Ejemplo emprendedor. Cortar, Coser y Crear, el original servicio puerta a puerta

Locales 20 de febrero de 2021 Por Tribuna
Norma Micatrotto retira los pedidos y asesora a domicilio, para luego trabajar en su taller, donde además dicta clases personalizadas de corte y confección
LOCALES-TALLER DE COSTURA

La pandemia de Covid 19 y su consecuente cuarentena, fue y aún es un padecimiento para muchos, pero a la vez se convirtió en una cantera de oportunidades para quienes aprovecharon a reinventarse. Norma Micatrotto, inquieta emprendedora, lo entendió así y comenzó a prestar un servicio que semana a semana creció y crece.
Así surgió “Cortar, Coser y Crear”, un servicio puerta a puerta de costuras en general y tapicería. 

Norma conoce el oficio de corte y confección desde que era adolescente, y el de tapicería gracias a su papá,  pero nunca lo había practicado hacia afuera del núcleo familiar.

La cuarentena, como a todo el mundo, la obligó a encerrarse en su casa y cancelar un viaje de vacaciones al exterior. Con todo el tiempo a disposición, cuenta a TRIBUNA que empezó con tareas de costura y tapicería pero solo para su hogar. Hasta que decidió abrir una página de Instagram publicando su número de teléfono y ofreciendo el servicio a domicilio. Y la demanda explotó. 
  “Empecé con trabajos de tapicería, desde cuestiones muy básicas. Y empezaron a llover llamadas”, dice.

Al comienzo de la cuarentena el año pasado, la circulación urbana estaba limitada a los números de DNI, pares e impares. Y con esa exigencia Norma pactaba las visitas a domicilio. Fue la idea que se le ocurrió ante esa restricción sanitaria. De ese modo retiraba los trabajos de tapicería, de zapatería, y de costura, para realizarlos en su casa y luego entregarlos terminados. “En 20 días me tapé de tareas para tres meses. Es sentarse a trabajar de lo que a uno le gusta. Mi sueño se hizo grande de arranque”, señala con entusiasmo.  

Ante esa nueva realidad, Norma se organizó de tal manera que durante el día recorre los domicilios recogiendo los pedidos y necesidades, toma las medidas de las prendas a confeccionar y asesora a sus clientes sobre los materiales a emplear. Y durante la tarde-noche trabaja en su taller. “Trabajo sin horarios, sin que nadie me condicione y en los tiempos que puedo”, asegura.

 La relación con los clientes le permitió a Norma asesorarlos acerca de qué telas comprar para tal o cual indumentaria, y qué tipo de cuerina o material -por ejemplo- es la adecuada para tapizar una silla o un banquito. Es más, se ofrece a realizar ella misma la compra en la tienda o acompañar a su cliente para haga la mejor elección. “El 99% de las mujeres trabaja a la par del hombre, y no tiene el tiempo para salir a comprar los materiales”, dice.

 De este modo, Norma estrechó los lazos de confianza con la gente, para asegurar luego un trabajo a tiempo y de calidad. Asegura que los horarios y tiempos son para ella muy importantes, y a la vez evitar que el cliente no se equivoque o sea mal informado cuando adquiere los materiales. Y añadió en ese sentido: “A una clienta le vendieron en una oportunidad hule por cuerina, y se lo advertí con sinceridad”.

Para Norma es importante ese asesoramiento previo, para que el trabajo salga con la mejor calidad y lograr la satisfacción plena de quien requiere su trabajo. Allí las redes sociales juegan un papel central, no solo para el primer contacto, sino también para la devolución posterior. Es muy gratificante que el cliente luego publique la foto del trabajo elaborado, lo arrobe y lo comparta a modo de agradecimiento.

 Las redes sociales y el Whats App son fundamentales. Su correcta utilización le posibilitó a Norma que sus ideas y sueños se convirtieran en una realidad: un servicio eficiente y completo para un nicho de mercado determinado que la ciudad estaba requiriendo. 

Enseñar y aprender

Pero las inquietudes de Norma no terminaron allí. A partir del pedido específico de una joven, organizó un esquema de clases personalizadas de corte y confección en su taller o a domicilio. Nuevamente en este caso, como al principio, descubrió la necesidad del servicio.

Los encuentros son pactados de acuerdo a la disponibilidad de tiempo, por horas, y de ese modo “la gente se siente comprendida, llenando espacios hasta emocionales en esta pandemia”, grafica.  

Corte y confección; armado de moldes, son básicamente las tareas que enseña, pero además el estímulo consiste en que las alumnas puedan confeccionar desde el día uno. “Hoy vino una jovencita a la siesta, y se hizo un mantelcito para tomar mate”, subraya. Las clases son personalizadas, intensivas. Y su costo por hora es acorde a situación económica actual.

Para Norma las sugerencias son muy bien recibidas. Una de sus clientas le planteó la posibilidad de realizar tejidos en lana para el invierno. “Gracias a Dios mi mamá me enseñó a tejer a los siete años”, recuerda. “Siempre quise poner en práctica lo que me enseñaron mis padres”, indica.

En ese sentido, Norma aborda un tema crucial de estos tiempos, que es la ausencia de mano de obra para determinados rubros. Sobre todo cuando se trata de trabajos prácticamente artesanales, en los que se prioriza el pedido concreto del cliente.

Cortar, Coser y Crear es un ejemplo real y concreto de cómo las ideas y los sueños se pueden hacer realidad, con creatividad, empeño, escuchando las necesidades de la gente y sobre todo trabajando. 

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