AGRO. Si la solución fuera imprimir papeles

Locales 04 de junio de 2022 Por Tribuna
Columna de opinión del ingeniero agrónomo Raúl Martina (1442)
AGRO Billetes

Por estos días, se renueva el debate en torno a la impresión de nuevos billetes y me permití analizar notas de destacados economistas de renombre nacional para afianzar mucho más la idea de la desmesurada falta de equilibrio de aquellos que tienen en sus manos el poder de tomar decisiones que nos ayuden o nos sumerjan en la difícil y contradictoria tarea de ser productor-emprendedor y cuentapropista en un país que nació como “la tierra de las oportunidades”.     Alguna vez en la historia nuestra moneda fue fuerte, pensando en la expresión “Patrón Oro” de 1881, cuando se sancionó la ley de unificación de la moneda nacional, que determinó la convertibilidad de la moneda con el oro. Luego, a partir de 1899 y hasta 1929, el peso moneda nacional se mantuvo en casi la misma relación que el dólar estadounidense y en 1929 se abandonó el patrón oro, aunque el valor de la moneda seguía dependiendo de las entradas y salidas del metal. 

En 1939, nace el Banco Central de la República, entidad creada con participación estatal y privada, que tenía entre sus funciones la exclusividad en la emisión de billetes y la regulación de la cantidad de billetes circulantes. Hacia 1946 se dispuso su nacionalización y arrancó la catarata de pérdida de valor de ese activo argentino, pasando por variadas historias como el Peso Ley 18.188, luego el Nuevo Peso Argentino cuya imagen de mayor denominación era la de Juan Bautista Alberdi. Sin embargo, este signo monetario no duró mucho y fue reemplazado por el novedoso Plan Austral con las imágenes de Bernardino Rivadavia y Manuel Quintana, y así en cada movida la devaluación se tornó imparable, y luego de la hiper, desde 1991, el austral se reemplazó por el Peso. Ese billete de 1 peso que lo tenía a Carlos Pellegrini y que en el de 100 estaba Julio Argentino Roca, que, de la mano de la convertibilidad y por una década la inflación rondó el 2%. Pero la convertibilidad voló por los aires y desde la crisis de 2001 nos ahoga una inflación vergonzosa con billetes que valen menos que todo el proceso de impresión. 

Pero la fiesta sigue y los nuevos papeles que este gobierno se prepara para imprimir no aumentan la denominación, detalle que le quita al Estado la posibilidad de imprimir menos cantidad. En la tirada del diario La Nación del domingo próximo pasado me llamó poderosamente la atención el dato de analistas del sector privado que estiman que “el gobierno nacional podría haber ahorrado el año pasado u$s 122,4 millones si hubiese tenido un papel más grande, a eso se suman u$s 639 millones entre 2008 y 2015, más otros u$s 64 millones en 2020”. Lo que arroja la friolera total de u$s 825 millones; suma con la que se podría comprar casi la mitad de YPF, la mayor empresa industrial del país. 

Con semejante síntesis, la historia de fabricación de billetes en la Argentina brinda fértil argumento para producir una serie de TV en las actuales plataformas de moda, bajo la opción de “los declamados por la crítica” para maratonear sobre suspicacias, corrupción y picardía criolla. 

Pero muchos responsables de tremenda situación están ocupados en otra agenda y los argentinos nos merecemos otro contexto, con mucho peso y valor. 

Cierro mi columna de junio al abrigo de un pensamiento que puede tranquilizarnos: “La riqueza de las naciones es obra de las naciones, no de sus gobiernos”. Nada más certero podría haber aportado una bogado, político, escritor y músico tucumano, autor intelectual de la Constitución Argentina, Juan Bautista Alberdi.

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