Informe especial. Cuarentena: hoteles y restaurantes alimentan la lista de víctimas

Locales 08 de agosto de 2020 Por Nicolás Cravero
HOTELERÍA Y GASTRONOMÍA. Ahora el Hotel Mayoral y antes el Argentino, donde se combinaban ambos rubros, magnificaron el tamaño de la desesperante situación del sector. Ni la vigencia pudo evitar el cierre tras infructuosos intentos.
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1 / 2 - El Mayoral fue el último en cerrar

Por Nicolás Cravero

La cuarentena se extiende y a su paso las consecuencias económicas no dejan de sumar víctimas. Los sectores gastronómico y hotelero están claramente entre los más afectados y en los espacios donde se complementaron ambos, la crisis toma dimensiones más visibles aún.

El emblemático resto-bar Stadium, en pleno centro de la ciudad o el tradicional residencial Richard, con 50 años de historia, encendieron alarmas previas en cuanto debieron cerrar sus puertas.

Pero después se sumaron otros casos donde hoteles y restaurantes que formaban parte de una misma estructura, corrieron la misma suerte.

En el Argentino y más recientemente el Mayoral, el orden no alteró el producto. En el primero de los casos, cerró el hotel más grande de la ciudad y le siguió el local gastronómico unos días después. En cuanto al que se encontraba sobre avenida General Savio, la concesión del resto-bar se cayó un par de meses antes de cerrar el alojamiento.

La tradición de estos establecimientos, algo que suele integrarse al valor de la marca, no resultó un antídoto contra esta situación, teniendo en cuenta los 46 años del Argentino y 32 del Mayoral.

Dentro de tanta incertidumbre de cara al futuro, lo concreto es que si algún día, Río Tercero recupera su histórico flujo de eventos sociales o deportivos, puede no dar a basto para alojar visitantes u ofrecerle una cantidad de opciones gastronómicas acorde para una ciudad de su tamaño.

Dos meses antes de cerrar el hotel Mayoral, se rescindió la concesión de su restaurante y los planes de venta del Argentino obligaron a desalojar otro histórico local gastronómico.

También cabe preguntarse si quienes sobrevivan a esta situación, tendrán como premio una mayor demanda o la nueva normalidad abrirá un nicho de mercado para futuros emprendimientos.

Hasta el momento, solo se encuentran activos el hotel Claro de Luna, en la zona céntrica y el Apart Hotel Tres, en las afueras de la ciudad. Permanece cerrado el Hotel Vélez Sarsfield, aunque su dueño había afirmado que de manera temporaria.

Por lo pronto, si de hoteles se habla, aunque desde mayo pudieron volver a recibir huéspedes, el movimiento no supera el 10 por ciento de lo habitual, aseguran.

Con tarifas de servicios que nunca se acomodaron al parate, estructuras edilicias que demandan constante matenimiento y empleados que necesitan seguir cobrando, la ecuación se torna insostenible en el tiempo.

Por el lado de los restaurantes, más acá en el tiempo también se les permitió volver a trabajar, luego de hacerlo solo mediante el servicio de delivery que lejos estaba de cubrir los costos.

No obstante, entre las limitaciones en torno a la capacidad y el temor social que conspira contra las salidas desde que Río Tercero dejó de ser “zona blanca”, el panorama también es incierto.

Efecto dominó en el Hotel Argentino

Informe: la crisis hotelera y gastronómica

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Ante los planes de venta del emblemático edificio céntrico, comenzaron a desocuparse los locales de la planta baja, entre ellos, el restaurante que venía resistiendo a pesar de la caída en la cantidad de comensales.

Aproximadamente un mes atrás la ciudad se quedaba sin un ícono que había dominado el final de la parte céntrica, durante casi medio siglo.

El cierre del Hotel Argentino abría interrogantes sobre otro comercio histórico, conectado pero con cierta autonomía: su restaurant.

Siguió abierto unos días pero la onda expansiva lo alcanzó y el sector gastronómico perdió otro de sus referentes históricos.

Gustavo Dalmasso se encontraba al frente del lugar desde 1999, continuando el legado que 20 años antes había iniciado su padre Marcelo.

Aunque asegura que su intención era seguir resistiendo hasta fin de año, se vio forzado a dejar el lugar ya que la intención de los dueños es vender el lugar vacío, incluyendo los locales de planta baja, según explicó.

