Hablemos de ciclos

Locales 08 de noviembre de 2020 Por Tribuna
Raúl A. Martina
AGRO Martina

Los elementos (suelo, agua, nutrientes y plantas) se encuentran disponibles para ser usados una y otra vez por otros organismos a través de procesos biogeoquímicos producidos en los ciclos. A través de éstos la energía fluye, genera trabajo y se mueven los agroecosistemas. Tal vez muchos conflictos entre los seres humanos cambiarían si dejáramos de pensar en “binario” o “posiciones duales” que solo nos generan enfrentamientos y distanciamientos,impidiendo que la energía fluya. Aprender de la naturaleza, es comenzar a pensar en modo cíclico. La energía acumulada en odio de clases, o más bien, recelos entre sectores, solo genera detención de los ciclos. 

Descubrir la agronomía es hablar de ciclos; el ciclo del carbono es natural, constante y se presenta en cuatro etapas: combustión -liberación de calor hacia el ambiente-, fotosíntesis -proceso por el cual las plantas generan sus propios alimentos-, respiración -necesaria en todos los seres vivos para generar energía a nivel de las células-, y descomposición -llevada a cabo por microorganismos de suelo que toman los restos vegetales y animales que llegan a la superficie para transformarlos en sustancias simples que suman nutrientes y aportes a la materia orgánica-. 

El ciclo del nitrógeno, entendido desde seis fases, cuyo perfecto engranaje es vital para los seres vivos; ellas son la fijación, nitrificación, asimilación, amonificación, inmovilización y desnitrificación. Pensemos que el aire tiene 78% de nitrógeno y que las bacterias del suelo lo fijan y se lo transfieren a las leguminosas en un proceso digno de ejemplo, en donde ambos seres vivos se benefician, asociación simbiótica, el cual dio origen a la inoculación o fertilización biológica en el cultivo de soja, vicia, maní y demás leguminosas. 

El ciclo del agua, origen de la maravillosa y tan ansiada lluvia que al llegar a esta época del año, desencadena las siembras de los cultivos estivales y con ello el engranaje comienza nuevamente a girar en nuestros pueblos y ciudades. 

El ciclo del cultivo, que determina en nuestras zonas un sinnúmero de actividades afines, en función de cada etapa propia de los cultivos, los ciclos de los insectos, que determinan momentos de monitoreos y decisiones agronómicas de impacto clave en las cadenas tróficas; los ciclos de producción, asociados a la generación de valor agregado en origen, con lo que esto significa para las comunidades que han sabido aprovechar lo que el entorno productivo les brinda, y sin lugar a dudas, los ciclos económicos, llenos de oportunidades de desarrollos regionales. 

Los ciclos suponen espera y respeto, para que cada etapa se desarrolle con la temporalidad natural que determina la propia naturaleza del proceso. Qué superador es darle más valor al proceso que al resultado, si comprendiéramos que nuestras intervenciones deben comprender procesos y que los resultados, como lo indica el término, son el corolario, la consecuencia, el fruto, los qq/ha, los saldos resultantes de las intervenciones que hemos marcado sobre los procesos. Así, y vaya a saber porqué, vivimos obligados a dar resultados en la vida, sin pensar que antes de responder es mejor elaborar, macerar, diagnosticar, atender los procesos, para valorar nuestra existencia dentro de los mismos. 

En la medida que dejemos de lado el entendimiento del proceso, más nos alejaremos de los buenos resultados. Un resultado es variable de síntesis, en cambio el proceso es atención y estudio de cada variable, destacando la importancia del conocimiento sobre cada una de ellas para interpretar de qué manera actúan y se interrelacionan para llegar a buen puerto. 

Conocer la interacción de los ciclos de cada uno de los integrantes que juegan día a día en el agroecosistema nos permite interpretar cómo debemos monitorear y cuando es conveniente intervenir, de qué manera y con cuánta energía adicional, todo a su debido tiempo.  

Sabia la frase que expresa: “Hay un tiempo para dejar que sucedan las cosas, y un tiempo para hacer que las cosas sucedan”. En el espíritu del ingeniero agrónomo, esto marca su manera de interpretar la producción agropecuaria, de allí que la observación y el monitoreo sean sus mejores herramientas. Las expresiones como “ya”, “lo quiero ahora”; con poco tiempo para un previo análisis, con rapidez, con urgencia, da origen a decisiones desacertadas en la gran mayoría de los casos, que generan sin lugar a dudas serias dificultades hacia el futuro. 

A modo de cierre, señalo una expresión imborrable del querido mendocino Joaquín Salvador Lavado Tejón, a través de su cómic destacado, Mafalda: “Como pasa siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Gracias Quino!Ingeniero Agrónomo M.P. 1442
Asesor Fitosanitario Provincial

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