“Se está muriendo gente joven y sana”

Locales 05 de junio de 2021 Por Tribuna
Directivos de las clínicas de la ciudad coinciden en afirmar que la franja etaria más afectada bajó. A su vez, predominan largas internaciones que afectan la disponibilidad de camas
LOCALES - Clinicas

La situación sanitaria es crítica y ya no es novedad pero los relatos de quienes están al frente de los centros de salud permiten dimensionar más certeramente su gravedad.

A diferencia del año pasado, las principales víctimas ya no son los adultos mayores, -en su gran mayoría vacunados-, sino una franja etaria que pertenece al sector productivo, aquellas personas que deben salir a trabajar y no fueron inoculados.

Éste es el aspecto que resaltan en primera instancia, autoridades médicas de las tres clínicas privadas de la ciudad y el mensaje trae consigo una señal de alerta que debería generar por decantación, una mayor conciencia ciudadana que la actual.

 A su vez, permite despejar dudas que persistieron hasta hace algunos meses en relación a la efectividad de las vacunas disponibles.

Los recursos con que se enfrenta a este virus, tanto humanos como en cuanto a camas, también se ven afectados. Al cansancio que tantos meses de pandemia generan en el personal médico, se suma un promedio de internación que ronda los 10 días, con lo cual, la disponibilidad no siempre logra seguirle el ritmo a la demanda.

Carlos Duer, director de la Clínica Savio, remarca que se están dando internaciones prolongadas en pacientes jóvenes sin comorbidades, con cuadros que demoran demasiado en mostrar alguna evolución. Esto marca otra diferencia con respecto al año pasado, cuando las camas estaban mayormente ocupadas por adultos mayores y “el desenlace, para bien o mal, era más rápido”, recuerda el médico.

También señala que aunque se aplican los mismos protocolos a todos los pacientes, las respuestas a los tratamientos no son iguales y ya no hay factores de riesgo concretos que expliquen tal o cual reacción.

Además de aguardar que la vacunación pueda abarcar a un 80 por ciento de la población, tras la anhelada “inmunidad de rebaño”, Duer cree que ahora será vital cumplir con restricciones extremas durante 15 o 20 días para aplanar la curva.

“No tenemos respiro, esto es muy agotador”, exclama el doctor Diego Mendieta, director del Sanatorio de la Cañada, aunque no se refiere a un síntoma compatible con la enfermedad sino una analogía para graficar la situación del personal sanitario.

Al igual que sus colegas ratifica azorado el creciente número de pacientes graves, pertenecientes a la franja de 40 ó 50 años y sin patologías previas.

Mendieta marca otra situación adicional contra la que deben lidiar y tiene que ver con la “impaciencia de la gente”, principalmente familiares al aguardo de informes médicos, que no entienden las limitaciones de un sistema al borde del colapso.

El médico también suplica restringir la circulación y celebra el cambio en el manejo del sistema de vacunación a manos del Municipio, asegurando que se encuentra “más organizado”.

Alejandro Bianconi, jefe de la unidad de terapia intensiva de la Clínica Modelo, es redundante al señalar que la mayor cantidad de fallecimientos se está dando entre enfermos de 40 a 60 años, pero en cuanto a contagios, la brecha se agranda a la franja 20-60.

Según puede constatar con colegas médicos atribuye a la “Cepa de Manaos” el notable incremento en la tasa de contagios y aunque cree que no es más mortal que las otras, también observa en primera persona como fallece más gente joven y ajena a los tres principales factores de riesgo: obesidad, diabetes y tabaquismo.

Bianconi señala que en general hay buena disponibilidad de suero equino y plasma de convalecientes, las dos principales herramientas para tratar al coronavirus, pero lo que falta son camas. Esto no solo ocurre por un sistema sanitario deficitario de base, sino el promedio de ocupación de camas de terapia que en el país es de 11 días, recuerda. “Pasamos semanas enteras sin renovación de pacientes”, apunta.

 Otro recurso que se va desgastando, naturalmente tiene que ver con el personal, que si bien fue vacunado, no se encuentra exento de contagios. “No tenemos reemplazo, si alguien no está, al trabajo de cinco lo tenemos que hacer entre cuatro”, ejemplifica el profesional de la salud.

Otro dato importante que ayuda a graficar la gravedad del momento actual se desprende de estadísticas que se brindan diariamente desde el Municipio, pero no reflejan fielmente la realidad. El médico advierte que para calcular los porcentajes de camas de terapia disponibles, solo se toma en cuenta a los riotercerenses internados. Sin embargo, la ciudad recibe pacientes de toda la región y más allá, citando como ejemplo consultas que recibió desde Córdoba, Morteros u otras localidades que trascienden los límites del departamento Tercero Arriba.

“En la clínica tenemos seis camas de UTI pero si solo una es ocupada por alguien con domicilio en Río Tercero, van a decir que tengo cinco disponibles y no es así”, cuestiona Bianconi.

“Ya está demostrado en el mundo que la única manera de frenar al virus es con la vacunación masiva pero mientras esperamos que eso ocurra, hay que restringir porque si no el sistema colapsa como ya ocurrió en algunas ciudades”, sentencia.

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