda Cuervo - Especial

 “Microteatro”, libro compuesto por 9 obras escritas en tiempos de pandemia (relevante anunciarlo), publicado en abril de este año por Tinta Libre Ediciones en la ciudad de Córdoba, Argentina en versión de papel y e-book - un gran evohé a la tecnología que cruza el tiempo, la materia y el espacio y me permite leer estas piezas desde Londres, Inglaterra mientras disfruto de algunos días soleados en una ciudad en donde la lluvia es una constante. 

Este clima y las ligeras reglas sobre el distanciamiento social post-pandémico me invitan a sentarme en diferentes cafés con mesas en el exterior, algo impensable dos años atrás. Con placer, curiosidad y emoción me siento a leer esta versión digital que me plantea una relación diferente con la lectura, pues prefiero leer libros en físico, pero que, desde la primera línea, me traslada al 2020, a ese sueño/pesadilla que vivimos y que reviví durante el tiempo que me tomé para escribir esta reseña.

Son 9 obras. Todas suceden en un acto. Cada una en un mismo espacio. Textos que se repiten. Un bucle. El color rojo como mensaje encriptado en algunas de ellas. La búsqueda de la luz como “superobjetivo”. Espacios con y sin ventanas: otro mensaje encriptado que Fernando Zabala va dejando y que, con mucha curiosidad, quiero descubrir. 

Fernando Zabala, dramaturgo, director, docente y actor, imprime en la escritura de “Microteatro” tonos de sus múltiples facetas como artista. Siento de forma contundente al dramaturgo y director en la precisión de sus acotaciones, escritas casi como partituras de movimiento intencionadas que dan sentido y dinámica a la historia, a los personajes, a la escena, a la experiencia del espectador y al texto. Un material poderoso para quien desee dirigir estas piezas. 

También es posible descubrir al docente aplicando el método socrático en el que las preguntas llevan al lector/espectador a la potencial especificidad de la respuesta, pero sin darla. Y, por último, su voz como actor nos propone personajes que aparentan ser simples, con poco texto y sin nombres; nos provee poca información sobre quienes son o su origen, pero, en realidad, los presenta como personajes multidimensionales que, de forma sucinta, nos comparten una historia, reflexiones y sentencias profundas para quienes sobrevivimos al fin del mundo.

“Sísifo y después”, “Sonata de medio cuerpo” y “Resplandor” ya han sido estrenadas y dirigidas por Zabala bajo el título “Dispositivo B”. Las otras seis, “Ventana”, “Ping Pong”, “Última prueba”, “En el lugar de siempre”, “Reconciliación” y “Los otros”, son obras teatrales escritas casi como un poema que repite constantemente las mismas palabras buscando un ritmo único y que invitan a reflexionar sobre la existencia, la humanidad, la muerte, la vida, el tiempo y nos plantean preguntas, preguntas sin respuesta.

Me he dado libertades y licencias durante la lectura de “Microteatro”. Leí en desorden y en orden, en silencio, me detuve y en ocasiones no paré hasta el final. Jugué con mi voz para dar vida a cada uno de los personajes, me devolví varias líneas para capturar detalles, imaginé cómo yo dispondría la escenografía y las luces. De repente, mientras leía mi pieza favorita, “Resplandor”, recordé el filme “Dogville” dirigido por Lars von Trier y una fantasía creadora estalló en mí. Imaginé todas las obras sucediendo en el mismo lugar, con muros invisibles, con todos los personajes sobre el escenario y con el público alrededor. 

Como un regalo creativo para mí y que sigue alimentando mi fantasía escénica, confirmo que Fernando Zabala usa las ventanas con frecuencia en estas nueve piezas y las imagino como portales, sí, portales a universos paralelos, a lugares jamás explorados y que hemos olvidado, o lugares que añoramos visitar, pero que jamás visitaremos. También imagino a los espectadores como vecinos chismosos husmeando en la vida de los personajes, así como sucedió en los meses de confinamiento.

