A partir de lo que ingieren, los riotercerenses muestran su postura ante la cuarentena

Locales 31 de agosto de 2020 Por Tribuna
La evolución de los hábitos de consumo, puede ofrecer señales de comportamiento por parte de la población en esta inédita situación que le toca sobrellevar.
LOCALES - Supermercado

El decreto de aislamiento lo cambió casi todo y entre los hábitos más alterados, sin dudas estuvo el consumo.

La cuarentena se ha extendido tanto que incluso varios ya se permiten dividirla en distintas etapas para explicar como se comportaron los consumidores.

“Somos los que comemos”, suele decirse en relación a la salud, pero el término también puede caber para referirse a la conducta de la población en esta atípica situación social.

Ricardo Luconi, propietario del principal supermercado de la ciudad, divide tres etapas diferenciadas en cuanto al consumo; pre-cuarentena, fase 1 y la actualidad, tomando los últimos dos meses.

Por las características de su establecimiento, hasta marzo de este año, las bebidas blancas o el fernet estaban entre los artículos preferidos de los clientes.

Con el decreto de aislamiento se produjo una “explosión” en la venta de harinas, levadura, manteca y quesos, según describe.

Esto denotaba el mayor tiempo que las personas tenían disponible para pasar en las cocinas.

Para ese entonces, se notó una baja en el consumo de bebidas alcohólicas como consecuencia lógica de encuentros sociales que dejaron de realizarse.

Según describe Luconi, para una etapa posterior, el “boom” de las harinas decayó y recuperaron espacio las bebidas.

En ese contexto advierte un consumo más selectivo, a partir del ahorro obligado que genera movilizarse menos. Cita como ejemplo, una mayor predilección por vinos finos.
Toda conducta, quienes están en el rubro buscan encontrarle una razón y esto último puede corresponder a la menor concurrencia a restaurantes y una necesidad gastronómica que debió suplirse en casa acompañada por bebidas de mayor calidad.

Luconi advierte que el volumen de ventas se ha mantenido durante esta cuarentena, pero sostiene que el mayor crecimiento no se registró en las grandes superficies sino los almacenes más pequeños o despensas de barrio . 

Ezequiel Alvarez, a cargo de Ríodiez, el autoservicio ubicado en barrio Castagnino, afirma que tuvieron dos “veranitos” en cuanto a ventas.

El primero duró unos cinco días y el restante, tras el último brote de la pandemia en la ciudad, que duró algo menos.

Según pudo observar, fue fruto de una necesidad de stockearse ya que la gente llevaba mayor variedad y más de una unidad de cada artículo elegido.

Si de carne se trata, rubro referencial en este lugar, Alvarez señaló que la demanda de asado sufrió en un principio la ausencia de “juntas”.

Su recuperación es una señal de que la prohibición de reuniones familiares y sociales, no se estaría respetando como podría esperarse de un decreto nacional.

La cuarentena impulsó la venta de cortes para cocinar al horno o bifes para elaborar la milanesa en casa, como otra muestra del mayor tiempo disponible, sobre todo al comienzo de esta cuarentena. En ese contexto, pulpa, cuadril o tapa de asado, ganaron protagonismo.

Este establecimiento no fue ajeno a un crecimiento en la venta de harinas, ya estabilizado en este presente
Con una deprimida industria del esparcimiento, quienes mantuvieron un cierto nivel de ingresos han logrado ahorrar y concentran la búsqueda de placer en la comida.

Aunque las actividades se van normalizando y los tiempos acotando, para Alvarez, el contexto actual sigue fomentando el hábito de cocinar, como una tendencia que podría perdurar.

Según su óptica, la gente seguirá priorizando la comida, aunque para ello deba apelar a segundas marcas.

“El sector ha sido uno de los que menos ha sufrido la cuarentena y no nos podemos quejar”, reconoce el joven comerciante.

Roberto Avila, dueño de un variado autoservicio en barrio Parque Monte Grande, cree que el consumo solo mostró algün cambio al comienzo de la cuarentena.

Fue allí donde también observó una mayor elección de harinas que permitieran elaborar meriendas en desmedro de las prácticas galletitas o elaborar pizzas en el hogar, pensando no solo en alimentarse sino “entretenerse en el encierro”.

Aunque el aislamiento sigue vigente, en su local ya no observa que ello condicione conductas de clientes y se permite dudar sobre el cumplimiento de las normas sanitarias vigentes.

Según advierte, lo que influye ahora en las compras, son los indicadores históricos: precios y temperatura.
La primera de estas variables ha reducido el consumo de carne vacuna en relación del pollo y especialmente el cerdo, ya sea en bifes, costeletas o incluso ganando espacio en la parrilla.

“No será como antes, pero se está vendiendo asado y por la cantidad que llevan te das cuenta que la gente se junta”, afirma Avila.

También observa que a partir de la mayor circulación de la gente, comercios de barrio como el suyo ya no se ven tan beneficiados y se recuperan las grandes superficies.

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