La fe en tiempos de pandemia

Locales 06 de febrero de 2021 Por Tribuna
Entrevista con el sacerdote Sergio Rubiolo
LOCALES - Sacerdote

Desde hace ya casi un año todo cambió y nada quedó inmune a la influencia de un virus mundial, ni siquiera la fe.
Aunque se trate de una cuestión interna y abstracta que cada uno podría resguardar, la manera de expresarla o sentirla, también  se vio alcanzada por la ya mentada “nueva normalidad”.
Despojándose por un momento de los sermones aunque sin alejarse del enfoque espiritual que le compete, el sacerdote Sergio Rubiolo puede aportar una muestra de cómo la Iglesia se encargó de acompañar a los fieles y la comunidad en general.

Como actor social, este diálogo le propone ir más allá de lo que observa en la parroquia Cristo Rey y las capillas San Martín de Porres y Del Valle, los tres templos donde lleva adelante sus liturgias.

 -¿La pandemia acercó o alejó a la gente de la iglesia?
-Es difícil poder probarlo. Si hablamos de la asistencia a misa, por supuesto. Hubo distintas etapas, desde cuando ni siquiera la podíamos celebrar y después cuando se empezó a liberar, siguió un poco el miedo pero veo que se han volcado mucho a seguir las oraciones de manera on-line. Ahora empezó a volver un poco más la gente pero con respecto al 2019 será un 40 por ciento.

-¿Le sorprendió gratamente la virtualidad?
 -La verdad que sí. Ya empieza a venir más gente pero hay un grupo que todavía está temeroso de salir, sobre todo adultos mayores que siguen la misa por televisión porque no sabe manejarse con redes sociales.

 -¿Cree que continuará?
    -Yo la tengo incorporada y continuaré mientras haya seguidores, creo que es un servicio que se puede seguir ofreciendo, pero no tenemos una visión global entre todos y algunos sacerdotes ya la han dejado pero es una forma de comunicación que hay saber aprovechar.

 -¿Cuál de todas las limitaciones actuales para la misa, afecta más?
-Creo que la principal es la distancia. En Porres puedo albergar sentados unas 230 personas y ahora pueden entrar hasta 85, menos de la mitad. Por ejemplo en la misa de Navidad, tuve que poner varias sillas en el patio pero quedaron muchos afuera. De todos modos, la gente que está yendo ahora se acomoda bien y no hay problemas con el distanciamiento. Lo que sí aumentaron son los pedidos de bautismos que no se pudieron hacer y ahora todo el mundo quiere, incluso con algunos niños ya crecidos. Tengo turnos dados, los sábados a la tarde y domingos al mediodía, hasta marzo.

Aporte social
  ¿Qué aporte especial hizo la iglesia durante la cuarentena?
    -Sobre todo en barrio Monte Grande donde hay gente muy careciente, hemos trabajado mucho con Cáritas. Lo más positivo es que pudimos coordinar con el Municipio y el centro vecinal, para llegar a mucha gente. En el peor momento de la pandemia había gente que estaba sin trabajo y pudimos organizar bolsones con comida y recolección de dinero para ayudar. Nos dividimos para atender a todos, me parece que es la forma de trabajar en la caridad. Espiritualmente, mucha gente nos llamaba y la íbamos a visitar, sobre todo personas mayores que tenían ciertas angustias o tristezas y la pandemia era un detonante. Muchos abuelos sufrían por no ver a sus nietos fundamentalmente y estuvimos haciendo un poco de acompañamiento

-¿Escuchó hablar de castigo divino en este último tiempo?
    -Si muchos hablan de eso porque hay grupos más extremistas pero a mí me parece que el castigo siempre es humano porque dependemos de nuestras decisiones. Tenemos que hacernos cargo y no echar culpas. Veo que a la gente le cuesta asumir responsabilidades, sobre todo las víctimas, un poco porque siempre las obligan los otros. Creo que la pandemia es consecuencia de decisiones puramente humanas. Si yo estoy contagiado y hago vida normal contagio a un montón como ha pasado, entonces no es castigo divino, es la decisión irresponsable de alguien que mete en problemas a todos. Creo que Dios nos ha dejado un don hermoso que es la capacidad de decidir y en la medida que lo hagamos bien construiremos un hermosa humanidad pero si se hace de manera egoísta, habrá consecuencias.

-¿Puede que eso surja de algunas interpretaciones bíblicas?
    -Es que la Biblia tiene muchos géneros literarios. Por ejemplo, el diluvio es un relato ficticio que quiere dar una enseñanza teológica pero era normal transferir a Dios una imagen antropológica, que piense como hombre. No hay que quedarse en eso, sino el mensaje que se quiere dar porque hay varios pasajes apocalípticos, que hablan de castigos y muchos se agarran de eso pero son malas interpretaciones de la palabra de Dios.

-¿Se podrá aprender algo de lo que estamos viviendo?
    -En medio de la cuarentena vi muchos gestos de solidaridad pero tendríamos que esperar un poco a que todo se estabilice. Todavía no llego a percibir qué enseñanza nos puede quedar después de todo esto, si salimos más solidarios o aprendemos a cuidarnos y respetarnos entre todos. Cuando estábamos encerrados pensamos mucho pero ahora nos hemos relajado y hay sectores que parecen no haber aprendido nada. Creo que nos va a dejar algunas fortalezas pero también debilidades porque también hubo el que pensó en si mismo sin importarle el del lado. Espero que haya una mayor sensibilidad social pero en algunos lo veo difícil y no me atrevo a dar una visión general.

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