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Editorial. El paso de la chimenea al aula como motor de transformación

Locales16/06/2026TribunaTribuna
EDITORIAL

Es Río Tercero hoy únicamente una ciudad industrial? Esta pregunta no busca desconocer el origen que nos hizo explotar demográficamente, sino cuestionar si ese perfil es suficiente para los desafíos del presente. 

Nos encontramos en un punto de inflexión donde la fisonomía urbana y social ya no solo se explica por la radicación de fábricas, sino por la consolidación de un polo educativo con la llegada de dos universidades públicas: la Universidad Nacional de Río Tercero (UNRT) y la Universidad Provincial de Córdoba (UPC). 

Resulta llamativo, y hasta preocupante, que ciertos sectores de la dirigencia institucional local que representa al ámbito comercial, industrial y de servicios manifiesten una visión acotada sobre este potencial. Observar el auge de la educación superior pública como una "tendencia", una "moda" o algo que carece de "maduración" es síntoma de una miopía ante el futuro. 

Plan estratégico
Mientras que otras ciudades del interior celebran la presencia de una universidad, Río Tercero cuenta con dos. Este hecho diferencial obliga al Estado y a las fuerzas vivas a trazar un plan estratégico para capitalizar un fenómeno que promete ser un "antes y un después" en nuestra historia, tal como lo fue en su momento la industria tradicional a partir de la radicación de la Fábrica Militar en los años ’40. Sí, con esa magnitud debe analizarse el asunto.

No se trata de una "herramienta más" ni de un emprendimiento educativo que deba compararse con esfuerzos privados previos; la escala y el impacto de la universidad pública son enormes y radican en su capacidad de ser un motor de movilidad social y de igualdad, y el cimiento de la industria del conocimiento, un anhelo que nuestra ciudad persigue desde hace décadas, y que involucró a cientos de personas que buscaron concretar ese sueño.

La universidad pública impulsa la investigación científica y tecnológica, y ofrece una formación pluralista y diversa. Además, crea profesionales altamente capacitados para el desarrollo del país. 

Al ser gratuita o de muy bajo costo, democratiza el saber, permitiendo que talentos de todos los orígenes socioeconómicos accedan a carreras de grado y posgrado. 

Históricamente, es el motor de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la producción de conocimiento, generando un impacto directo en la sociedad. 

Es una herramienta fundamental para el progreso personal y colectivo, mejorando la calidad de vida y el acceso a empleos de mejor calidad. 

Así, la verdadera "maduración" de un proyecto de ciudad no surge del escepticismo, sino del apoyo decidido de quienes deben liderar el crecimiento. 

Seguir sosteniendo que el talento local está "desperdiciado" ante la supuesta ausencia de incentivos industriales mientras se minimiza el impacto de los centros de formación es una contradicción que no podemos permitirnos.

El futuro
Río Tercero ya posee la base industrial; ahora cuenta con las universidades. Lo que hoy se requiere es una dirigencia institucional a la altura del desafío, capaz de abrazar el conocimiento como el eje de una nueva economía y superar la nostalgia de una ciudad que solo mira hacia las chimeneas, ignorando que el futuro de Río Tercero se está escribiendo en las aulas.

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