César Tapia: "Elijo trabajar para estos chicos desde el amor y la dignidad"

Locales 16 de junio de 2018 Por
El Día del Padre es una fecha especial que moviliza y genera reflexiones sobre los distintos roles de padres que hay en la actualidad. TRIBUNA en esta oportunidad destaca la tarea que un "papá del corazón" realiza todos los días para mejorar la calidad de vida de adolescentes y jóvenes con problemas de adicciones: César Tapia
LOCALES César

Como forma de homenaje a todos los padres en su día TRIBUNA  rescata la historia de un "padre del corazón" que desde su juventud tiene como misión ayudar a adolescentes y jóvenes a superar sus problemas de adicciones.
"Estos chicos necesitan superar situaciones difíciles y complicadas de sus vidas y además las adicciones al alcohol y drogas", afirmó César Tapia, el coordinador de la Asociación Civil Nuestra Señora del Luján.
En barrio Magnasco funciona este espacio que brinda contención y acompañamiento a adolescentes y jóvenes de la ciudad y región para que puedan superar las adicciones. Se realizan a diario diversas actividades de recreación, desintoxicación, formación y concientización generando de este modo herramientas para la construcción de un proyecto de vida mejor y sana para cada uno de los chicos y chicas que ingresan allí.
"Utilizamos el método más tradicional y efectivo que conocemos, que es el amor. Estos chicos buscan todo el tiempo llenar ese vacío de afecto que tienen", comentó Tapia y agregó: "Mi historia de vida, mi pasado me permite conectar con ellos desde otro lugar, entenderlos, acercarme de una manera diferente y así poder escucharlos y contenerlos".
César es para casi todos un papá "postizo" que siempre está atento. "Venimos trabajando con un equipo espectacular de profesionales desde el primer día que empecé a soñar con este proyecto que hoy es una realidad. Este equipo comenzó  a trabajar de manera permanente y constante para ayudar a los chicos, estoy muy agradecido".

Siempre presente
"Yo sé lo difícil y triste que es no tener una figura paterna presente y no quiero que los chicos sientan eso, por eso estoy siempre para ellos", afirmó.
"La mayoría de los que estamos acá tuvimos una infancia complicada y nuestros padres, en su gran mayoría, estuvieron ausentes. Por eso cuando los chicos ingresan acá me siento con ellos, los escucho y les digo que no todo está perdido y que siempre hay una salida y una oportunidad para estar mejor y ser buenas personas", relató.
Es imposible que las cosas que cuenta César no calen profundo en el corazón de quien lo escucha: "Todas las personas estamos buscando siempre el cariño y el amor, que por distintos motivos nos faltó en nuestra vida. Y yo sé muy bien lo que es no tener un papá presente con quien charlar de mis cosas, jugar a la pelota y hacer un montón de cosas que los padres con sus hijos. Por eso trato de que los chicos puedan compartir eso conmigo. Me siento su padre del corazón, siempre voy a estar para ellos", resaltó.
César asegura que elige trabajar por los jóvenes, "desde la dignidad y el amor". Y con todo lo que hace, sobra su confirmación; está a la vista su compromiso con estos chicos y chicas que llegan a la comunidad en busca de ayuda. "Las puertas de la comunidad están abiertas tanto para quien quiera estar y también para el que se quiere ir, no obligamos a nadie", destaca.
Tal es su compromiso con esta causa que César vive en el mismo predio donde residen los chicos. "Es un compromiso que asumimos con mi familia. Mi esposa e hija me apoyan en esta decisión de compartir nuestra cotidianeidad con los chicos", señala. Esta situación es inusual, ya que en la mayoría de los casos los coordinadores o directores de las comunidades terapéuticas viven en otro lugar.
César es un hombre joven pero tiene años de experiencia en esto de ayudar y acompañar a los jóvenes con problemas de adicciones.
Este año la Asociación cumplió diez años en Río Tercero. "Mi mayor capital está aquí, ver a estos chicos luchar todos los días para tener una mejor calidad de vida es muy gratificante", dice orgulloso. Demostró que es capaz de entregarse a una misión que él considera su responsabilidad de vida: "Dios puso en mi camino esta misión, no podía ignorarla y no quise hacerlo", afirma con seguridad.
"Promover la trama de la solidaridad, de la contención y el afecto, del diálogo y el acompañamiento, entre los jóvenes que han quedado por distintas razones por fuera del sistema es lo que hacemos acá", asegura convencido.
El infierno de la droga es siempre algo secundario. Siempre, detrás de cada joven que consume hay una historia dolorosa y es a partir de esa premisa que César trabaja con los "pibes" a diario.
"El primer paso para avanzar es sanar el corazón, una vez que el corazón y el espíritu están sanos empezamos a trabajar en la recuperación del cuerpo", dice.

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