El escenario pospandemia

Locales 12 de mayo de 2020 Por Tribuna
¿Qué mundo nos espera tras la pandemia de Covid 19? ¿Cuáles serán los desafíos a enfrentar ante los cambios inevitables? ¿Es posible construir un nuevo paradigma social? ¿Cómo debemos prepararnos?
LA-VIDA-DESPUES-DEL-CORONAVIRUS

¿Qué mundo nos espera tras la pandemia de Covid 19? ¿Cuáles serán los desafíos a enfrentar ante los cambios inevitables? ¿Es posible construir un nuevo paradigma social? ¿Cómo debemos prepararnos? Estos y otros interrogantes urgentes son los que desvelan a la sociedad colectiva, más allá de las ideologías y las creencias.

Estamos asistiendo, muy probablemente, a un cambio de era, y lo transitamos como protagonistas de este momento disruptivo de la historia. La pandemia del coronavirus que asola y asusta al mundo, trastocó de manera brutal e inmediata nuestra cotidianidad. 

A propósito de ello, TRIBUNA convocó, en una primera entrega, a una serie de referentes de la cultura y educación, de la economía, del periodismo, del deporte y la salud, para intentar comprender el escenario actual y futuro, cada uno desde su ámbito. Así, se ofrecen varias miradas que nos ayudan a reflexionar, ante lo inédito y desconocido.

Asimetrías entre la salud pública y la privada

Roberto_Cucui


Esta circunstancia inesperada nos agarró con una crisis en el sector de la salud que ya venía profundizándose, tanto en el ámbito público como en el privado.

El esquema de salud público resentido por el descuido crónico que viene padeciendo. Y el privado porque se rige de acuerdo a reglas de mercado, donde la salud ha dejado de ser un derecho y es considerada una mercancía más. Lo mismo ha sucedido con la educación. Ambos derechos fundamentales se han convertido en mercancía. 

Esas realidades conducen a una lógica de mercado, que ocasionó una enorme concentración en salud y un descuido de los sectores más periféricos. Las pequeñas ciudades se han quedado prácticamente sin infraestructura e incluso sin médicos. 

Ese ordenamiento que está relacionado únicamente con el mercado produce estos fenómenos en polos sanitarios privados en desmedro de las poblaciones más pequeñas. Así, se ha debilitado considerablemente un principio básico que es el de la universalidad y de la accesibilidad. 

Con la extensión del aislamiento social obligatorio se ha comprobado esa enorme realidad, ya que han tenido que abastecer al sector de la salud con insumos e infraestructura, que estaba abandonada. El estado lo está haciendo precautoriamente, pero se trata de un déficit crónico que ahora se pone en evidencia de manera dramática. Frente a la necesidad de responder a esta pandemia se ha tomado conciencia real de las dificultades que presenta el sistema de salud.

Desde el punto de vista sanitario y teniendo en cuenta que el aislamiento provocó que casi todas las patologías no relacionadas con el coronavirus dejaran de atenderse, avizoro un cuello de botella cuando se libere del todo la circulación. 

Lo que no se atiende
En mí experiencia, he comprobado que mucha gente ha dejado de hacer sus controles de tratamiento. Y a un mes y medio de distancia en el tiempo, comienzan a aparecer las complicaciones de esa falta de chequeos. Son complicaciones que deberían ser prevenidas y no se está logrando, porque hay problemas de desplazamiento, económicos y de diversa índole. Hay miedo que se produjo a partir de la puesta en marcha de una técnica que se basó en el aislamiento masivo. 

Si bien se han tomado las medidas que correspondían, fueron resueltas un poco tarde. Nuestros casos de Covid-19 fueron todos importados. Las fronteras y los aeropuertos se cerraron recién cuando la gente contagiada había ingresado y distribuido por el país. Casi un 100 por ciento de los casos son importados. Y luego ocurrió una segunda oleada de contagio comunitario. 

El aislamiento es una buena medida junto a otras de carácter higiénico, como el lavado de manos, el distanciamiento entre las personas, el uso del barbijo, entre otras. Pero no se evitó porque hubo un error conceptual inicial, al decir que estábamos frente a una epidemia como otras anteriores, con un mundo distinto, donde no existía la interconexión, la movilidad atroz y la globalización tan marcada, con un importante flujo de negocios, de turismo, de actividades científicas. El escenario de modernidad es enorme. 

Desde el punto de vista de la demanda de salud en cuanto a la pandemia, no está todo dicho y por alguna razón se siguen levantando nuevos hospitales y centros de atención, mientras se informa una determinada casuística sobre los casos positivos. 

