
EDITORIAL. Embalse. Entre la crisis actual y el desafío de una transformación postergada
Regionales06/06/2026
Tribuna
Las recientes imágenes del intendente de Embalse, Mario Rivarola, quebrado emocionalmente durante una entrevista periodística, son el síntoma más crudo de una crisis municipal que parece haber tocado fondo. La situación es asfixiante: el jefe comunal confesó tener que sacar créditos bancarios para pagar sueldos, mientras la coparticipación cayó de 330 a 220 millones de pesos y los servicios de salud públicos se encuentran desbordados, atendiendo hasta 100 personas por día frente a las 20 o 30 habituales.
Es innegable que el ajuste nacional actual y la decisión del gobierno de Javier Milei de avanzar hacia el cierre y la privatización de la Unidad Turística Embalse han actuado como un disparador inmediato de esta debacle. La reducción de fondos nacionales y los despidos en el complejo estatal han resentido profundamente la economía local, afectando incluso a sectores históricos como la fábrica de alfajores del pueblo, que hoy funciona con menos de un tercio de su personal.
Otra mirada, nuevo destino
Sin embargo, reducir el análisis únicamente al ajuste de turno sería ignorar una falta de crecimiento estructural que Embalse arrastra desde hace décadas. Ubicada en una de las zonas más privilegiadas del Valle de Calamuchita, con un lago y un paisaje envidiables, la localidad ha permanecido estancada en un modelo de gestión que no supo, o no quiso, crear las condiciones para la llegada de inversiones privadas de envergadura.
Mientras localidades vecinas como Villa General Belgrano apostaron por el sector privado, consolidando un calendario de fiestas y eventos que atraen un consumo de calidad y un turismo de medio y alto poder adquisitivo durante todo el año, Embalse quedó anclada al concepto del "Estado presente" y el turismo social. Este modelo, inaugurado en la década del ‘40 y basado en el turismo subsidiado, hoy choca de frente con un cambio cultural y económico que exige eficiencia y autosustentabilidad.
La salida de esta crisis no puede ser meramente cortoplacista. La autocrítica que esbozó Rivarola sobre una dirigencia política más preocupada por ser "influencer" que por solucionar problemas debe traducirse en una movida estratégica para cambiar la realidad de la región. Generar turismo de calidad mediante la inversión privada, incluso abriendo las puertas del complejo hotelero estatal a la gestión de excelencia, nacional o internacional, es la única vía a mediano y largo plazo que administraciones anteriores evitaron plantear.
Es la única manera de crear y potenciar un consumo fuerte, que derrame en el sector de servicios y el comercio para crear y restructurar el empleo privado. Esto, claro está, sin desmerecer el aporte salarial que el Estado -provincial y nacional- realiza en el funcionamiento del Casino de la Lotería, y la operación de la Central Nuclear de Embalse.
Rivarola tiene hoy la oportunidad -y la urgencia- de encabezar esa transformación. Embalse no puede seguir dependiendo de un modelo agotado que ya no encuentra sustento en la realidad nacional. Es momento de dejar de lado el cuestionamiento por lo que el Estado dejó de enviar y empezar a construir las bases de un destino turístico competitivo, capaz de atraer inversiones que devuelvan el trabajo y la dignidad a su gente. Solo así la angustia del presente podrá transformarse en el motor de un futuro que el Valle de Calamuchita le reclama a su principal polo turístico.








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