Es una maravilla que “Microteatro” me haga imaginar, crear y fantasear sobre otros mundos. En fin. Vuelvo a mi lugar como lectora y entonces se hace claro y evidente el tono surrealista, abstracto e introspectivo que el autor ha afirmado haber explorado en este libro. Dadas estas características, varias de las piezas demandan más de dos o tres lecturas para ser descifradas, o al menos esa fue la invitación silente que aceptó mi curiosidad. La repetición de textos y diálogos se presenta como metáfora de la vida misma, de la rutina y de las secuelas del encierro y nos proporciona nueve posibilidades de comprensión de este fenómeno mundial.

Una libertad que me voy a otorgar es hablar de “Resplandor”, mi pieza favorita del libro. Casualmente en esta pieza no hay ventanas, ni puertas, solo el diálogo entre M1, la mujer y M2, el hombre. La nada y la búsqueda impaciente de la luz, de ese resplandor que nos prometen cuando vamos a morir es la constante en esta obra escrita en 4 páginas. ¿Quiénes son M1 y M2? ¿Cuáles son sus nombres verdaderos? ¿Dónde están? ¿Será el limbo? ¿La sala de espera para el ascenso? La oposición de tempo-ritmo de cada personaje crea un alto nivel de tensión que solo se disuelve en los últimos tres diálogos de la obra. La efervescenciadel texto y las preguntas que detonan en mí hacen de “Resplandor” una lectura fascinante.

Si usted es una lectora o lector curioso, le invito a que se tome un té, café o un mate (depende su ubicación geográfica) y lea las nueve obras en una misma tarde; repase, devuélvase, relea y continúe. El orden y el ritmo de cada una le llevara a un viaje profundo, a un mundo onírico que jamás imaginó. Si por el contrario, es una lectora o lector que disfruta de tiempos precisos para la lectura, lea cada texto por separado, en días diferentes y permita que esas letras hagan eco en usted como una gota que cae en la inmensidad del mar. 

Antes de terminar, quisiera destacar la obra “Sonata de medio cuerpo”. El único personaje, llamado Ella en la ventana, dice: “Cada segundo es morir”. Y sí, la muerte se precipita y suena fuerte como el tic tac de un reloj en un cuarto vacío. “Estamos muriendo”, pienso yo y reflexiono que Zabala escribe esta línea no para asustarnos, sino como un recordatorio de que aún estamos vivos, que sobrevivimos al fin del mundo y que está en nuestras manos crear, comunicar, hacer de esta experiencia un recuerdo memorable de aprendizaje, autoconocimiento y transformación. Como lo es el teatro: un tributo a la vida misma, una invitación a vernos en el espejo. Zabala, con astucia, nos invita a reflexionar y entrar a un recorrido emocionante de pausas, silencios, preguntas y respuestas que yo como lectora empecé a responder y espero que los afortunados que puedan ver sus obras, se adentren tanto como yo en las reflexiones profundas de la existencia. 

Siempre he imaginado la figura del dramaturgo como creador de un destino que elabora a su antojo, pero también como un espejo que nos revela secretos de su realidad. ¿Qué será lo que Fernando Zabala nos quiere decir en nueve obras? ¿Qué secreto íntimo nos revelan estos personajes en sus diálogos cortos e incluso interrumpidos? “No lo sé” me apresuro a responder tal y como responden varios de los personajes de “Microteatro”, no sin antes invitarle a usted que lo descubra por su propia cuenta.

 

Reseña escrita en Londres, Inglaterra entre mayo y junio de 2022.

 

* María Fernanda Cuervo es productora, investigadora y actriz colombiana actualmente localizada en Londres, Inglaterra. Tiene una Maestría en Producción Creativa de la Universidad de Londres y es fundadora de Claustro Investigativo, una plataforma digital para la investigación de las artes escénicas. 

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