No sé si el sistema puede llegar a colapsar, pero infiero que las autoridades sanitarias están esperando un escenario prolongado y de mayor magnitud. Se insiste mucho en la inversión, pero la impresión es que con eso no alcanza. 

Una prueba de ello son los contagios entre el personal de salud. Es una situación alarmante, ya que es el que mejor capacitado está para enfrentar el problema.  

La cultura interrogada

Sergio_Colautti

Suspendidos en un tiempo que se parece al presente absoluto, sin pretéritos ni futuros perfectos, parece que solo cabe hacerse preguntas. Ante la imposibilidad de la adivinación o la profecía,  solamente nos queda  la propagación indetenible de la interrogación. 

Este escenario que impone la pandemia se constituye en “hecho social total” (un solo tema, en un solo tiempo, en todas las relaciones e instituciones del mundo). Y ese hecho sacudirá, sin dudas, la producción artística y cultural. No solo en su aspecto formal (¿qué concepto de reunión sobrevivirá en los recitales, cines, teatros, actos, acosados por el miedo y la desconfianza? ¿Cómo se leerán las nociones de distanciamiento o aislamientos en los espacios culturales y educativos, donde se propone y favorece el encuentro, la cercanía, la presencia como valor? ¿Cómo celebrar el riesgo en la nueva sociedad del cuidado?).

También habrá temblores, suponemos, en la profundidad del sentido: hay formas, paradigmas,  construcciones ideológicas, que deberían ser jaqueadas: la idea de  “no hacer algo que perjudique al conjunto”, tan instalada en el presente sanitario, ¿podrá deslizarse hacia lo económico y social, hacia nuevas formas de solidaridad, hacia otra inteligencia ecológica? ¿Habrá valorado el conjunto social el rol que cumplieron las artes diseminadas entre niños, jóvenes, adultos y ancianos en la virtualidad de este presente absoluto? ¿Cederá su centralidad la obsesión económica de la acumulación a favor de la construcción de un tejido social más justo y sustentable?

Son solo dudas las que habitan la proximidad de la pospandemia, pero ¿Será solo un  registro de la utopía repensar la desigualdad como pandemia, a escala universal? ¿Será distópica la idea de presupuestos básicos en salud, educación, alimentación y acceso a los bienes simbólicos de la cultura y el arte para todo ser humano? Quizás sea posible pensar, observando que los países que mejor manejaron estos sucesos están gobernados por mujeres,  la gran política mundial del nuevo siglo desde perspectivas más maternales y menos patriarcales: una sensibilidad femenina que cuide, y libere, que acompañe y confíe, como las buenas madres…? La prepotente masculinidad de los líderes como Trump o Bolsonaro ha devenido en grotesca mueca mortuoria en los países que los padecen. La marea feminista solicitará que se abran las puertas de todas las democracias. Es la hora y bueno será.  

Hubo, y hay, quizás permanezca, un miedo nuevo: el tristísimo miedo de morir o ver morir a los solos, los que no pueden ser acompañados en sus finales por la amenaza del contagio. Quizás el arte, otra vez, tenga mucho para decir ahí,  reinventando nuevas palabras para esas soledades, para enunciar los encuentros nuevos, para pasar del recelo al recibimiento, para mirar de otro modo las maneras de ser ricamente humanos en un mundo que se había olvidado de eso para ser, apenas, un territorio de pobres consumidores. 

La extendida maldición pandémica nos vino a sacudir. Hemos temblado, todos. Estamos aún temblando como los hombres y las mujeres que se asoman detrás de los escombros reales y los simbólicos.  Nos tocará reconstruirnos. El arte, la cultura, la educación tendrán un papel, ahora sí,  esencial: descubriendo y dando nombres a la nueva sensibilidad del mundo, la memoria de su porvenir. 

Cuando la pandemia diga adiós

Paola_Pereyra

La vida post pandemia ¿será normal?, esa pregunta nos hacemos a diario. La incertidumbre de lo que vendrá es lo que prima en este momento. La ansiedad se ha apoderado de la mayoría de nuestros pensamientos y se nos está haciendo difícil poder vivir y disfrutar el día a día.

La forma de comunicarnos cambió, la tecnología pasó a tener otro papel, sigue entreteniéndonos, informándonos, pero principalmente es la encargada de mantenernos en contacto con aquellos que no podemos verlos, extrañar a alguien es el sentimiento que más experimentamos en estos días, atesorar y aprovechar cada momento con los que queremos sin duda primará en los tiempos que vienen.

¿Cuántas veces nos quejamos de nuestros trabajos? Y ¿Cuántas veces rogamos volver a ellos en estos días? Quienes lo tenemos, somos afortunados, valorarlo será nuestra gran tarea. 

