

Adriana Cabo, flamante vicepresidenta del Centro Comercial, representando al sector Agro, detalla su visión para los próximos dos años: educación tecnológica, radicación de pequeñas industrias y la necesidad de reglas claras para el productor.
-Asumís un nuevo desafío como vicepresidenta del Centro Comercial, Industrial, de Servicios y Agropecuario, representando a este último sector. ¿Qué te llevó a aceptar esta responsabilidad?
-Fue una propuesta que ya me habían hecho anteriormente, pero me costó decidirme porque implica una gran responsabilidad. Vengo del ámbito gremial (integra la Federación Agraria Argentina) y esto representa una mirada distinta: es el agro desde la perspectiva empresarial privada. Sin embargo, acepté porque el Centro Comercial ha realizado un cambio radical en la representación de sus socios en los últimos años y sentí que podía aportar mi conocimiento en un rubro que manejo y que me apasiona.
-Si tuvieras que definir los lineamientos centrales de tu gestión para estos próximos dos años, ¿cuáles serían?
-El desafío es inmenso. Debemos ser cada vez más eficientes para ser competitivos, y el único camino para lograrlo es la educación y la capacitación permanente. Hoy el agro se maneja con drones, computadoras en tractores y maquinaria de alta complejidad; por eso, necesitamos capacitar al personal para cumplir con lo que el mundo nos pide. Mi objetivo es gestionar el desarrollo local, empezando por lo "mini" para luego escalar.
-¿A qué te referís con empezar por lo "mini"?
-Me refiero a fomentar la radicación de pequeñas empresas que utilicen lo que producimos en la zona, desde huertas hasta granos y frutas, para generar puestos de trabajo genuinos. Mi sueño es que pasemos de la producción primaria al valor agregado: desde una pequeña fábrica de mermeladas artesanal hasta, idealmente, una planta productora de aceite. No es una tarea que pueda hacer sola; necesito a los productores, a la agroindustria y, fundamentalmente, el apoyo de los entes municipales, provinciales y nacionales.
-Mencionás el valor agregado, pero a veces parece un salto difícil para el productor. ¿Cuáles son los obstáculos hoy?
-El productor muchas veces tiene miedo de agregar valor porque las reglas de juego cambian constantemente a nivel nacional. Se hacen inversiones millonarias y, de un plumazo, cambian las leyes y lo que era rentable deja de serlo. Necesitamos condiciones políticas estables y reglas claras a largo plazo para que la gente vuelva a confiar e invierta en procesar el maíz aquí, por ejemplo, en lugar de pagar fletes caros hacia el puerto. Tenemos ejemplos de productores de punta que, a pesar de trabajar de forma espectacular, hoy reniegan porque los márgenes no dan debido a esta inestabilidad.
El productor le tiene miedo a agregar valor porque en un plumazo le cambian las condiciones... necesitamos reglas claras y a largo plazo para que la gente vuelva a confiar.
-¿Qué papel juega la ubicación estratégica de la región en este plan?
-Un papel fundamental. Tenemos el cinturón verde de Córdoba a solo 100 kilómetros, lo que no es nada en términos de logística global. Podemos conseguir mejores precios y calidad para procesar aquí. Sin ir más lejos en un sector de la periferia de Río Tercero hay varias huertas. Fijate en el sector lácteo: aunque no tengamos tambos aquí mismo, a 100 kilómetros en Villa María se están haciendo cosas increíbles, como quesos de 1000 kilos. Todo eso es trabajo genuino que podemos replicar regionalmente.
-Diferenciás mucho al "productor" del "empresario". ¿Cuál es esa diferencia para vos?
-Para mí, ser empresario pasa más por la cabeza que por la capacidad económica. Conozco productores muy chicos, de 50 o 70 hectáreas, que funcionan como una mini empresa porque tienen la capacidad de pensar y activar cosas. En Río Tercero hay productores de animales que diversificaron; si se hubieran quedado solo con el campo, hoy serían productores estancados, pero decidieron invertir, arriesgar y educarse para completar la cadena.
-Hablaste también de la necesidad de "cambiar la cabeza" respecto al asociativismo.
-Exacto. Tenemos que aprender a asociarnos y dejar de lado diferencias sin importancia, como si uno prefiere un tractor verde o uno rojo. En el mundo, el que no llega solo busca un socio aliado para vender la lana o la producción juntos y ser más grandes. Hay muchas formas de ser empresario sin ser millonario, es una cuestión de gestión y mentalidad.
-¿Cuáles son las herramientas concretas que planeás gestionar ante las autoridades?
-Principalmente la presión impositiva y las trabas burocráticas. Argentina sigue teniendo impuestos caros y regulaciones absurdas que traban al que quiere emprender. No digo que no haya controles bromatológicos o de seguridad, pero no pueden ser un impedimento para abrir un negocio o crear puestos de trabajo. Afortunadamente, tengo mucha llegada al Ministerio de Agricultura de la Provincia y planeo usar esos canales para bajar herramientas y programas a nuestra ciudad. Espero encontrar ese mismo canal de diálogo abierto a nivel municipal para que podamos ingresar y trabajar juntos.




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