Malvinas: una mirada distinta de la guerra a 40 años

Locales 02 de abril de 2022 Por Tribuna
“Es importante mirar a Malvinas más allá de la guerra”, aseguró Cerjio Velasquez, excombatiente.
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Cerjio Velasquez tiene 58 años, a los 18 participó en la Guerra de Malvinas. En febrero de 1982 se había incorporado al Ejército. Pertenecía al Regimiento de Infantería 25 desde donde se formó una compañía especial para recuperar las islas. Dos meses después de haber sido incorporado al Ejército fue designado, junto con otros varios riotercerenses, para recuperar el territorio invadido por los ingleses. El 2 de abril, a las 6.30, su compañía desembarcó en un anfibio, se produjo una reagrupación de hombres en Puerto Darwin, donde permaneció hasta el 14 de mayo. Luego fue trasladado a San Carlos, donde días después se produjo el desembarco inglés. El 11 de junio fue tomado prisionero y el 14 de ese mes finalizó el conflicto. Las fechas y los lugares permanecen grabados a fuego en la memoria de este excombatiente de Malvinas.

Tras la guerra Cerjio volvió a sus actividades, más tarde formó una familia y tuvo tres hijos. Fundó una empresa metalúrgica que hoy llevan adelante sus hijos. Desde hace varios años tiene un activo rol como excombatiente, brinda charlas en escuelas, da su testimonio sobre el conflicto y no deja de insistir en que el pueblo argentino debe lograr tener un sentido más patriótico.

Cuatro décadas después de haber sido parte del conflicto bélico brinda su mirada sobre Malvinas.

-Se cumplen hoy 40 años del desembarco argentino en Malvinas. ¿Cómo vive este aniversario?
    -Todos los años conmemoramos y les damos las gracias a los héroes que quedaron en Malvinas por dar su vida y defender la Patria, como es obligación de cada argentino. Lo hacemos con fuerza, reviviéndolo y para nosotros no es un año más, es reconocer la valentía que tuvieron nuestros camaradas. Hoy, después de 40 años los sentimientos son distintos.

-¿Si bien durante los últimos años han sido más visibles, siente que los soldados fueron escondidos mucho tiempo?
    -Durante muchos años estuvimos ‘demalvinizados’, no nos acercábamos, no se hacían actos, no se hablaba sobre Malvinas. Estos últimos años eso cambió, se han ido reflejando nuestras historias, la historia de la guerra y recibimos lo que yo llama ‘caricias al alma’ de algunos dirigentes. No todos tienen el mismo pensamiento, el pueblo en general nos recuerda y esa emoción nos invade en cada acto o evento que realizan para nosotros.

-Podríamos decir que fue como una segunda gesta, esto de que se los visibilizara. ¿¿Cree que esta segunda gesta ha sido reconocida por la sociedad?
    -La sociedad siempre nos recordó, no así nuestros dirigentes a nivel nacional. Por la guerra volvió la democracia al país y eso muchas veces no es tenido en cuenta. No se valora y muchas veces hemos demostrado que no sabemos vivir en democracia. Hay falta de respeto a la Patria, a las instituciones. Desde hace algunos años vengo insistiendo, por ejemplo, en que debemos exigir la realización de los actos cívicos, la conmemoración de fechas; tiene que producirse un movimiento patriótico, no político.

-En el imaginario colectivo, ¿se puede escindir hoy Malvinas de la guerra, es decir, verlas más allá del conflicto?
    -Las Malvinas fueron, son y serán argentinas a pesar de que desde 1833 los ingleses usurparon esa tierra. La Guerra de Malvinas marcó un antes y un después. Es importante incorporarlas al resto del territorio argentino, con todo lo que eso implica.

