AGRO. Señales negativas y reglas cambiantes

Locales 07 de mayo de 2022 Por Tribuna
Columna de opinión del ingeniero agrónomo Antonio Marzioni (M.P. 3897).
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El productor argentino define su inversión en función de dos variables fundamentales: la rentabilidad actual y la estabilidad de precios, entonces entra a jugar un concepto denominado rentabilidad en el paso del tiempo. Esto traducido significa que el el hombre de campo apostará a la producción que logre un beneficio económico este año, el próximo y el que viene, es decir que apuesta a lo seguro, donde ve beneficios económicos estables. Lo cual es lógico e idéntico a lo que haría cualquier persona es su lugar. 

Esto explica también porqué se siembra tanta soja, y cultivos más rentables y más estables agronómicamente hoy como el maíz, se siembran menos. Todavía recordamos silobolsas llenos de maíz pudriéndose en los campos, el costo de llevarlo al puerto de Rosario hace siete años era equivalente a la mitad de la carga. Hoy el maíz es lo más rentable del campo argentino y por ello se explica que crecen las superficies pero de manera lenta, ante el posible cambio de reglas por parte del Gobierno. 

La incorporación de cultivos como maíz en los últimos años, mejoró la producción de soja, porque si bien son menos las hectáreas destinadas a esta última, la presencia de un socio agronómico en la rotación, resalta sus virtudes productivas.      Lo triste es que también desaparecen tambos y producciones ganaderas día a día, las cuales no se pueden reactivar rápidamente ya que conllevan importante inversiones en infraestructuras. El paisaje se pone más tenue, se simplifica la realidad, solo soja aquí y allá, nuestra dependencia radica en que el mundo globalizado pague bien solo una commoditie y caemos en una gran inestabilidad productiva. 

Cuando hablamos de reglas claras de eso se trata. Si bien los precios internacionales influyen, existe una alta correlación entre el precio relativo de la soja y el maíz y las distorsiones se producen fuertemente por las intervenciones del Gobierno. La soja por tener siempre valores relativamente buenos funciona como la moneda de cambio donde el productor se refugia ante el cambio de gobiernos, ideologías y políticas. Es lógico pensar porqué evita desviarse del mismo para no caer en un cambio de reglas y tener pérdidas económicas.

La mayor parte de los campos argentinos son trabajados por arrendatarios, es decir, que el dueño de la tierra recibe el pago de un alquiler, se independiza del riesgo, éste lo asume otro productor que tiene que afrontar el pago del arrendamiento, y enfrentar los vaivenes climáticos y económicos, y lo único que sabe hacer es producir más y más, pero tiene un pie puesto en el freno. Los números no cierran y tiene que optar por realizar planteos productivos de baja inversión. 

El Gobierno no lo considera un aliado estratégico para salir de la crisis económica y personalmente considero que estamos desaprovechando su capacidad productiva. Algunos ejemplos de esto los podemos visualizar considerando el porcentaje de lotes de soja fertilizados (menor al 30%) y las maquinarias utilizadas presentan atrasos importantes de tecnologías, venimos demorados en el uso de biotecnologías, y tenemos una carrera enorme hacia la incorporación de plataformas virtuales y agriculturas de precisión. Estamos produciendo muchísimo menos que lo que el campo puede dar; tenemos mucho por hacer en este sentido.

El Gobierno debe apostar al campo, esto permitiría aumentar la producción, entrarían más divisas y se abrirían las puertas hacia un camino de crecimiento económico donde nos beneficiaríamos todos. Mientras las señales sean negativas y las reglas sean cambiantes, es probable que cuando recorramos los campos argentinos veamos cada vez menos cabezas de ganado, menos tambos, menos diversidad productiva, y menos futuro. Argentina cuenta con una de las mejores tierras productivas del mundo, demostremos que sabemos lo que hacemos.

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