En cuanto se venzan los restantes contratos, en el lapso de este año, ya no quedará ninguna operación comercial en la esquina de Libertad y Fray Justo Santa María de Oro.

Por supuesto que el restaurante no era ajeno a la crisis y “los números no daban”, admite Dalmasso, pero no solo porque dejó de trabajar con el hotel. 

El gastronómico percibía que el flujo de comensales, especialmente clientes de varios años, preferían permanecer en sus casas, antes que salir en estas condiciones.

De esta manera, además de interrumpirse abruptamente una tradición familiar, se perdieron siete fuentes de trabajo.

“Es lo que hice toda la vida”, destaca Dalmasso mientras analiza cómo continuar en el rubro, sin que ello no signifique otro paso en falso.

Sin embargo, hasta el momento reconoce que no encontró otro lugar con condiciones similares al que acaba de abandonar.

¿El Mayoral será el último en cerrar?

Más de tres décadas de posicionamiento no fueron suficientes para evitar que el hotel de la avenida General Savio también dejara de operar. En su restaurant la concesión ya se había rescindido dos meses antes.

HOTEL MAYORAL


Esta semana, cedió la resistencia del hotel Mayoral y se sumó a una tenebrosa lista que ya incluía al Residencial Richard y el Hotel Argentino.

Más allá de las fuentes laborales que se pierden, en esas habitaciones donde ahora retumba el silencio, quedó archivada la mayor parte de la historia hotelera de la ciudad.

Entre 30 y 50 años de experiencia en el rubro, acumulaban cada uno de estos espacios.

Lejos de los niveles de ocupación que le permiten tener rentabilidad, como efecto del prolongado aislamiento, fueron cayendo como un efecto dominó del cual nadie se anima a aventurar que no queden más fichas.

Claudiana Gabaglio, quien estuvo al frente del Mayoral durante los últimos 17 años, elige mirar hacia adelante.
 Con una mezcla de impotencia y bronca, no solo se coloca en esa perspectiva desde el punto de vista personal, como una forma de superar este momento. También se permite preguntar qué pasará con el sector y la economía de la ciudad.

“Con todos estos establecimientos cerrados, Río Tercero se perderá de ganar dinero genuino que llegue desde afuera porque va a ser muy poca la gente que podamos recibir”, prevé.

“No se ha tenido en cuenta a la gente que aguanta, invierte, tiene esperanzas y da trabajo. No estamos ni en agenda, porque no se aprueba la emergencia económica, las leyes solo cuidan al empleado pero a nosotros quién, habría que equilibrar las cargas”, exclamó.

Gabaglio cree que a esta altura es necesario “aprender a cuidarse  sin limitar nuestra libertad de trabajo, porque tampoco te facilitan nada y son socios en la ganancia pero no en la pérdida”, en clara referencia al rol del Estado.

“Ninguno de los hoteles cerrados han sido fantasmas, tienen nombre y apellido, daban trabajo real sin ocultar nada detrás como en muchos lados, somos gente común al frente de un comercio como cualquier otro”, agregó en su descargo.

“No se ha tenido en cuenta a la gente que aguanta, invierte, tiene esperanzas y da trabajo. No estamos ni en agenda, porque no se aprueba la emergencia económica, las leyes solo cuidan al empleado pero a nosotros quién, habría que equilibrar las cargas”, exclamó.

Ponerle llave al inmueble no acaba mágicamente con los inconvenientes pero detiene al menos la sangría. A la angustia diaria de no percibir una luz al final del tunel, le seguirán ahora, arduas negociaciones para cancelar compromisos asumidos con empleados y los prestadores de todos los servicios que acumularon deuda.

Como parte del hotel, hasta mayo funcionó el resto bar, cuya concesión fue rescindida sin ni siquiera analizar la posibilidad de reabrirlo en el corto plazo.

“Muchos lo recordarán como el único lugar de la ciudad que estaba abierto las 24 horas, al menos en sus primeros tres o cuatro años”, repasa Gabaglio.

A partir de su fisonomía y mobiliario, combinando piedra y madera, conjugaba una personalidad diferente a todo lo que había, intenta describir esta conocida comerciante local.

Como propietaria de ese inmueble señala que se tomará un tiempo para pasar este “duelo” y pensar en qué se puede transformar, aunque está abierta a cualquier posibilidad, incluso a recibir huéspedes nuevamente si el futuro lo permite.

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