Las víctimas del atentado a Fábrica Militar

Locales 03 de noviembre de 2020 Por Tribuna
Siete vecinos de Río Tercero perdieron la vida a raíz de las explosiones de la Fábrica Militar, unos 300 resultaron heridos y hubo cuantiosos daños materiales
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El 3 de noviembre de 1995, a las 9 de la mañana, estallaron los depósitos de municiones de la Fábrica Militar, muriendo siete vecinos, más de 300 resultaron heridos, además de generarse cuantiosos daños materiales.

Un monumento, ubicado en la Plazoleta de la Evocación, recuerda a las siete víctimas:

Aldo Aguirre: Tenía 25 años, y falleció cuando trabajaba en una empresa de conservación de espacios verdes, en inmediaciones de la terminal de ómnibus. Fue alcanzado por una esquirla, en la segunda gran explosión, cuando se encontraba ayudando a una joven que se había caído de su ciclomotor.

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Elena Rivas de Quiroga: Tenía 52 años. Estaba en su domicilio de barrio Monte Grande, junto a su esposo Manuel. Al producirse la primera explosión, tomó su bicicleta y se dirigió a barrio El Libertador, para conocer cómo se encontraban unos familiares. En cercanías de los Tribunales, fue golpeada por una esquirla. Falleció a los pocos días en un nosocomio de Córdoba.

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Laura Muñoz: Tenía 27 años. Con su mamá y su hermano, escapaban en barrio Escuela de las explosiones, cuando una esquirla golpeó en su cuerpo. Mal herida fue llevada por su hermano a una de las clínicas de la ciudad, en donde dejó de existir.

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Hoder Dalmasso: Tenía 52 años y era profesor en la exEnet. Junto a otros docentes comenzaron a evacuar el establecimiento. Luego se dirigió en su automóvil, para conocer cómo se encontraban sus dos pequeñas hijas. En el trayecto, se presume que en la tercera gran explosión, falleció de un ataque cardíaco. Ana Gritti, su esposa, como abogada, fue querellante penal y quien bregó para que la causa no se cerrara como un accidente. Fallecería en 2011.

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Leonardo Solleveld: Tenía 32 años y vivía con su familia en barrio Cerino. Tras la primera explosión, le dijo a su esposa Silvia, que se quedara con los chicos, ya que buscaría un vehículo para poder sacarlos de allí. Silvia, ante la demora en su retorno y la continuidad de los estallidos, salió a la calle, en busca de ayuda. Encontró a su marido, que había perdido la vida por el impacto de una esquirla, en la esquina de su casa.

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Romina Torres: Tenía 15 años y estudiaba en el Colegio Nacional José Hernández. Junto a una compañera de curso, se encontraban abrazadas frente a la casa de la hermana de su amiga, intentando protegerse de las esquirlas, en barrio Escuela. Uno de esos pedazos de metal le provocó la herida que le quitaría la vida.

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José Varela: Tenía 51 años, era de Corralito y trabajaba en la Fábrica Militar. Según recordaría su madre, Ramonita, fallecida hace algunos años, José –por orden de un superior– debió quedarse al cuidado de su vivienda. Allí estuvo, muy cerca de los estallidos, desde las 9 hasta las 18. Por la noche, cuando era trasladado a su pueblo, sufriría un ataque cardíaco. El estrés había sido demasiado.

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