Descubrimos también nuevas formas de realizarlos, utilizar la tecnología como aliada nos puede ayudar en diferentes situaciones, como complemento a todo lo que ya veníamos realizando.

Personalmente tuve que amigarme a la atención “online”, realizar sesiones por video llamada lo veía como algo lejano, pero la necesidad de escucha de algunos pacientes fue primordial y me movilizó a animarme. A partir de ahora es una herramienta más en mi forma de trabajo.

El coronavirus arribó a este mundo para movilizarnos en casi todos los aspectos de la vida, de repente nos encontramos en nuestras casas conviviendo las 24 hs al día con personas que estábamos acostumbrados a vernos en horario del almuerzo o la cena, compartir nuestro tiempo, mirarnos, hablarnos, escucharnos ha sido y es en este tiempo una gran vivencia, sería bueno que se mantenga cuando la rutina regrese a nuestros días.

Y por último, pero no por eso menos importante, nosotros mismos. Este es un tiempo que debe servirnos de introspección, de pensarnos en este mundo, de darnos cuenta en donde estamos parados, qué estamos haciendo con nuestras vidas y qué es lo que queremos en ellas. ¿Aprovechamos cada día que vivimos? ¿Agradecemos esa oportunidad en cada amanecer? Será un gran desafío mirar con esos ojos la vida que comenzará cuando la pandemia diga adiós.

El dilema futuro del periodismo y de los medios

Fernando_Colautti

El futuro del periodismo es un interrogante abierto desde hace años. El impacto del mundo digital y de los nuevos hábitos de consumo que trajo aparejado dibujan, desde hace más de una década, enormes signos de pregunta sobre los cambios de escenario. 

El cimbronazo de la pandemia viene ahora –para decirlo en términos virales– a hacer crecer exponencialmente la curva de esos interrogantes. La impresión dominante es que acentuará algunas transformaciones.

Las mutaciones que ya se vienen produciendo, y que podrían acelerarse, están vinculados al periodismo como profesión (por la adaptación a los nuevos formatos y a otras modalidades de trabajo) pero más al periodismo como industria.

El impacto económico de la pandemia pega de lleno en las empresas periodísticas, chicas y grandes. La caída de la publicidad (que venía en baja) es notoria y hay cero certeza de su reactivación. Ni el exhausto Estado, en todos sus niveles, queda con recursos para sostener un apoyo que, hasta ahora, era crucial para muchos de los medios.

El modelo de sustentación, que ya venía comprometido por otras razones, deberá ser reinventado. Algunos ensayos están en marcha, aquí y en el mundo. Más, en el rubro de los medios gráficos y de los sitios web, aunque la mutación del ecosistema de medios (más allá de la pandemia) pinta para generalizarse.

Fuera del impacto en las empresas de medios, el coronavirus le abrió al periodismo una ventana: la de poder diferenciarse del universo de las redes sociales, en donde las noticias falsas se entremezclan sin pausa. La Organización Mundial de la Salud bautizó a ese fenómeno como "infodemia" (una epidemia de mala información).

En tiempos en que el periodismo -y sobre todo los medios que lo vehiculizan- habían perdido credibilidad y presencia, el tratamiento más profesional de la información de esta emergencia sanitaria, con capacidad de chequeo de datos (aunque con las excepciones de siempre) le abre una oportunidad.

También revela, hacia adentro de los medios, la relevancia de la capacitación y especialización de sus planteles (en lugar de la precarización y de la sobrevalorización del "hacerdetodismo"). Se nota, por ejemplo, el plus de quienes tienen abordaje para temas sanitarios y científicos. Es el valor del conocimiento: ya no alcanza con el dato suelto, ni con la simple opinión.

El dilema (y no sólo en Argentina) es cómo, desde los medios chicos a los grandes, desde los autogestionados hasta los grupos más consolidados, harán para avanzar en un periodismo de calidad y profesionalizado, pero en un contexto de crisis de recursos que, en forma paralela, tiende a achicar las posibilidades de sostenimiento.

No es menor el desafío, en un escenario global donde sólo están ganando los grandes distribuidores (y no los generadores) de contenidos de otros: Facebook y Google.

A las preguntas que había sobre un escenario que era ya de profunda transformación, se suman otras, más urgentes ahora. Las respuestas, quizá, en parte dependan, como en otros rubro, de cómo y cuándo se salga de la pandemia. 

