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Personalidad de su tiempo. Marciano Melo, un pionero cuya huella aún se ve

Locales16/02/2026TribunaTribuna
MELO
Marciano Melo. (Archivo TRIBUNA).

Habrá algún otro riotercerense que haya acompañado tanto el crecimiento de cientos de chicos y jóvenes como Marciano Melo? De ninguna manera, porque fue un profesor que nunca se jubiló en esa tarea. Acompañó el crecimiento de adolescentes que se hicieron jóvenes de su mano, encaminados siempre por el camino del deporte y la vida sana y a otros, muchos, los acompañó en el ocaso de su vida cuando él también estaba en esa etapa.

Como tantos otros importantes riotercerenses no había nacido aquí sino en la ciudad bonaerense de Junín, un 20 de noviembre de 1911 y de muy chico se educó en un internado donde hizo la escuela primaria.
   Los estudiantes de los distintos colegios secundarios le decían cariñosamente "el viejo Melo", como sucede con todos los profesores, tengan la edad que tengan. Pero él había pasado los 80 y seguía haciendo cosas por lo que nunca se lo podía considerar un anciano porque era lo menos que parecía: delgado, fibroso, vital, inquieto, crítico, sonriente, bromista, memorioso.

No estuvo Marciano en el comienzo del mundo pero siempre pareció que así hubiera sido, lo cierto es que estuvo en el inicio de muchas cosas en nuestra ciudad, por eso nunca mejor dicho para él la calificación de "pionero".

Vino a Río Tercero en los comienzos de la Fábrica Militar de Munición de Artillería. Él contaba: "Cuando estaba de maquinista en la usina de Borghi, Santa Fe, sale un llamado del Ejército pidiendo técnicos para mandar a Europa a la recepción de las máquinas para la futura Fábrica Militar de Río Tercero... Yo ya estaba casado desde hacía cinco meses... y le digo a mi señora: ¿Querés que nos vayamos a Europa?", a lo que me responde, '¡Vos sos loco!, mirá si vamos a ir nosotros con todos los ¡acomodados; que deben querer ir!...' 'No importa', le conteste, 'yo voy a rendir lo mismo'". 

Rindió el examen ante el mismísimo general Manuel Nicolás Savio al que impresionó hablándole sobre unas plaquitas que habían salido en ese tiempo para la fabricación de proyectiles, y allí decidieron que él era uno de los elegidos para viajar a Europa.              

Fue en Berlín en que nació su hijo Héctor, al que muchos conocen por "El alemán". En esa estadía conoció a Hitler y hasta llegó a fotografiarlo en uno de los actos multitidinarios que el genocida realizaba, y ya de retorno en la Argentina, llegó a Río Tercero el 19 de noviembre de 1941, tiempo en que sólo estaba la mampostería la fábrica y las máquinas embaladas, que había que ponerlas en condiciones de funcionamiento. Allí estuvo Marciano y otros pioneros.

En aquellos tiempos a los técnicos y profesionales de la fábrica se les solicitó que ejercieran la docencia en los nacientes establecimientos secundarios. Y también allí estuvo siempre dispuesto Marciano a dar una mano; su paso por la docencia dejó una huella indeleble, especialmente en la Escuela de Aprendices de la FMRT, en la E.N.E.T. Nº 1 "Gral. Savio", en el Nacional "José Hernández", en la Escuela de Comercio y en el Instituto "Mariano Fragueiro" de Embalse. De estos establecimiento educacionales, con su tesón, constancia y trabajo se las arregló para transformar en campeones de atletismo a simples estudiantes secundarios que figuran en la historia grande de este deporte como Roque Eguillor, Antonio López y muchos otros.
 

También fue muy importante su paso por los clubes de la ciudad. En el Club Fábrica Militar dejó obras como la pista de atletismo y la pileta de natación donde vive el espíritu de Marciano; fue también el organizador del primer campeonato provincial de Atletismo en el que participaron figuras como Córsino Fernández, los hermanos Buonafé, Torcuato López y González.

Con el desaparecido Club Huracán que tenía como actividades el básquetbol y los bailes populares, realizó una verdadera revolución congregando a una gran cantidad de jóvenes entorno a esta institución.

También comandó un recordado equipo de basquet del Lawn Tennis Club Río Tercero que en su tiempo fue casi invencible. Asimismo también su accionar alcanzó a Atlético Río Tercero.

Su inquietud por el deporte, la gimnasia, la vida al aire libre lo llevó a trabajar en el ámbito de la Dirección de Turismo y Deportes de la Municipalidad en la década del '70 realizando distintos emprendimientos. De allí pasó a trabajar con los contingentes de jubilados que llegaban al Complejo Turístico de Embalse destacándose por su incansable trajinar con la gente de la tercera edad.

En 1987 recibió el reconocimiento más importante para un hombre de su edad: fue destacado como jubilado sobresaliente por la Caja de Jubilaciones, Pensiones y Retiros de la Provincia, acto que se realizó en el auditorio de la Casa de la Cultura.

Después de una existencia prolífica murió el 19 de mayo de 1999, a los 87 años. Post mortem recibió el reconocimiento de la Municipalidad durante la gestión del intendente Abel Bossa y José "Nino" Theiler como director de Deportes, cuando el Polideportivo Municipal fue bautizado con su nombre, nunca mejor ese homenaje pues él fue el impulsor de ese emprendimiento.

Nota del periodista César Herrera publicada años atrás para un suplemento especial de TRIBUNA.

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