"Lo que más extraño es la libertad"

Regionales 21 de marzo de 2020 Por Tribuna
Sandra Bossa. Desde hace cinco años reside en uno de los países que actualmente se encuentra más afectado por la pandemia. Cómo vive, qué hábitos debió incorporar y qué observa en la sociedad, son testimonios que pueden ayudar a tomar la real dimensión esta situación sanitaria.
REGIONALES - Sandra

Necesito contarlo", responde cuando le agradezco la predisposición para compartir su experiencia.
 Hace cinco años, Sandra Bossa dejó la ciudad de Hernando para continuar su vida en Italia, el país más hermanado socio-culturalmente con esta región.
 Al margen de las dificultades que implica el desarraigo, se encuentra ahora ante esta experiencia extrema en uno de los lugares más castigados del planeta por el coronavirus.

 Sandra debe seguir viviendo, yendo a trabajar, comprando lo mínimo y justificando cada salida, en la ciudad de Cuneo, al norte de ese país, foco de la pandemia.
 Para ella, la contaminación reinante en la zona más industrial fue el escenario ideal para la propagación del virus y eso explica por qué allí el número de casos se multiplica notablemente.

 A su vez, los históricos vínculos comerciales de esa región con China, desde que formaba parte de la "ruta de la seda", con la numerosa comunidad oriental que allí reside, también contribuyó.
 Según advierte, el resto lo hizo la propia conducta de los italianos ante los primeros brotes, escapando de las ciudades a pueblos pequeños, que por su predominio de adultos mayores "prácticamente han desaparecido", asegura.

 "Una economía devastada" es otra arista de su observación, asegurando que miles de familias se han quedado sin trabajo, más allá de que la mayoría cuenta con asistencia de "un Estado que está mendigando plata por todos lados pero no alcanza".
 En cuanto a la situación sanitaria, tal como se informa, asegura que está "saturada", pero no solo en cuanto a equipamiento o camas. "Se nos están enfermando los médicos y deben apelar a jóvenes sin experiencia para mandarlos al campo de batalla", advierte.

 Tras el diagnóstico general de la situación, Sandra se centra en su propia experiencia y un modo de vivir con el que intenta acostumbrarse, pero le angustia desconocer hasta cuándo se extenderá.
 Afortunadamente, ella no presenta síntomas físicos, pero la mella psicológica se hace sentir. "Soy una sombra de lo que era, vivo con miedo, es algo que nunca imaginé y parece una película de terror", advierte.
 Por trabajar como asistente de una familia con patologías graves, es consciente del riesgo que representa y cuenta con naturalidad los hábitos incorporados.
 Cambiarse la ropa cuando regresa al hogar o limpiar los productos comprados con alcohol, son medidas básicas.

 En torno al estado de cuarentena que en Argentina se implementó recientemente, la hernandense explica que naturalmente, los movimientos se han reducido a la mínima expresión. "Comprás lo que hace falta y te vas", comenta, evitando por ejemplo, los supermercados a donde va su hija.
 También afirma que nunca hubo desabastecimiento, salvo con el papel higiénico, fenómeno para el cual no encuentra una explicación lógica.

 "Al principio la gente se rehusaba a hacer caso, hasta que un día dijeron basta y cerraron todos los restaurantes y bares", recuerda.
 Por la calle transita con un "autocertificado de movimiento", según describe, una especie de declaración jurada donde afirma que no representa un riesgo de contagio. Si ocurre lo contrario, una nueva ley la expone a multas y hasta prisión.
 "Dichiara sotto la propria responsabilitá", se puede leer en  un certificado impreso que completa con sus datos personales.

 "La gran cantidad de contagios se dio por falta de respeto a las normas, la gente no entiende, son muy anarquistas, discute por nada, sobre todo los mayores de 50 años". enfatiza. "Pasé la guerra, no me va a matar un gripe", asegura haber escuchado en más de una ocasión por parte de adultos mayores sentados en una plaza.

 También en los jóvenes observa actitudes desafiantes, como de una virtual inmunidad que los invita a disfrutar de paisajes urbanos desolados.
 La cuarentena implica demasiado tiempo dentro de casa donde la cocina se ha transformado en una práctica intensiva, al igual que la limpieza, acompañada por la música como un bálsamo más eficaz.
 Cosas sencillas, cotidianas, que no son costosas, son las más añoradas por Sandra. Extraño salir a caminar, sentarme al sol, agarrar la bici para irme a la montaña, extraño la libertad”, exclama.

 De todos modos, la virtual sensación de seguridad que se siente puertas adentro es la que facilita el acostumbramiento..
 Sandra está al tanto de lo que ocurre en su país de origen y siente que vamos por el mismo camino, al menos por las conductas que observa.

 La experiencia italiana la habilita para afirmar que sin la presencia de Gendarmería y la Policía en la calle desde un primer momento, la cuarentena no surtirá efecto
 "Esto permite conocer mejor a las personas, quien respeta y quien no", afirma como principal valoración de la experiencia vivida.

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