El reino del revés

Locales 07 de septiembre de 2020 Por Tribuna
Javier Mignani - CPN Mat. Prof. 10-1016-1
AGRO Mignani

Cuando éramos niños, María Elena Walsh (poetisa, escritora, cantautora, dramaturga y compositora argentina) nos invitaba a asomarnos a un mundo de disparates y de lo absurdo, a través de su poema-canción “El Reino del Revés”.

Una parte de su letra relataba:
….Vamos a ver cómo es/
El Reino del Revés/
Vamos a ver cómo es/
El Reino del Revés/
Me dijeron que en el Reino del Revés/
Nadie baila con los pies/
Que un ladrón es vigilante y otro es juez/
Y que dos y dos son tres…

 En aquella época, cuando la cantábamos en la escuela, sonreíamos por su irracionalidad.
 Hoy, analizando el poema, me doy cuenta que tras esta canción infantil se esconde una canción-protesta, una canción-denuncia que nos invita a mirar con ojos críticos la realidad que esconde. Nos está invitando a observar cómo es nuestro mundo.

 Distintos hechos ocurridos en los últimos años transformaron lo disparatado y absurdo en algo real y palpable. El poder de la sociedad de elegir a un candidato que lo represente, fue diezmado por el poder del candidato electo. El poder no se ejerce para el bienestar social, todo lo contrario, se ejerce para el grupo político que gobierna y su militancia.

 Viene un presidente y nos embarca en una misión donde el gradualismo y el consenso, son los pilares de gobierno. El slogan de “Pobreza cero, apertura económica y liberalización de la economía”, nos llevarían al tan deseado oasis que Argentina necesitaba para crecer.

 Pero lo real fue que las políticas de austeridad y disminución de subsidios a los servicios públicos, produjeron uno de los mayores ajustes de tarifa de la historia del país. Se deterioró el poder adquisitivo del salario, aumentó la deuda externa, persistió la devaluación y pérdida en la confianza de los actores económicos. Se logró todo lo contrario a lo vociferado en la campaña por el candidato electo.

 Pasa el tiempo, elecciones nuevamente, y el pueblo elige a otros candidatos que prometen aumento a los jubilados, redistribución de ingreso, control de inflación, recuperación del poder adquisitivo del sueldo, generación de fuentes de trabajo y varias promesas más. ¿Y que es lo que ocurre? Hay un discurso dirigido a un pueblo golpeado y desorientado por la cuarentena, que es contrario a la realidad que vive. Los derechos humanos, fueron apresados por ideales políticos absolutos y autoritarios. Los presos están sueltos, y los ciudadanos que trabajamos, debemos estar encerrados para evitar que nos roben. A los jubilados, le “jubilaron” sus ingresos y deben hacer colas interminables para cobrar. Los presos, van acompañados de policías para cobrar su sueldo. La agenda de un país herido que necesita soluciones urgentes, está eclipsada por la de un gobierno con acciones cargadas de odios y rencores dirigidas a evadir una condena segura, abrumada por pruebas irrefutables que se encuentran en manos de la justicia. Las sesiones en el Congreso están viciadas por el ardid de algunos inescrupulosos oportunistas. “Ganar una elección, no autoriza a destruir la democracia ni los sueños de los ciudadanos que creen que un futuro mejor se va construyendo día a día con trabajo y dignidad”.

 Protestamos y toleramos la protesta callejera más que ningún otro país en América latina, confiamos poco en los procesos electorales y los partidos políticos, nos ubicamos en la centroizquierda del espectro ideológico y aprobamos mayoritariamente una fuerte participación del Estado en la economía.

Esta actitud nos ha llevado a un deterioro permanente de las relaciones sociales y a un empobrecimiento sostenido. No queremos la pobreza, pero hablamos y hacemos todo lo posible para consolidarla. No queremos más inflación, pero gastamos más de lo que producimos. Odiamos a los acreedores extranjeros, pero vamos y les pedimos prestado para cubrir nuestro déficit. Promulgamos exportaciones récord, aumento de empleos, sustitución de importaciones, pero castigamos hasta el hartazgo con impuestos a los productores, trabajadores e industriales. 
Es el mundo del revés. Es el mundo de María Elena Walsh.

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