Vino por unos partidos y se quedó toda la vida

Regionales 29 de junio de 2020 Por Tribuna
Héctor “Pancho” Mendez. Llegó muy joven a Tancacha tras la búsqueda de un trabajo que también le permitiera jugar al fútbol. Terminó integrando aquellos recordados equipos de Huracán, en la misma cancha conoció a quien sería su mujer y así echó raíces en el pueblo.

Por Nicolás Cravero

Con apenas 17 años, llegó a Tancacha buscando trabajo pero al mismo tiempo la posibilidad de jugar al fútbol y seguramente lo que encontró, superó sus expectativas.
 Lo que podría haber sido una aventura adolescente, se transformó para Héctor “Pancho” Mendez en una decisión de vida, porque de esta localidad no se fue más.
 El prematuro fallecimiento de su padre en la localidad de Coronel Baigorria precipitó la búsqueda de un porvenir en otras latitudes.
 Fue así como un amigo de Las Gamas, -pequeña población rural ubicada al sur de la región-, le ofreció la posibilidad de trabajar en el campo.
 No era para cualquiera la tarea de cargar bolsas de 60 o 70 kilos recuerda, pero su fortaleza física le ayudaba.
 Poder jugar al fútbol era una condición clave para permanecer por estos pagos, ya que había desechado una oferta de Banda Norte de Río Cuarto, con propuesta laboral incluida en la Pepsi, repasa.
 Estar en el momento justo y lugar indicado, como se dice, fue de alguna manera lo que ocurrió con “Pancho”.
 En Tancacha, se estaba gestando el ciclo más exitoso en la historia  del club Deportivo Huracán y este joven estaba listo para formar parte.
 Lo que vino después es una historia bastante conocida por los futboleros de la zona. El Globo ganó cinco títulos seguidos y luego dos más, entre 1968 y 1975.
 “Era un equipo completo en todas las líneas, desde el arquero a los delanteros”, describe quien fuera su lateral izquierdo, aunque si era necesario, ocupaba distintos puestos de la defensa.
 De acuerdo a su autoreferencia, capacidad en los cruces, para elevarse y cabecear o no titubear a la hora de sacar, evitando la gambeta, como pedía el técnico, le permitió a Mendez integrar ese plantel.
 Para más allá de grandes jugadores, apunta a la comisión directiva como gestora clave de esos logros deportivos.
 En ese marco, la referencia principal no podía tener otro destinatario que el recordado Amílcar “Cachón” Ramondelli.
 Generosidad y sencillez son las características resaltadas por Mendez a la hora de recordar al histórico dirigente. “No le negaba la mano a nadie y se ponía a charlar con cualquiera, sin importar si era radical o peronista como él”, resalta.
 En cuanto a la primera de las virtudes destacadas, agregó que “Huracán pagaba bien y cumplía”, con lo cual se había transformado en club muy atractivo, para jugadores de variadas procedencias, sobre todo de Córdoba.
 Pero la posibilidad de progresar no podía limitarse a ser un buen futbolista. Así fue como Ramondelli le facilitó todo los necesario para que Mendez adquiriera un taller metalúrgico junto a otros jugadores. 
 Aunque con el tiempo, las sociedades se diluyeron, el personaje de esta historia continuó en el rubro hasta que decidió jubilarse.
 Su vínculo con el deporte también fue duradero. No solo con el fútbol, al que siguió jugando hasta los 45 años en el equipo senior de Huracán y más también de manera informal. Siguió ligado al club, colaborando con la dirección técnica, incluso de las inferiores. Aunque la pandemia interrumpió la actividad, Héctor encontró desde hace dos años en el newcom, -esa adaptación del voley para adultos mayores-, la posibilidad de seguir en movimiento.
 Su esposa, Aida Mafey, lo acompaña en el equipo mixto del Deportivo Casino de Río Tercero y asegura que “es un espectáculo verlo jugar”. 
 Según afirma, ahí se olvida de aquellos  dolores de espalda que quedaron como secuela de una ardua vida laboral.
 A su compañera de vida la conoció precisamente en una cancha, al poco tiempo de comenzar a integrar el equipo de Huracán y a los 21 años se casó con ella.
 Producto de ese matrimonio, nacieron tres hijos, Mariana, Darío y Mónica, ésta última esposa del actual intendente, Víctor Vera.
 Admite que la política es un “tema delicado” aunque no duda en valorar la gestión del jefe comunal. Es conocida la matriz “ramondellista” de Vera y su suegro encuentra algunos paralelismos con “Cachón”, sobre todo, en la continuidad de aquella tradición de repartir regalos entre los niños del pueblo en ciertas fechas y “su sensibilidad para ayudar a la gente”.
 Pero claramente, su popularidad como personaje de pueblo data de mucho antes y por méritos propios.
 “Cuando la gente me saluda por la calle, siento que vuelve el respeto que uno siempre ha tenido, pero de manera doble”, expresa “Pancho”.
 Ahora es momento de cosechar tanto afecto, aunque no le haga falta salir a la calle, porque asegura tener una “familia muy unida”, aunque la debilidad son sus cuatro nietos. 
 Desde Matías, que ya tiene 22 años, hasta Guillermina de un año y cuatro meses, pasando por Nicolás (20) y Angela (16), son quienes “nos mantienen activos y rejuvenecen”, aseguran al unísono, los abuelos Héctor y Aida.

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