Emmanuel Botta, un riotercerense que dejó una vida en la ciudad para buscar oro

Locales 06 de enero de 2024 Por Tribuna
Tiene 29 años y hace uno decidió dejar todo y emprender la aventura de transformarse en buscador de oro. Emmanuel Botta trabaja entre 8 y 10 horas en el cauce de un río, en San Luis, buscando el precioso metal.
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Por Mónica Jarrys - [email protected]

En Río Tercero tenía una vida ordenada con trabajo, familia, amigos. Pero sus ganas de vivir aventuras aunque fundamentalmente su deseo de alejarse, de encontrarse a sí mismo, lo llevaron a dejar Río Tercero para buscar oro en las sierras de Córdoba primero, en las de San Luis después.

La llamativa historia de Emmanuel Botta está llena de peculiaridades. A los 28 años -actualmente tiene 29- decidió hacer caso a ese llamado interno que le decía que debía buscar algo más, escuchar a esas inquietudes que tuvo desde niño. Y después de mirar varios videos e investigar en Internet sobre una actividad que siempre le llamó la atención, allá fue, con más ganas que experiencia y algún conocimiento adquirido de los videos que había visto. Su familia y amigos no coincidían con su decisión, pero nada lo detuvo.

Expectativas
El oro es reconocido como uno de los materiales de más valor en todo el mundo. Encontrarlo hace suponer rápidamente que se puede estar ante la posibilidad de convertirse en millonario. Sin embargo la experiencia demuestra que nada está más alejado de la realidad.

Cuando Emmanuel decidió convertirse en pirquinero -así se llama a quienes realizan labores de extracción de mineral en forma artesanal y generalmente de manera independiente- no supuso que podría tratarse de un oficio tan exigente, desde lo físico pero también a nivel mental.

“Siempre me gustó la minería. Cuando iba a un río, un lago o la montaña me centraba en buscar piedras. Fue algo que quise hacer desde chico y que cumplí recién ahora”, admite.

La decisión de dejar su trabajo en una empresa de fundición de Almafuerte para aventurarse a buscar oro, pudo cumplirla hace un año. “Desde hacía tiempo tenía ganas de salir a vivir aventuras y la situación del país, entre otras cosas, me llevó a tomar la decisión”, cuenta.

Con su mochila y unas pocas herramientas partió hacia la zona de Los Gigantes, en las sierras de Córdoba, también llegó hasta El Durazno, pero la poca experiencia con la que contaba hizo que la suerte no lo acompañara y el oro no apareciera.

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Un rumor sobre la presencia del preciado metal en La Carolina, una pequeña localidad en la provincia de San Luis que en el 1700 vivió la fiebre del oro pero hoy tiene solo 300 habitantes, lo llevó hasta el lugar.

“Mi primera intención no fue ir allí porque se trata de un lugar muy popular en esto del oro y no tenía expectativas de poder encontrar una buena cantidad como para poder vivir de esto”, asegura. Sin embargo, Emmanuel llegó a San Luis decidido a que la búsqueda de oro se convirtiera en su forma de vida y no en un hobby como para la mayoría de los argentinos que se dedican a esta actividad.

La soledad
Un paraje solitario e inhóspito, un río y casi ninguna persona fue con lo que se encontró. “Solo me crucé a un australiano, Luke Creighton, que se dedica a lo mismo y que fue quien me enseñó mucho”, dice.

Emmanuel vivió durante muchos meses como un ermitaño. Las primeras noches las pasó en una carpa, durmiendo sobre tres piedras a orillas del río en el que trabaja de ocho a diez horas diarias y sin importar las condiciones climáticas. “Hace un tiempo que estoy acomodando una choza que estaba derrumbada y ahora vivo ahí y estoy más resguardado del clima y de los animales”, cuenta.

Los primeros dos meses no fueron fáciles y además de no encontrar oro tenía que enfrentarse a las dificultades que le ponía por delante el monte. “El problema que tenía al principio era caminar a oscuras. Un día agarré y me fui a un bosque y me quedé toda la noche despierto con el cuchillo y la linterna. Quería eliminar ese miedo. Ahora si quisiera camino desde el pueblo hasta mi campamento a oscuras y son casi 10 kilómetros”, relata.

Lo que vivió en el último año bien puede ser una historia de película. Lo que no deja de sorprender a Emmanuel es la forma en la que conoció al australiano: “El tipo estaba solo desde hacía tres años, no habla español... Me lo crucé en el río, había escuchado rumores sobre un ‘gringo canadiense’ que vivía por ahí. Tuve mucha suerte porque me enseñó a trabajar bien”, cuenta sobre este personaje con el cual se comunicaba en inglés.

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En  mayo de 2023 Luke, el australiano que enseñó a Emmanuel el oficio, partió hacia Nueva Zelanda. Ésta fue la última foto que se tomaron juntos

Luke fue durante un año una de las pocas personas con las cuales Emmanuel intercambió palabras. “Por ahí me cruzaba algún gaucho, pero el australiano era el único al que veía la mayoría de mis días. Yo siempre digo que en esto lo más difícil es pelear contra la soledad, si podés contra eso, lo demás es fácil”, asegura.

La experiencia que ganó en pocos meses le valieron para vivir de la búsqueda de oro. Al principio solo le alcanzaba para comprar su comida pero ahora puede vivir de la actividad que eligió: “El oro que obtengo del río, que es de 19 kilates, lo vendo en una joyería en San Luis capital”, dice y asegura que el día en que más metal obtuvo, con ayuda de otra persona, logró tres gramos “lo cual es muchísimo en ese río porque ya fue trabajado”.

Cada gramo de oro se comercializa en unos 35 mil pesos y lo que a priori puede parecer un negocio redondo se enfrenta a la cantidad de esforzadas horas de trabajo que hay que dedicar: “Una cosa es encontrarlo y otra cómo lo sacás”, aclara Emmanuel.

Un análisis del tramo del río en el que buscará oro lo lleva a buscar la presencia de determinadas piedras específicas y otras características que aporten indicios acerca de la posibilidad de encontrar el valioso metal. En ocasiones es necesario desviar el curso del río con una pequeña represa para poder trabajar en seco para después picar la piedra, sarandear y ese material fino es arrojado en una trampa de oro, una herramienta sencilla, que permite separar el metal. Es una tarea que demanda un gran esfuerzo físico pero Emmanuel está dispuesto a pasar sus días así.

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En un solo día de trabajo y junto a otra persona, Emmanuel encontró tres gramos de oro, un hallazgo importante que no siempre se da

Respecto al futuro sueña con poder tener su propio equipo de trabajo, con gente capacitada por él para que cuando el cuerpo ya no lo permita sean otros quienes busquen su oro. También abrir una joyería es el sueño de Emmanuel. Para cumplirlo le quedan años de trabajo por delante en los que planea recorrer la Argentina primero y otros países después. Esta semana ya partió nuevamente a San Luis. Allí tiene previsto trabajar durante un mes más y luego regresará a Córdoba “para darle una nueva oportunidad a las sierras”, asegura.

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