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-¿Cree que es importante saber qué hay en Malvinas, quienes viven allí, qué hacen?
    -Claro que sí. En los últimos años hay diálogo, aunque no mucho, con los habitantes. Además algunos medios se han ocupado de viajar a las islas, de dar a conocer cómo son, qué pasa allí, cuál es la actividad comercial que hay. Esto que tendría que haber sido responsabilidad del gobierno lo hicieron otros, pero es importante que se haga. Reitero, durante muchos años estuvimos ‘desmalvinizados’ pero lentamente va cambiando. Recién ahora hay una publicación oficial que tiene como objetivo llegar a las escuelas; tuvieron que pasar 40 años para que eso ocurriera. Nosotros, los veteranos, también tenemos un rol importante en esto, cuando por ejemplo vamos a las escuelas y charlamos con los chicos para contarles nuestra experiencia. Es importante que se trabaje más para que la sociedad conozca a Malvinas, su historia que nos incluye a los veteranos también. Es responsabilidad de los dirigentes que así suceda.

-¿Usted viajó a las islas? ¿Con qué se encontró?
    -En 2012 volví a Malvinas, estuvimos con un grupo de veteranos amigos y algunos historiadores que nos acompañaron. Nunca pensé que para mí ese viaje sería un antes y un después, no pensé que significara tanto. Pero fue un cierre de una etapa en mi vida, no me daba cuenta que lo necesitaba, pero cuando estuve allí pude reconocerlo. Durante el viaje tuvimos poco contacto con los isleños, hubo diálogo con personas jóvenes sobre todo. Recorrimos, participamos de un acto y fue muy emotivo.

-¿Cómo ven los isleños a las argentinos? ¿Todos tienen la misma impresión? ¿Hay un sentimiento antiargentino?
    -La gente grande no quiere ningún acercamiento, no es grato para ellos tenernos allí. La gente joven en cambio fue muy respetuosa, consideran que nadie debe molestar a los argentinos que visitan Malvinas y que como en nuestro caso, fuimos a rendir un homenaje a los caídos. 

Sentimiento nacionalista y solidaridad 

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A no dudarlo, la fecha del 2 de abril de 1982 quedará grabada con el sello indeleble en el corazón de cada argentino”. El párrafo, rescatado del archivo de TRIBUNA del martes 6 de abril del ‘82, resume el sentimiento del momento ante la recuperación de las Islas Malvinas. Fue la introducción de una crónica que este medio publicó de la caravana de agrupaciones gauchas y vecinos que colmaron la calle Libertad, días antes, en “la hora de gloria” que vivió Río Tercero y la región. Otra concentración con banderas se realizaba en la Plaza de las Américas de la Casa de la Cultura Villa Elisa.  

Las crónicas de guerra, los acontecimientos políticos y sociales se publicaron en esas páginas de TRIBUNA, a solo cuatro meses de su lanzamiento como diario.

Como todos los medios de prensa en ese momento, el sentimiento nacionalista predominaba sobre la realidad histórica que luego se debatiría acerca de las consecuencias y secuelas que dejó el conflicto armado con Gran Bretaña.

Con esa salvedad, desde abril a junio, mes en que se produjo la rendición argentina, TRIBUNA reflejó el sentimiento local y las campañas solidarias para recaudar fondos, ropa y alimentos para los soldados en las trincheras. Esfuerzos que luego ingresaron en un oscuro laberinto de corrupción. Esos fondos (245 millones de pesos del momento y 391 bultos de mercaderías), las cartas de aliento hacia los soldados y las donaciones nunca llegarían al frente de combate. Habían sido entregadas a las autoridades de la Fábrica Militar y al comando del Tercer Cuerpo del Ejército.

Las campañas solidarias fueron impulsadas por vecinos, instituciones y difundidas por la radio LV 26.  

Los acontecimientos transcurrían con un falso entusiasmo, un sentimiento que la propaganda de la dictadura militar se encargaba de fomentar; hasta que comenzaron los combates y el “vamos ganando” se diluyó luego en tragedia e indiferencia hacia nuestros héroes.

La guerra intentaba tapar la crisis económica que golpeaba al país, en lo que fue el comienzo del fin de la dictadura, representada en Río Tercero por el gobierno municipal de facto liderado por Juan Carlos Zicovich. 

En ese contexto, un llamativo aviso publicitario del Banco de Córdoba, remarcaba esa realidad: “Argentino, no ofrecemos nuestras vidas para que usted especule”, señalaba la pieza gráfica en grandes letras e ilustrada con una imagen de un grupo de combatientes.

El 14 de junio llegaría la rendición y el comienzo del fin del oscuro proceso militar.   

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