Cuando la ideología nubla el sentido común

Locales 04 de septiembre de 2021 Por Tribuna
Columna del ingeniero agrónomo Raúl Martina (M.P. 1442)
AGRO Martina

El INTA es un organismo nacional de desarrollo de oportunidades que aúna, en una misma institución, la investigación y la extensión del conocimiento articulado con los actores comprometidos del sistema agropecuario, agroalimentario y agroindustrial en todos sus niveles. 

Congresista de Tierra del Fuego y su par de Salta, presentaron un proyecto para intentar modificar el Consejo Directivo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, dejando de lado a los productores y sus entidades representativas. La composición actual garantiza una participación activa de productores y profesionales directamente relacionados al agro, la producción y el sistema agroalimentario. El nuevo Proyecto busca “hacer a un costado” a los verdaderos interesados, para reemplazarlos por representantes de la política actual que poco conocen del fruto del esfuerzo de cultivar y cuidar el suelo. 

A estos intentos disparatados se suman aquellos de expropiar tierras del propio Instituto; cuestionamiento que fue manifestado por la dirigente de Federación Agraria Argentina (FAA), Adriana Cabo, en su nota en este semanario días atrás, acerca de la problemática situación de algunas Agencias de Extensión Rural del interior del país. 

Cuando la ideología nubla el sentido común abundan los casos de noticias que descolocan a la opinión pública: representantes de la provincia de Tierra del Fuego interviniendo un organismo que promociona la producción agropecuaria, políticos oportunistas que toman problemas de base estructural profunda y sin solución desde hace años, para liberar tierras que se destinan a la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías de producción; con la única finalidad de enfrentar intereses, apostando a dividir para seguir reinando. Mientras los problemas no solo que no se resuelven sino que crece la inequidad y se generan alrededor de los centros poblados de mayor carga demográfica, bolsones de pobreza y postergación donde lamentablemente nuestra provincia no es ajena a ello. Allí es donde tenemos jóvenes pobres, con menos oportunidades de estudiar, de abrirse camino con capacitación, educación y trabajo genuino.

Vale para entender el escenario en el que estamos inmersos lo que descubrí y rescaté para compartirles, que cae “como anillo al dedo”, “como lluvia suave de otoño” y representa la foto de la realidad que estamos atravesando los ciudadanos de este bendito territorio nacional: “El enfoque es sobre la vejez, esa etapa donde se invierte el orden natural de las cosas y su fórmula vital es extrapolable a los proyectos políticos en donde todo lo que debe bajar (colesterol, presión y déficit fiscal) sube; todo lo que debe estar alto (calcio,
empleo y consumo) baja; todo lo que debe mantenerse chico se agranda (próstata, inflación y recesión) y todo lo grande se achica (músculos, estatura y reservas); lo blando y flexible se endurece (arterias, articulaciones e ideología); más todo lo que debe ser duro se afloja (huesos, dientes y ética)”.

Claramente esta visión geriátrica sirve para determinar el fin de un ciclo político que nos está perjudicando sobremanera.

Pero quiero detenerme en la esperanzadora reflexión del ensayista, filósofo y poeta argentino Santiago Kovadloff cuando nos habla del futuro, ese repertorio de ideales y proyectos que sostienen nuestra vida, eso nos mantiene vivos, somos hijos de nuestros proyectos, ese es el sentido de nuestra lucha, no bajemos los brazos. El ideal de la república tardará años en llegar, pero cada paso que demos es fundamental, hay ejemplos de hombres que no se dieron por vencidos, y resalta a nuestro héroe nacional José de San Martín y la carta que le escribe Juan Martín de Pueyrredón diciéndole que le manda bastante de lo que le había pedido para el cruce de la cordillera de Los Andes:  “y no me pida más, carajo; lo que usted quiere hacer es imposible” y la respuesta del general fue: “Gracias por el envío, tiene usted razón lo que intento es imposible, pero es imprescindible”.

La fortaleza política de un proyecto se mide por su dignidad interna, la vida no es duración, no hemos nacido para durar, hemos nacido para desplegar proyectos de mayor dignidad, si fracasamos debemos levantarnos y volver a intentar, nadie da por culminada esa tarea.

Por esto me levanto cada mañana con fe, aceptando que construirnos como personas nos llevará toda la vida.

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