AGRO. Círculos viciosos

Locales 09 de abril de 2022 Por Tribuna
Columna de opinión del ingeniero agrónomo Raúl Martina (M.P. 1442).
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Rememorando mi infancia transcurrida en el añorado barrio Belgrano, en la ciudad de Río Tercero, vienen a mi memoria las charlas que improvisaban mi padre y demás vecinos, en las que las temáticas respecto del panorama político nacional, no son tan diferentes de las vividas en la actualidad. Una muestra de esto es el talentoso y recordado Tato Bores, quien con sus ocurrencias humorísticas sigue siendo más actual que cualquier “youtuber” emergente.

Contrastando la producción agropecuaria de 1960 (antes de la Revolución verde) con lo que se vive hoy, pleno abril de 2022, se puede destacar que hay nuevas herramientas que impactan en la productividad como las variedades de soja, la biotecnología, el maíz Bt, la siembra directa, las tareas de sistematización predial, los balances nutricionales y los fertilizantes equilibrados de liberación lenta -libera nutrientes en función de las demandas de cada cultivo-, generaron un profundo cambio en el sistema productivo, se modificó la manera de trabajar las tierras y afectó en los procesos de toma de decisiones. 

Es importante que el productor agropecuario se adapte a los cambios que se van produciendo y se anime a incorporar estas nuevas tecnologías de producción para así disminuir su vulnerabilidad y por lo tanto evolucionar, crecer y desarrollarse, de lo contrario queda fuera del sistema.

El sector agropecuario tiene una constante demanda de conocimientos, insumos, tecnología e innovación. Lamentablemente este sector no se ve apoyado por la clase dirigencial, la que considero es anacrónica, ambigua, no tiene proyección, está poco preparada para tomar decisiones superadoras y tiene una visión cortoplacista. 

La agroindustria (transforma los productos generados en el sector primario, agregando valor a los mismos), es una actividad estratégica para el desarrollo económico y social de la Argentina ya que representa el 60% del total de las exportaciones del país y tiene un gran potencial de crecimiento a partir de un mayor nivel de producción, agregado de valor y exportaciones. Considerando la importancia que tiene el sector en el país el accionar del gobierno actual afecta directamente a la economía y a nosotros nos afecta como productores, desilusionando a las nuevas generaciones, robándoles los sueños de asentarse, armar y fortalecer vínculos, poniendo en riesgo la continuidad de un proyecto amplio y cercano de producción.

La realidad se nos presenta cruelmente, hay escases de stock de insumos y materias primas clave para accionar el engranaje propio del sistema productivo, haciendo que nuestro debate no pase por exigir el ingreso de más cantidad y mejor biotecnología, sino la disponibilidad de lo básico para producir. Un ejemplo, es la escases de combustible, tan necesario para poder finalizar la campaña agrícola de cosecha gruesa y dar inicio a la próxima campaña de cosecha fina. Sin embrago, en el recinto donde se generan las leyes, los legisladores siguen insistiendo con colocar trabas en el sector productivo, agregando más retenciones a las exportaciones, cerrando la exportación de algunos productos, incrementando controles e intervenciones de un estado que claramente ya no se sostiene a sí mismo. Hay un aumento permanente de la inflación, el tipo de cambio es engañoso y atrasado, la moneda está devaluada, y las expresiones dirigenciales fomentan la división y el enfrentamiento, sin hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones.

Nos merecemos otra oportunidad, nuevos horizontes y por sobre todas las cosas un conjunto de representantes que estén a la altura de los acontecimientos.

¡Qué país!¡Qué país! No me explico qué nos sucedió, porqué nos desplomamos tanto, si estábamos destinados a ser millonarios, condenados al éxito. Usted iba, tiraba un granito de maíz y “paff”… gran cosecha del cereal. Sembraba una semillita de trigo y, “ñacate”… una cosecha que había que tirar la mitad al río porque no teníamos donde almacenarla. Compraba una vaquita, la dejaba en el medio del campo y al año tenía una manada.

Cuando era pequeño pensaba que el programa de Mauricio Borensztein era humorístico, pero me equivoqué… eran clases abiertas de análisis político argentino con proyección inalterable. Hasta el próximo mes, a seguir laburando “Vermouth con papas fritas y good show”.

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