Editorial. Tiempo de reflexión y de renovación del reclamo

Locales 01 de noviembre de 2020 Por Tribuna
La reparación histórica debe ser, además, el modo en que el estado nacional cumpla con su responsabilidad institucional, luego de haber propiciado semejante tragedia.
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EL próximo martes 3 de noviembre Río Tercero conmemorará el 25 aniversario de su día más trágico. Las explosiones en los polvorines y depósitos de la Fábrica Militar, constituyeron una bisagra en la historia local y formularon una paradoja: la misma industria que fue vital para el desarrollo de la ciudad, se imponía ese día como tenaz verdugo. La instalación de la empresa estatal desde los años ‘30 marcó sin dudas un tiempo fundacional y fue cimiento, base y arquitectura de  la economía local. Pero su declive posterior y la ausencia de controles específicos de un estado ausente durante décadas, pusieron en peligro esos logros trascendentales. 

Desde el primer estallido hasta nuestros días, los acontecimientos sociales, institucionales, políticos y sobre todo judiciales marcaron el ritmo de una nueva realidad. Cada uno desde su lugar contribuyó a la rápida reconstrucción con el desafío de ponerse de pie para emprender una nueva lucha en la búsqueda de verdad y justicia,  y en la reafirmación de la memoria.

No fue sencillo, pero Río Tercero comenzó a cerrar algunas heridas, quizá con el paso del tiempo como único remedio, y la lucha de sus vecinos y referentes ante el crimen de estado. Otras heridas quedan aún abiertas y es imperioso empezar a cicatrizarlas. El comienzo del juicio al expresidente Menem previsto para el 24 de febrero como máximo responsable del atentado, cerrará el ignominioso frente judicial. Ese  proceso complementará las condenas ya formuladas en 2014 a los cuatro militares responsables de la voladura. 

Sin embargo, queda aun pendiente que el estado nacional cumpla, de una vez por todas, con la responsabilidad de resarcir los daños morales ocasionados a miles de riotercerenses. El pago de las indemnizaciones fijadas por ley, se viene prometiendo todos los años sin resultado, independientemente del color político del gobierno de turno. 

La reparación histórica debe ser, además, el modo en que el estado nacional cumpla con su responsabilidad institucional, luego de haber propiciado semejante tragedia. De la ciudad en su conjunto depende ahora reclamarla con fuerza y tenacidad.      

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