Golpeados luego de 17 meses inactivos los boliches abrieron y trabajan para recuperarse

Locales 18 de septiembre de 2021 Por Tribuna
Dos de los cinco locales que funcionaban antes de la pandemia permanecen cerrados.
LOCALES Boliches

Casi como el arribo de una imponente ola gigantesca a las costas de algún país, la llegada del coronavirus a Argentina arrasó con casi todo a su paso: además de llevarse más de 100 mil vidas y causar numerosos contagios, provocó la destrucción de miles de comercios. Entre los más afectados las confiterías bailables se ubican en uno de los primeros puestos ya que fueron uno de los últimos rubros en poder volver a la actividad. En la ciudad y después de un año y medio inactivos, este viernes volvieron a abrir sus puertas.

Cuando comenzó la pandemia, en Río Tercero había cinco boliches bailables en actividad, este viernes volvieron a abrir sus puertas solo tres. Los propietarios de los dos que decidieron no regresar al ruedo esperan mejores condiciones para hacerlo. “No es que hayan decidido cerrar, pero por una cuestión de reestructuración y porque trabajar con un aforo del 50 por ciento -que es lo que permitió el Municipio- no les alcanza para cubrir los gastos, han decidido esperar algunas semanas más”, explicó el propietario de una de las confiterías de la ciudad.

“El rubro se encuentra totalmente golpeado por la pandemia, fuimos uno de los más afectados. Se hizo muy largo todo este tiempo, no pensábamos que podía extenderse tanto. Cuando arrancó pensamos que era algo de 20 días o un mes y terminó siendo un año y medio y si es que no continúa porque el miedo a las nuevas variantes está y quizás haya que volver atrás”, comentó preocupado Lautaro Martínez, propietario de One, uno de los boliches con más años en actividad en la ciudad. 

Como a sus colegas a este empresario de la noche se le hizo cuesta arriba poder afrontar los gastos que demandó durante 17 meses su negocio cerrado. El alquiler y los gastos fijos resultaron complicados de afrontar y todo debió salir de su bolsillo.

Recuperarse resultará al menos complicado ya que en algunos casos las cuentas pendientes demandarán varios meses para poder  estar en orden. “No sé cuánto nos costará salir de esta situación económica, durante estos meses cada socio aportó de su bolsillo para pagar alquiler, personal que teníamos fijo y eso será imposible de recuperar, lo que no se facturó se perdió”, explicó Gastón López uno de los socios que explota los boliches La Fulana, Aria y La Yoli. 

Impuestos y servicios son los dos ítems que más pesan en las cuentas de los dueños de los boliches. “Durante la pandemia tuvimos gastos en servicios mínimos, pero están y hay que pagarlos y los impuestos debemos los de todos los meses de la pandemia”, contó López solo como para dar un ejemplo de lo complicado de la situación que atraviesan.

La vuelta
Aunque reconocen que volver a la actividad con la posibilidad de trabajar solo al 50 por ciento de su capacidad no es lo óptimo, los bolicheros igualmente se ilusionan y confían en que el movimiento les permitirá ir saliendo del bajón económico en el que los sumió la pandemia.

“El habilitar con el 50 por ciento del aforo no es algo que nos sirva del todo pero al menos se va volviendo al ruedo de a poco. Tenemos muchos gastos de apertura que son iguales para una que para 100 personas, entonces creo que trabajando con esta capacidad estaremos a raya pero al menos la idea es dejar de poner plata de nuestro bolsillo”, resumió Martínez. “La idea es que si va todo bien y los casos siguen disminuyendo, vayamos logrando volver a la normalidad”, confió.

El empresario no arriesgó cuánto tiempo puede llevarle recuperarse económicamente, “quizás en el verano si esto sigue mejorando podamos tener un mejor horizonte, pero es incierto por ahora”, dijo.

¿Reconversión?
Como muchos otros que se vieron acorralados por la situación, en algún momento los propietarios de los boliches de la ciudad pensaron en reconvertirse pero rápidamente advirtieron que esa no era una opción viable: “Estos negocios están pensados para ser boliches y reconvertirse significaba una inversión que ninguno estaba dispuesto hacer y tampoco teníamos el dinero, por eso decidimos esperar, aguantar hasta que esto pase”, se sinceró López.

El empresario señaló que el cierre de las confiterías bailables significó que entre un 30 y un 40 por ciento del personal que se ocupaba perdiera esos puestos de empleo: “Algunos consiguieron trabajo en otro lado, pero muchos de los empleados son jóvenes que estudian y trabajan los fines de semana para ayudar a los padres. Algunos de esos puestos se podrán recuperar”, indicó.

Expectativas
Respecto a la respuesta que esperan del púbico, tanto Martínez como López señalaron que son las mejores: “Es mucha la gente que quiere salir. Nunca o por poco tiempo se quedó en su casa, asistían a fiestas clandestinas o iban al balneario como lo vimos el año pasado. La gente tiene ganas de salir, de bailar en su boliche de siempre. Estamos tratando de que quienes eran clientes fijos y fieles de años tengan su espacio reservado ya que el aforo, al ser reducido, no nos permite más que eso”, apuntó Martínez.

Boletín de noticias