Personajes de pueblo: Carlos Orodá, toda una institución

Regionales 24 de agosto de 2020 Por Tribuna
Villa Ascasubi. Su intensa vida social lo llevó o ocupar roles claves dentro de la localidad, tanto en el sector público como privado.
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1 / 2 - En familia - Carlos Orodá, rodeado de sus hijos Ariel, Miriam y su mujer Mirta.

Por Nicolás Cravero

Aunque gran parte de su vida se desarrolló en el campo, eso no le impidió tener una intensa participación en las principales instituciones de Villa Ascasubi.

Por decantación, este rol social le significó a Carlos Orodá, ganarse el mote de “personaje de pueblo”.

Concejal, presidente de la Cooperativa y fundador de una de las empresas más importantes de la localidad es parte del legado que aún disfruta con sus 78 años.

Él mismo atribuye este currículum a una naturaleza inquieta y espíritu de superación que en buena parte heredó de su padre Oreste.

“Le decían el Negro del Bajo porque era el más pobre de la zona, pero de jornalero llegó a comprar algunas hectáreas de campo”, recuerda sobre su progenitor.

“Fue una infancia dura, todos trabajábamos en familia, pero muy afectiva”, continúa repasando en torno a aquella época que también compartió con sus hermanas mayores, Norma y Haydé.

En el esfuerzo descripto también se puede incluir los siete kilómetros que debía hacer cada día en bicicleta para asistir a la escuela primaria.

Desde entonces y hasta hace 18 años, permaneció en el mismo campo. Aunque se casó con Mirta, atendió el pedido de su padre de seguir viviendo todos juntos. Luego llegaron Miriam y Ariel, sus dos hijos.

También en plena zona rural, su mamá Dominga estaba al frente de un recordado almacén de ramos generales llamado “El Progreso”. Si bien cerró sus puertas a principios de los 90´, Carlos todavía se encarga de mantener el cartel que recuerda el nombre de un lugar que figuraba en viejos mapas de la provincia, asegura.

Aunque solo queda una estructura vacía de muebles, está llena de recuerdos y es motivo suficiente para seguir visitando el lugar cada vez que puede, junto a su esposa.

Al margen de la referencia familiar que ayuda a entender la personalidad del personaje elegido, fue más allá de su casa donde tuvo un largo recorrido por instituciones, comenzando con la comisión de la escuela rural Luis Pasteur de Campo Picatto, a donde concurrieron sus hijos.

También se describe como uno de los principales impulsores para que la energía eléctrica llegara a la zona rural.
Si bien no estaba solo en esa gestión, recuerda que no fue sencillo cambiar la idiosincrasia de muchos “colonos”.

“Hubo que convencerlos del avance en confort que significaba cambiar la heladera a kerosene por una eléctrica, alumbrarse con luz en vez del sol de noche o poder hacer reparaciones en el taller”, recuerda.

Posiblemente, allí haya sentado las bases para luego ser invitado a participar de asambleas en la Cooperativa de Servicios Públicos.

Durante 20 años, ocupó distintos cargos en esa institución, llegando a presidir el Consejo de Administración entre 1990 y 2000.

De esa gestión, destaca algunos logros como haber incorporado lámparas de bajo consumo al alumbrado público, construir una línea con postes de cemento y hormigón, que une la localidad con Tancacha y sobre todo, terminar con algunas disputas políticas internas.

En este aspecto, el de evitar la confrontación y buscar el consenso, hace especial hincapié, sugiriendo que fue un estilo de vida, incluso durante su incursión en la política.

Orodá comenzó a ejercer como concejal en el gobierno del radical Juan Alberto Suescum, “haciendo una oposición sana y apoyando aquellas cuestiones que significaban progreso para el pueblo”, enfatiza.

Con la llegada de Fernando Salvi a la intendencia en 1999, creció su protagonismo y llegó a presidir el cuerpo de ediles, manteniéndose allí en el gobierno de Zully Fonseca.
“Apoyé a dos gobiernos que fueron positivos, porque aunque nunca se puede dejar conformes a todos, las cosas que hicieron están ahí, se pueden ver en el pueblo”, señala.

Salvi lo volvió a convocar en la última elección y accedió a ocupar un lugar en la lista, aunque ya como concejal suplente.

Asume que “después de tantos años ya se siente el desgaste y es momento de ceder espacio a gente joven aunque puedo seguir aportando desde otro lugar”.

Su recorrido institucional también incluyó un rol central en la llegada al pueblo de una sucursal del Banco de Río Tercero, donde actualmente funciona una sede de Bancor.

En el ámbito privado tuvo una iniciativa de influencia pública por la cantidad de mano de obra generada.
En 1999 fue uno de los fundadores del Grupo Ckoos, que actualmente emplea a 60 personas y contribuye notablemente para que en Villa Ascasubi, prácticamente no haya desempleo.

“Siempre pensé que a la producción había que darle valor agregado y se dio la oportunidad de unas instalaciones que remataba el banco. Así arrancamos con otros cuatro socios”, señala.

Aquella pequeña empresa fue creciendo hasta abarcar buena parte del acopio de cereal en la zona, además de vender agroquímicos; pero fue con el maní que lograron trascender fronteras, ya que exportan el 90 por ciento de esa producción.

Aquí lo acompañan su hijo Ariel, licenciado en administración y Diego Demarchi, ingeniero agrónomo de Río Tercero.

“Soy un agradecido al pueblo por el apoyo y la vida por todo lo que logré. Siempre busqué mejorar, creo que participar de las instituciones y conocer gente me abrió posibilidades”, expresa a la hora del balance que va cerrando esta charla.

A pesar de tanta exposición púbica, asegura: “No tengo enemigos y estoy tranquilo porque nunca actué de mala fe ni percibí un peso en mi paso por las instituciones, todo lo hice por el progreso del pueblo porque sabía que eso iba a ser bueno para la comunidad y uno mismo”, concluye Carlos Orodá.

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