Frente al irresuelto problema de los callejeros veterinarios proponen legislar y sectorizar las problemáticas

Locales 14 de agosto de 2021 Por Tribuna
El incremento del número de animales abandonados es un problema sin solución en Río Tercero. Frente a ello desde la Cámara de Veterinarios aseguran que primero se debe legislar sobre la tenencia de animales y luego realizar un estudio para definir el problema de cada barrio.
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La superpoblación de perros es un problema sanitario para el cual Río Tercero no ha encontrado solución. Parece una cuestión que no tiene freno y en las últimas semanas proteccionistas manifestaron que llegaron al límite de su capacidad para poder asistir los animales que se abandonan.

Se trata de una cuestión matemática: nacen más perros que los hogares disponibles que hay. Una perra entre los dos y los nueve años entra en celo dos veces por año y puede procrear de 4 a 10 cachorros por parto, es decir de 8 a 20 por año, por lo que en toda su vida reproductiva podrá tener entre 56 y 140. ¿A dónde van a parar? La calle es muchas veces su destino, porque esa cantidad supera a las familias que podrían alojarlos. Así, el problema se incrementa con el paso del tiempo afectando no solo la salud de esos animales, sino la humana y el ambiente. Porque cuando hay sobrepoblación de perros los primeros damnificados son ellos -que sufren y mueren- pero también incide en la salud pública, con mayor índice de mordeduras, enfermedades zoonóticas y accidentes de tránsito. Además, es un problema ambiental, por la rotura de residuos y la contaminación.

¿Cuántos animales hay en las calles? Es un dato que no se tiene en Río Tercero. Pero desde la Cámara de Veterinarios del Centro Comercial local advierten que hay maneras de determinarlo y ésto resultaría imprescindible para comenzar a abordar el problema.

“No se sabe cuántos perros en situación de calle hay en Río Tercero, lo que deberíamos hacer es un estudio de base para determinar la problemática. Hay diferentes maneras de hacerlo, una es un censo a escala en cada barrio para tener una idea cuál es la situación predominante en cada sitio”, señala Juan Godoy, médico veterinario y presidente de la Cámara que agrupa a los profesionales de la ciudad.

Godoy es claro cuando se lo consulta qué se debe hacer para comenzar a resolver el problema de los perros callejeros: hay que legislar al respecto.

El profesional recordó que en 2019 presentaron ante el Concejo Deliberante un proyecto -que finalmente no fue tenido en cuenta- en donde precisamente uno de los puntos planteados era la necesidad de establecer qué está permitido y qué no respecto a la tenencia de animales. En aquella iniciativa también se proponía comenzar por evaluar cuál es la verdadera problemática que tiene cada sector de la ciudad.

“Para encontrar una solución a este problema hay que plantearse objetivos a corto, mediano y largo plazo, pero lo principal en este trabajo es la educación sobre tenencia responsable”, opina Godoy.

Responsabilidades
Respecto al rol que debería tener el Estado en la solución a un problema que se agrava con el tiempo, el veterinario señala: “Lo primero que hay que preguntarse es si realmente se quiere resolver el problema. Si es así, hay que enfrentar la problemática y la primera etapa es determinarla. Hay que definir cuál es el problema en cada zona de la ciudad y en base a eso usar la herramientas que correspondan. En algunos lugares es simplemente educando al vecino y exigiéndole que haga lo que corresponde y en otros es con profesionales veterinarios para bajar el número de la población; en otros será llevar adelante una política y esperar tiempo para que el nicho que ocupa hoy un perro en la calle no permanezca en el tiempo”. 

Godoy opina que los vecinos también tienen responsabilidad y que muchas veces con sus acciones, las que no duda son con buenas intenciones, terminan agravando el problema: “Hay ciertas conductas en los vecinos que le permiten a los perros encontrar un lugar para desarrollar su vida y permanecer y lo que indirecta e involuntariamente hace el proteccionismo  con ese individuo es darle condiciones para que permanezca más tiempo en esa situación. Por allí se propone poner bebederos en las plazas o darles refugio a los perros de la calle. Está bien que se busque proteger a los animales pero a la larga eso agrava la problemática. El promedio de vida de un perro en situación de calle son siete años y en situación de calle con un apadrinazgo son 13, casi el doble”, explica. 

Godoy marca la diferencia entre perros en situación de calle y aquellos a los que se define como semidomiciliados. La responsabilidad legal entre unos y otros no son las mismas. “El perro que tiene dueño el responsable legal es esa persona y el dueño de un animal es el que le da de comer. Entonces en Río Tercero hay muy pocos perros que verdaderamente están en situación de calle. Un perro que vive en una cuadra y que lo alimentan los vecinos, los propietarios son los vecinos y deberían ser los responsables también”, afirma. 

¿Qué se hace entonces con esos animales a los que se define como semidomiciliados? “Hay que tratar de que salgan de esa situación”, responde el profesional. ¿Cómo? Es el Estado el que debe hacerse cargo o bien los vecinos entrándolos a sus domicilios.

Castraciones
Desde el año 2007 el Municipio paga un cierto número de castraciones por mes. Los encargados de receptar las solicitudes para esas cirugías son los grupos proteccionistas. Actualmente son 170 por las que la Municipalidad abona 750 pesos cada una al profesional que las lleva a cabo. Eso significa una erogación de 127.500 pesos por mes.

“Cuando el recurso es limitado se deben establecer las prioridades. Hay que sectorizar los problemas, es decir, que si en un barrio el problema es el control de la población y se disponen de 170 castraciones por mes, entonces en un mes las realizamos a todas allí. El impacto se verá en el corto plazo. Pero si el problema es la educación de los vecinos, que en algunos casos sueltan por la mañana el perro a la calle y el animal vuelve al mediodía, entonces la solución es otra. Y también puede ser que haya lugares en donde por más que se quiera educar no se conseguirá, entonces en ese caso hay que combinar algunas estrategias de trabajo”, explica Godoy.

Aunque en reiteradas ocasiones se apuntó a la castración masiva como la solución al problema de los perros callejeros, queda claro que este método aunque ha sido sostenido en el tiempo no resulta suficiente ya que la problemática no solo persiste sino que se incrementa.

“La castración como único método en el control de la población canina no sirve, tiene que ir acompañado de una política integrada que permita que esa herramienta a largo plazo produzca un efecto en la población total de perros”, opina Godoy.

El profesional explica que esta herramienta -la castración- no es la solución que necesitan todos los barrios de la ciudad: “Puede que en algunos sea necesaria, pero en otros no, por eso es importante determinar cuál es el problema en cada sector de la ciudad”, insiste.

“La castración sirve, es una de las mejores herramientas para el control poblacional cuando el problema está en la tasa de natalidad de los perros. Pero cuando el problema es otro por más que se castre no se solucionará. Aquí lo importante es hacia dónde dirigimos esa herramienta”, concluye.

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