La vida deportiva el día después

Rocio_Comba

Las noches suelen ser un momento para la reflexión. Antes de descansar es inevitable hacer ese balance diario al que venía acostumbrada: qué hice hoy y qué queda pendiente para mañana, más las tareas habituales, todo apuntado a las direcciones que había planeado para este año. Situaciones que desde hace un poco más de 40 días se ven totalmente alteradas, rodeadas de incertidumbres y tareas a las que día a día trato de acostumbrarme. 

Pensar en deporte cuesta y duele en estos días, algo que debe ser un derecho garantizado y sobre el que nos vemos totalmente limitados: pienso en los deportistas y sus entrenamientos, en los entrenadores, dirigentes y todas las personas que viven de ello, me pongo en el zapato de cada uno e imagino realidades, me encuentro constantemente calculando los impactos inevitables que hoy son realidades diarias, barajo planes y estrategias para cuando podamos volver al ruedo. 

No pongo en duda las medidas tomadas y al mismo tiempo no puedo ser ajena a las consecuencias, ver que estas circunstancias nos traen cosas buenas y malas pero por sobre todo, ha venido a enseñarnos a correr el eje de nosotros mismos para pensar en todos, dejar de lado los egos para mirar a los ojos al de al lado sin prejuicios ni resentimientos, sea conocido o no, no importa. Hoy elijo detener el tiempo y volver a lo simple, trabajar en lo esencial: ser más empática, prestar un oído, hablar de sentimientos, brindarme en lo que haga falta; quitarme los escudos, pelearla cuerpo a cuerpo, sentir que nadie es más que nadie; debemos darnos cuenta que a esto lo hacemos entre todos y que la diferencia está en los pequeños gestos, que somos todos igualmente vulnerables, que hoy es por ti y mañana por mí, como muchas veces se dice.

Creo que ya no volveremos a tener días "normales" como los conocíamos antes del coronavirus porque si aprendimos lo que debíamos, sé muy bien que volveremos a correr, a andar en bici, a juntarnos y compartir pero nuestros ejes se habrán corrido, seguiremos pensando en el otro para cuidarnos y no solo de la enfermedad. ¡Ojalá así sea!

Los "nuevos modos" de trabajar y producir

Dennis_Cravero (1)

Las perspectivas económicas hacia el futuro quizás son tan inciertas como el origen mismo de esta pandemia.

Todos podemos coincidir en una retracción a nivel global en cuanto a la producción de bienes y servicios a corto y mediano plazo, ya que ésta depende básicamente para su crecimiento y desarrollo del consumo. 

Esa retracción implica riesgos en la pérdida de empleos y consecuentemente, entrar en un círculo vicioso negativo, que las autoridades gobernantes de turno deberán administrar para evitar daños en el tejido productivo, que podrían ser muy difíciles de recuperar. 

Economías saneadas y fuertes podrán salir más rápido, por su capacidad de asistencia social en estos tiempos; economías como las nuestras con viejas cuentas pendientes tendrán un margen de maniobra más acotado. 

La emisión monetaria para paliar las necesidades urgentes de las familias y empresas, es una preocupación hacia adelante. Deberá el gobierno ser muy inteligente en sus medidas para evitar acelerar la inflación.

La renegociación de la deuda, casi periódica y permanente, suma más dramatismo por las consecuencias que traería aparejado entrar en default, hecho que el gobierno intenta evitar. 

Este jaque inesperado traerá a su vez transformaciones en lo laboral, productivo, educativo, logístico, a procesos y procedimientos, que si bien ya venían aplicándose, acelerará la implementación y los generalizará, como por ejemplo, el teletrabajo, home office, educación a distancia, reuniones por videconferencias, etc. Las herramientas para hacerlo, en su mayoría, estaban y están disponibles, sólo faltaba dar el paso a la natural de resistencia al cambio y contemplar las desigualdades en las posibilidades de acceder por parte de todos.

De todo esto, puesto en marcha en la emergencia, no tengo dudas que bastante se capitalizará en los nuevos modos de trabajar y producir, surgiendo la necesidad de "cumplir protocolos" para salir lo antes posible de esta precipitación. Ya hay un cambio en el pensamiento, sobre las verdaderas prioridades de la vida, sobre los futuros desarrollos urbanísticos, necesidades de superficies para producir o trabajar, entre otras tantas cuestiones; es que las grandes catástrofes a lo largo de la historia mostraron justamente eso, un cambio de paradigma hacia adelante. 

El futuro escenario, también dependerá de los líderes mundiales, si entramos en un proceso de recomposición global de la economía alejado de mezquindades, o si siguen profundizándose  las guerras comerciales, al fin al cabo la economía es una ciencia social y nada puede lograr si no está armonizada con la política, entre otras.

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