Don Pedro Rodríguez, el histórico despensero de la ciudad

Locales 16 de junio de 2018 Por
"Despensa Rodríguez" está también en la serie de notas que TRIBUNA está realizando con los negocios que tienen muchos años de funcionamiento en Río Tercero.
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Siempre dije que mientras me sienta capaz y la cabeza me responda, voy a seguir al frente del negocio. Porque a mí me gusta el trabajo, pero Dios dirá". Así lo expresó Pedro Rodríguez (86), considerado como el "comerciante más viejo" que tiene la ciudad de Río Tercero.
Rodríguez es propietario de la despensa que lleva su apellido y que está ubicada desde hace más de seis décadas en Deán Funes casi esquina con Mitre, frente donde funciona el Conservatorio Provincial de Música Juan José Castro.
"En todos estos años he tenido clientela de todo tipo. Antes había muchos clientes de Fábrica Militar. Hoy me vienen a comprar, pero no como antes, porque la gente se ha puesto más cómoda y va a donde más cerca le queda. Pero el cliente viene y yo sobrevivo", agregó Pedro en diálogo con TRIBUNA.
-¿Recuerda cómo fueron sus inicios en el rubro?
-En el año 1955 trabajaba en un negocio de ramos generales que estaba en la calle General Paz, que era de Bonzano y luego tuvo como dueño a Damichelis. Lo hacía con un señor Cipriano Sánchez, pero después ese comercio cerró porque los dueños fallecieron, y sus hijos no quisieron seguir los pasos de sus padres porque cada uno ya tenía su profesión. Fue entonces que Sánchez me habló para que los dos pusiéramos una despensa y le contesté que si y así fue que se llamó Rodríguez-Sánchez. Esto fue a fines del ´55. Pero cinco o seis años después quedé solo con el megocio porque mi socio, que había quedado viudo y no tenía hijos, se fue a España por el tema de una herencia, y nunca más volvió. Recuerdo que cuando arrancamos con la despensa yo hacía el reparto en bicicleta y él atendía. Nos fue bien porque yo conocía mucha gente, los iba a visitar y levantaba los pedidos. El reparto lo hacía en verano e invierno, con o sin lluvia.
-¿Por qué siempre le gustó este rubro?
-Desde chico siempre me gustó el comercio, me encantaba. Cuando terminé el colegio se lo dije a mi padre, y fue así que al frente de donde vivíamos en la calle General Paz estaba el negocio grande de Bonzano, mi papá fue hablar con los dueños para ver si podía entrar a trabajar y así empecé de repartidor. Después fui al mostrador, también una vez me pusieron en la caja porque no conseguían para ese puesto. Así que era comodín. Los repartos grandes se hacían en una camioneta Ford donde cargaban los cajones y los llevaban. Las cosas más chicas las llevaba yo en bicicleta. Había veces que me cargaban bolsas de carbón y las tenía que llevar a barrio Norte, y eso me costaba.
-¿Por qué tantos años en el negocio?
-Hay que manejar el timón del barco (risas). Hemos pasado por muchas cosas, pero de poco hubo que tomar paciencia y hacer las cosas bien controladas para salir adelante.
-¿Nunca cerró las puertas de la despensa?
-No, gracias a Dios nunca, siempre la remé y seguí. Con todo esto crié a mis hijos, y hoy soy bisabuelo.
-Tiene de todo un poco para vender...
Sí. Mi señora tenía la mercería y me quedaron muchas cosas para vender, y las sigo vendiendo, pero ya no compro para reponer en ese rubro.
-¿Cómo son los precios que tiene la despensa de don Pedro?
-No sé si es una despensa cara, eso habría que preguntarle a la gente (volvió a sonreirse). Siempre uno busca mantener los precios, de tener precios para que el cliente esté conforme. Pero hay mucha competencia, especialmente con los súper. Pero la gente sigue viniendo porque se acostumbró, ya es como que uno es de la familia de ellos. He visto que los hijos de los clientes más viejos ya están casados y vienen a comprar, y hasta le conozco los bisnietos.
-¿Con efectivo o sigue existiendo la libreta?
-Antes teníamos libreta, ahora no, es todo en efectivo, aunque algunas cositas puedo anotar. Cuando tenía libreta le anotaba a la gente que conocía y siempre me pagaron.
-Se imagina cuando ya no esté más en el negocio
-Cuando deje voy a extrañar el contacto con la gente, los que vienen a comprar o a charlar, o los que pasan a saludarme. Pero reitero: Dios dirá cuando llegue ese momento.
-¿Sufrió alguna vez en tantos años como comerciante algún hecho delictivo?
-Han entrado a robar cuando el negocio estaba cerrado. Lo hicieron por una ventana chica que da a los techos de los vecinos y se llevaron mercadería. Pero una sola vez sufrí un robo grande porque fue a mano armada. Entraron dos, uno con la cara cubierta, me hicieron tirar al piso de panza y me pidieron el dinero. Les dije donde estaba pero querían más, a lo que contesté que era lo único que había en el negocio. Uno de los ladrones estaba con el arma de fuego y el otro con un palo de beisbol. Sacaron el dinero y se dieron a la fuga a pie por la calle Mitre hacia la zona del centro.
-¿Qué pensó en ese momento cuando lo estaban asaltando y con un arma de fuego?
-Estaba tranquilo, aunque en un momento pensé que me iban a golpear y mucho. Pero gracias a Dios eso no ocurrió.
Además, Don Pedro comentó que todavía tiene los cajones donde ponía la mercadería suelta, cuando hace muchos años se vendía todo suelto, como la harina, yerba, azúcar y la sal.
También el histórico despensero recordó: "Cuando no había pavimento venían clientes a caballo o en sulkis y los enganchaban en unas argollas en la tierra que estaban al frente del negocio".

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