La nueva modalidad de la fe: misas por redes sociales y televisión

Locales 13 de junio de 2020 Por Tribuna
Es cierto que para conectarse con Dios no hace falta salir a la calle, pero lo cultual es relevante para la vida religiosa. Por eso, los sacerdotes de Río Tercero trasmiten misas por las redes y la televisión. Piensan que es una modalidad que continuará ahora que retomaron las misas presenciales.
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Resulta llamativo que ahora la hostia, como ofrenda, también se muestre en una pequeña pantalla en lugar de sólo dispensarla en un altar. Es una de las tanta situaciones que trajo la pandemia de coronavirus y frente a ello los párrocos se las ingenian para seguir en contacto con sus feligreses.

 Los cuatro sacerdotes católicos de Río Tercero buscando evitar la movilización de personas en esta crisis de salud que nos afecta, apostaron por las redes sociales.

 Varios días a la semana -además de la clásica misa del domingo- toman la iniciativa de ofrecer un servicio religioso muy distinto a los acostumbrados. Lo hacen a través de la red social Facebook o por televisión. Así, debieron convertirse en camarógrafos y sonidistas aficionados con el asesoramiento a distancia de expertos amigos.
 La mayoría de las veces resulta difícil llenar los templos, y a ojos vista, aparentan ser muchos más los seguidores por Facebook.

 “Los miércoles celebraba misa en Monte Grande, asistían entre cinco y 12 personas. Los jueves en San Martín de Porres con un poco más de gente, unas 25. Y los viernes en Cristo Rey, con menos gente. Ahora en Face siempre hay unas 40 personas que siguen la misa y luego durante el día la gente la sigue viendo. Cuando la misa es en directo la siguen entre 90 y 100 personas”, cuenta el sacerdote Sergio Rubiolo, párroco de Cristo Rey, en barrio Castagnino. 

 Admite que primero se sintió “raro; imaginate celebrar misa para una computadora, pero ya me acostumbré y hago cuatro o cinco misas a la semana, me siento más suelto”, asegura. 
 La misma experiencia tuvo Gustavo Romero, titular de la parroquia Nuestra Señora de la Merced, en barrio Escuela. 

 “Transmitir la misa por las redes surgió como una necesidad de la gente. Los primeros días celebraba misa solo, en la Capilla de Fátima, y después por sugerencias comencé a transmitir por Face. Fue muy bueno, mucha gente sigue la misa. Los días de semana había 10 personas en misa y por Face son 50 ó 60. Tiene que ver con una necesidad espiritual de la gente”, asegura.
 El sacerdote opina que la cuarentena ha provocado un gran estrés en las personas, no solo desde el punto de vista laboral y económico, sino también en el aspecto espiritual y emocional. “Y la misa fue una salida desde el punto de vista de la fe”, advierte.

Por televisión

 En realidad, las misas a distancia no son una novedad. Desde su irrupción, la televisión las transmite para aquellos impedidos de asistir al templo, como los enfermos. Pero la novedad ahora es que cada sacerdote puede hacerlo para los fieles de su parroquia.

 Apostando a esta antigua modalidad de transmitir las misas por televisión el párroco de Lourdes, Andrés Marcos, refuerza la idea: “En Lourdes se trasmite la misma los domingos a las 10.30 por ambos canales, por el Canal local en vivo, y Cablevisión lo graba e inmediatamente lo pasa. Hemos potenciado la televisión pensando sobre todo en la gente que no tiene acceso a las redes sociales, los mayores”. Y reflexiona que quizás esta modalidad debería conservarse al menos durante los meses de invierno “sobre todo para los mayores; podríamos pensarlo como un servicio”, dice.

Contacto personal
 Marcos Dequino está a cargo de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en barrio Norte. No es muy afecto a la tecnología, no tiene redes sociales y confiesa que usa un celular muy simple, “con lo básico”. Pero la cuarentena lo obligó a adaptarse y en Semana Santa sobre todo, utilizó el Facebook de la parroquia para transmitir algunos de los oficios religiosos.

 Sin embargo, se muestra a favor del contacto personal con sus feligreses. “Lo que traté de hacer es mantener el contacto personal con la gente, por teléfono o visitándola con todo el protocolo. Nunca me gustaron mucho las redes. Me gusta el trato personal”, insiste y cuenta que en plena cuarentena confesó al aire libre, con distancia y barbijo.
 “En este tiempo se asistió a gente a la que la cuarentena le pegó por algún lado: tristeza, problemas matrimoniales, etc. Gente que no era habitué de la parroquia comenzó a requerir ayuda espiritual”, señala.

El retorno

 Más allá del grado de adaptación de los católicos a las restricciones, una pregunta que comienza a surgir  es cómo impactarán los cambios en las prácticas religiosas luego de levantadas las medidas, algo que ocurrió esta semana. Es muy posible -pronostican algunos- que los recursos tecnológicos se utilicen mucho más que antes, lo cual conllevaría una relación más fluida con mucha gente que concurre muy poco al templo. De hecho, habitualmente la asistencia al culto -con matices- es baja. El riesgo -advierten- es que se expanda una vivencia de la fe más individual, lo cual sería un contrasentido.

 “Para los cristianos la fe es comunitaria. Mucha gente me dice que estuvo lindo esto de poder seguir la misa por redes o la televisión pero es como que faltaba algo, necesita el contacto personal. Falta un aspecto esencial que es el compartir la fe con el otro. Nuestra fe necesita el contacto personal, lo necesita sin lugar a dudas. No se podía seguir viviendo la fe como estábamos hasta ahora”, opina Dequino.

 Mirando a futuro, Rubiolo cree que la tecnología podrá seguir ocupando el lugar, pero que los vínculos personales volverán a tener un valor preponderante. “A la gente le encantará volver al templo, recibir la eucaristía. Hay muchos que desean venir a participar de la misa”, aporta.

 Esta semana el COE (Comité Operativo de Emergencia) autorizó nuevamente las actividades religiosas en la ciudad, con protocolos de seguridad al igual que para el resto de las actividades.
 “Me parece muy bien. Es una necesidad, con los debidos recaudos, claro. Volver a la normalidad es necesario pero lo haremos luego de haber vivido una experiencia que nos da una escala de valores distinta”, reflexiona Romero.

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