

En una charla profunda con TRIBUNA sobre la realidad económica, Gabriel Prieto, referente empresarial y expresidente del Centro Comercial de Río Tercero, analiza la compleja situación que atraviesa el sector. Con una caída en las ventas que promedia el 50% y un mercado saturado por la merma de empleo, Prieto describe un panorama de supervivencia y resiliencia.
-¿Cómo describe la realidad actual del comercio en Río Tercero en comparación con el resto del país?
-Si hablamos de la Argentina está complicado, muy complicado. Córdoba en general tiene complicadas las ventas y Río Tercero creo que tiene un plus negativo por los despidos recientes. Pasar de una empresa con 400 empleados a 120 significó 300 sueldos menos y sueldos buenos, de buen margen, lo que generó una situación mucho más difícil que lo general de la provincia.
-Esa pérdida de masa salarial parece haber transformado la fisonomía del mercado local...
-Exactamente. Esa masa salarial salió del mercado, pero además, mucha gente que quedó fuera busca reubicarse poniendo su propio negocio. Una tienda, un restaurante, una pizzería, vinoteca, despensa, kiosco... algo tienen que hacer. Esto genera una sobredimensión de comercios en la ciudad, donde la torta para repartir es mucho más chica y somos más los que vendemos. Río Tercero está pasando un momento sumamente difícil.
-¿De cuánto es la caída real en el mostrador y cómo manejan los costos fijos?
-En general, las ventas bajaron entre un 40 y un 50%. Mucho, mucho, mucho. Respecto al personal, hemos suspendido horas extras, pero tratamos de mantener a la gente esperando que esto levante. Además, hoy despedir no es fácil. Creo que no se está despidiendo en función de los elevados costos de la indemnización. Las empresas mantienen el plantel achicando sueldos o jornadas.
Contexto nacional
-¿Qué opinión le merece el rumbo económico nacional y su impacto en la microeconomía?
-El gobierno actual ha logrado bajar la inflación y estabilizar la macroeconomía, lo cual ha sido bárbaro, perfecto. Pero llegó el momento de empezar a ver un poquito más la micro. Para reactivar el consumo, la obra pública sería una salida instantánea, porque poner en marcha el aparato productivo industrial de nuevo nos va a llevar un par de años.
"Hay que ser innovador, creativo y tener precio. El que manda es el precio, el que manda es el consumidor y el consumidor te pone el techo. El problema es que competimos con mucha informalidad: no es lo mismo una empresa con 25 empleados inscriptos que un galpón con gente en la ilegalidad que sale a vender sin registros".
-En este contexto de crisis, ¿cuál es la clave para que un negocio no cierre?
-Hay que ser innovador, creativo y tener precio. El que manda es el precio, el que manda es el consumidor y el consumidor te pone el techo. El problema es que competimos con mucha informalidad: no es lo mismo una empresa con 25 empleados inscriptos que un galpón con gente en la ilegalidad que sale a vender sin registros. De hecho, me animo a decir que estamos en un 50% de informalidad laboral. En este escenario, el empresario que tiene entre 5 y 20 empleados y paga todo en regla es alguien ante quien hay que sacarse el sombrero y decir que es un héroe.
-Usted menciona que el sector de bebidas, su rubro principal, también siente el golpe.
-Sí, las bodegas están buscando el mercado interno porque la exportación está difícil por el dólar bajo y la disminución del consumo de alcohol a nivel mundial por la salud. Creo que los precios tienen que bajar, sobre todo en productos que no se pueden estocar por mucho tiempo, como la carne. Necesitamos mejores precios para la competitividad, aunque eso ya está llevando a algunas bodegas a crisis económicas.
-¿Qué debería nacer desde Río Tercero para mejorar la situación, más allá del contexto nacional?
-Debemos fomentar el asociativismo. Ver si podemos dejar la ciudad más linda, aprovechar que tenemos un lago a 10 km que es una preciosura para que la gente vaya y a la vez consuma en Río Tercero. Necesitamos empresas de producción. Nos hace falta que una fábrica emplee 20 o 30 personas; muchas fábricas chiquitas, pymes de 10 o 15 empleados. Yo creo que eso es lo que hay que empezar a fomentar para que haya más masa salarial hacia el consumo, pero no se ha visto de parte del gobierno nacional ninguna ayuda puntual a esas empresas que quieren abrir. También debemos ser más eficientes. Lo digital y lo presencial pueden convivir, pero tenemos que solucionar problemas básicos como el estacionamiento de vehículos, que es fundamental para la comodidad del cliente. Siempre les digo a mis empleados que el cliente es quien paga el sueldo y tenemos que ser más activos en la atención, aprender a vender.
-Finalmente, ¿mantiene la esperanza en el modelo que propone el país?
-Yo creo en el modelo económico, no creo en las personas. A veces me desilusionan las cuestiones personales; los proyectos pueden ser muy buenos, pero si las personas defraudan, se pierde la confianza. Los proyectos me gustan, pero me desilusiona la gente, que eso es lo peor.






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