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Un tancachense de River que vivió de adentro el “Mundo Boca”

Jorge Annibali. Aunque no llegó a ser un futbolista profesional, su paso por las divisiones formativas del club xeneize le permitió vivir experiencias inolvidables y compartir espacios en común con futbolistas consagrados.
Regionales21/09/2020 Tribuna
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Por Nicolás Cravero

Se puede ser hincha de River pero un agradecido a Boca por las experiencias vividas con su camiseta. Es el caso del tancachense Jorge Annibali, uno de los pocos jugadores de la región que acarició “el sueño del pibe” para cualquier futbolista.

No llegó a jugar en la Primera, pero su paso de dos años por las divisiones inferiores del “Xeneise”, le bastaron para codearse con grandes nombres de este deporte y atesorar recuerdos imborrables que accede a compartir.

Sus recuerdos relacionados con esta historia se remontan a la niñez, cuando observando partidos por televisión, soñaba con estar del otro lado de la pantalla.

Si bien participó del “baby fútbol” en Huracán, luego se pasó al basquet en el club CARIB y fue a través de un contacto generado en ese deporte, que volvería al anterior. Según relata, tras jugar un partido con Ariel Fiandrino, -abuelo del tenista Gustavo Fernández-, fue éste quien lo invitó a Corral de Bustos para una exhibición de exjugadores de Boca en la localidad. Allí se produjo el contacto con el legendario Antonio Rattin, quien estaba a cargo de las inferiores en el popular club porteño y aceptó recibirlo para una prueba en Buenos Aires.

Era la primera vez que salía de Tancacha, comenzando el año 1976 para llegar a la gran ciudad. Una vez allí se instaló en La Candela, aquel emblemático predio de entrenamiento donde asistían todos los jugadores, desde los más jóvenes hasta figuras consagradas. Annibali precisa que fueron más de 1600 los chicos que llegaron con similares ilusiones aquel año, de los cuales quedaron no más de 12 o 13, recuerda.

Así comenzó un recorrido que lo llevó desde la séptima división a la cuarta, compartiendo equipos con jugadores que años después alcanzarían el plantel superior como Hugo “El Mono” Perotti, Carlos “Flaco” Randazzo (otro confeso hincha de River) o Ricardo Gareca, “que era suplente mío”, apunta quien por aquellos años se desempeñaba como delantero.

Transitar por dentro el “Mundo Boca”, le permitió además, compartir momentos con otros ídolos ya consagrados en aquel momento, tal el caso de Hugo Gatti, Alberto Tarantini, Marcelo Trobbiani, por nombrar solo algunos que se vienen rápidamente a su mente. “Comíamos con ellos, compartíamos vestuarios y jugábamos juntos ya que hacíamos de sparrings, era muy bueno el trato, nos malcriaban”, recuerda.

También quedaron grabadas en su memoria aquellas posibilidades de jugar en grandes estadios como la Bombonera, el Monumental de Nuñez o el Cilindro de Avellaneda. “Éramos varios los hinchas de River, pero una vez ahí querés ganar y defendés la camiseta”, repasa.

La llegada de Juan Carlos “Toto” Lorenzo a la dirección técnica del primer equipo y su inclinación por contratar jugadores de experiencia, dejando de lado a los juveniles del club, le puso fin a su ciclo allí. “Está visto que le dio resultados”, acepta Annibali sin rencores hacia el entrenador que luego sería campeón de América y el Mundo.

“Son muy pocos los que llegan, hay que tener suerte también, he visto extraordinarios jugadores que no lo consiguieron”, expresa.

Mas allá de inolvidables experiencias, su paso por Buenos Aires también le permitió hacer amigos de todo el país, que eran su “familia” en La Candela, con los que aún está en contacto, asegura.

Durante dos años en La Candela, compartió equipos con el “Mono” Perotti, el “Flaco” Randazzo y Ricardo Gareca, entre otros, pero también tenían contacto fluido con figuras del plantel superior como Hugo Gatti, Alberto Tarantini o Marcelo Trobbiani.

A su regreso, recaló en Racing de Córdoba, compartiendo plantel con varios jugadores que un par de años después serían subcampeones nacionales. Pero no acordó la firma de un contrato con los dirigentes de turno y volvió a Tancacha.

Ya de regreso en su pueblo, siguió jugando en Huracán pero le puso fin a su carrera con solo 23 años. “El Globo” dejó de participar en la liga, comenzó a trabajar en el comercio familiar con su padre y hermanos, se casó, y todo conspiró para continuar jugando, más allá de picados informales.

El fútbol lo siguió apasionando, acompañó a sus cuatro hijos, quizás buscando completar lo que en su carrera había queda inconcluso, pero ellos decidieron inclinarse por los estudios universitarios.

Hoy sigue trabajando en el mismo lugar, una ferretería y un supermercado que comparten espacio, conservando aquel fanatismo de la infancia por el deporte que le permitió vivir una historia corta pero intensa.

Por estas vivencias que ya muchos en Tancacha conocen, cumple con los requisitos para ser considerado todo un personaje en su pueblo. Eso sí, a pesar de todo lo vivido en el club de la ribera, los goles que sigue gritando son los de River, haciendo valer aquel axioma que dice, se puede cambiar de todo en la vida, menos del club que sos hincha.

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