

Uno de los indicadores del buen parto que tuvo Río Tercero fue el que la familia fundadora tuvo siempre especial preocupación por la educación. Por eso fue que don Modesto Acuña después de recibir la aprobación de los planos de lo que sería Río Tercero, gestionó la creación de una escuela y de allí nació la "Fiscal", que pocos años después llevaría el nombre del fundador. Aquella inquietud por la educación no murió con don Modesto sino que siguió con sus descendientes doña Zoila y don Pedro Marín Maroto.
El pueblo de perfil ferroviario y agrícola necesitaba otra escuela en un sector cercano al este, por lo cual se buscó una vivienda en esa zona para que allí funcionara la segunda escuela que tuvo nuestra población que nació al amparo de la llamada "Ley Láinez", el órgano educativo de ese tiempo. Fue bautizada con un número en lugar de nombre, la "196". Como toda escuela de una pequeña población nació pobre e inquilina, se alquiló una vivienda a don Juan Canosa, renombrado vecino de entonces, que estaba ubicada en una de las puntas del pueblo, la esquina de Córdoba y Provincias Unidas (hoy J. J. Magnasco y Roque Sáenz Peña).
Se abrieron las matrículas el día 11 de octubre de 1920, fecha que, con el tiempo se estipularía como la fecha de su cumpleaños. Aquel mismo día se inscribieron los alumnos: Vicente y Francisco Jurado, María y Manuel Castano, Ramón Acuña, Nicolás y Adelmira Orellano, Rosa y Luis Mandrini y Antonio De Buono. La primera maestra y directora fue Angelina Ortiz de Villarreal, contando con María L. Vendramini, como auxiliar escolar.
Aquel primer año fueron 86 los alumnos en la "escuelita del tala", como se la identificaba en razón de un gran árbol de esa especie que se levantaba junto a ella.
En aquellos primeros años concurrieron chicos con apellidos fácilmente reconocibles en la comunidad riotercerense: Silvio Adollo y Humberto Gigli; Arturo y Antonio Messi; Paula, Rosa y Ramón Cabero Funez; Etelvina, María Agustina y Arturo Dassie; Rosa, Nieves y Ramon Ferragut; Pedro, Ángel y Alberto Cavestri; Carlos Bonzano, Norberto y Susana Canosa; Manuel, Ángel y Delia Capello; Emilio, Emma y Amalia Boidi; Magdalena y Cristóbal Bongioanni; Francisca, Juan y Santiago Ravetti; Pedro y Victorio Maschio; Ricardo y Agustín Moriondo.
Durante 20 años la escuela funcionó en la casa de don Canosa. En 1922 la familia Marín Maroto ofreció un terreno en donación para que la escuela tuviera su edificio propio, pero el Estado Nacional no convenció a las autoridades educaciones y la donación no se concreta. En 1924 se conformó la primera comisión cooperadora y Julio Allieve fue su primer presidente.
Angelina Ortiz de Villarreal fue directora desde la fundación hasta 1940, con excepción de tres años, desde 1929 a 1931, durante el que la reemplazó Inés Clara Cordón. En 1940 llegó como directora Exilda Córdoba Amuchástegui y con ella el traslado a otro edificio alquilado esperando su local propio. Ella solicitó mejoras en el edificio escolar lo que obligaron a la búsqueda del nuevo local, don Francisco Luque ofreció uno en calle Uruguay, más cómodo y amplio, junto al lado donde luego se construiría el Cine Real Cooperativa.
En 1945, doña Zoila Acuña de Marín Maroto ofreció un terreno de una hectárea par que allí se levantará el edificio propio. Otra vez las autoridades educacionales consideraron que tampoco ofrecía las condiciones necesarias. Finalmente el heredero en el mismo sector, la de doña Herminia Sánchez de Acuña, ofreció un lugar de 12.500 m2 donde se levantó el hermoso edificio propio que se inauguró el 2 de abril de 1951, durante la dirección de Leopoldo Maderna.
En su hermoso edificio, la "196" se convirtió en el epicentro de un importante sector de la ciudad y su actividad educacional alcanzó el mejor nivel con docentes que dejaron profundas huellas.
En 1978 pasó a la Dirección General de Escuelas Primarias de la Provincia y el 19 de julio de 1983 se le impuso el nombre de "Gregoria Ignacia Pérez" evocando a una de las primeras patricias colaboradoras de Gral. Manuel Belgrano.
La "Gregoria Ignacia Pérez" es una escuela respetuosa de su pasado por eso fueron importantes los festejos de 1970 cuando cumplió sus bodas de oro. Otra fecha para atesorar es la del 30 de setiembre de 1987 cuando se inauguró el polideportivo con canchas de básquetbol; voley y fútbol y la del 17 de junio de 1994 cuando se habilitaron las salas de computación.
En sus 12 secciones de grados concurren alumnos en turnos mañana y tarde los que disponen de laboratorio de informática, biblioteca con computadora, multimedia e Internet, laboratorio de ciencias naturales y educación tecnológica, salas de tecnología, música, video y comedor además del rincón de lectura y recreación.
Nota del periodista César Herrera publicada años atrás para un suplemento especial de TRIBUNA.


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