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Personalidad de su tiempo. María Elena Carranza. Sembraba voces, cosechaba coros

Locales20/04/2026TribunaTribuna
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María Elena Carranza. (Archivo TRIBUNA).

Río Tercero tiene una riquísima historia coral que se inicia en la década del '50 y no decae hasta la actualidad. En ese trayecto de más de medio siglo ha habido épocas más brillantes que otras hasta alcanzar en la actualidad un desarrollo estable, sólido y en creciente. Y en estos 50 años corales hay figuras de indiscutible y rica trayectoria como Edgardo Baisre, Haydée Ochipinti, Nelva N. Canavesio y directores más jóvenes que vienen trabajando con intensidad.

En la música coral existen casos especiales de docentes que marcaron épocas, señalaron caminos, despertaron vocaciones escondidas y se mantienen como ejemplos a seguir por aquellos que aman la música y están dispuestos a hacer un mundo mejor. Y uno de esos casos fue el de María Elena Carranza, ausente desde hace varios años, dueña de una existencia luminosa, una vida dedicada generosamente a los demás y cuya huella aún se nota en muchos coreutas a los que ella inició y enseñó en la disciplina.

María Elena tenía los genes musicales de su madre Nidya Quintana, quien fuera profesora de piano y docente de música de extensa trayectoria, quien se había casado con Pedro Conrado Carranza, integrante de una de las familias nativas de estos pagos. Como se acostumbraba antes a María Elena la enviaron de muy niña a estudiar piano con una profesora particular pues no existía el conservatorio provincial. Fue la española Soledad Caballero, madre del poeta y dramaturgo Juan de Dios, quien pronto se dio cuenta de las condiciones de la niña y le recomendó que siguiese el camino de la música pues era lo suyo.

Apenas recibida de Maestra Normal Nacional comenzó a ejercer la docencia de música en la escuela Nº 483 por la mañana ya que por la tarde viajaba a Córdoba para estudiar Didáctica Musical, Composición y Dirección Coral en la escuela de Arte de la UNC. A sus 18 años se le presentó una oportunidad que le marcaría la vida y también su carrera docente: una beca para permanecer un año en Santiago de Chile para estudiar en el Instituto Interamericano de Educación Musical. Aquel viaje y el año que estuvo alejada de su hogar demostraron a todos su carácter fuerte y decidido que marcaría a una docente de alma que entregó su vida a sus alumnos, a sus coreutas y a sus familiares. Aquella beca fue la primera de una larga lista que continuó en Perú, en México, en Holanda desde donde María Elena recorrió gran parte de Europa.

Cuando estuvo preparada para hacer cantar a gran parte de los riotercerenses volvió a su ciudad y en cierta medida nos hizo cantar a todos. Ejerció la docencia en el Conservatorio Provincial de Música "Juan J. Castro" y desde 1980 fue la directora del coro del establecimiento, también dirigía su coro de niños y el del secundario del Instituto "Dr. Alexis Carrel", mientras que enseñaba en otras dos escuelas. A partir del coro del Conservatorio hizo nacer en 1984, otra agrupación, "Discantus" con el que abordó un repertorio popular latinoamericano y folclórico.

Fue María Elena la riotercerense que más hizo cantar a sus compoblanos: niños, adultos, profesionales, trabajadores, amas de casa, a todos quienes tenían sólidos conocimientos musicales y a quienes no tenían noción. Donde ella enseñó a cantar, creó un coro. En 1994 con la creación del Taller Municipal "Cantares" demostró que todos podían cantar e integrar un coro, sus integrantes, jóvenes y adultos, hombres y mujeres le brindaron grandes satisfacciones. En ese grupo al que tanto quiso, demostró sus dotes de docente, de coordinadora, de generadora de amistades, de descubridora de vocaciones escondidas.

Fue una dedicada integrante de la U.E.P.C. como Secretaria de Cultura, iniciándose como delegada escolar del Conservatorio. Dictó cursos de perfeccionamiento y fue la creadora del coro y su primera directora.

En 1988 le habían diagnosticado un cáncer de mama contra el que luchó con valentía y fe cristiana. Le ganó la batalla durante 12 años, merced a su coraje y al milagro del canto que le ayudaron a atemperar sus dolores. Sus grandes defensas fueron su fe en Dios, su adhesión a María Rosa Mística y su incondicional amor por la música.

Todos presumíamos el final... como una nota musical en el aire ella se iba haciendo inaudible. Por eso los que la querían le demostramos ese afecto el 5 de junio de 1999 en la Parroquia "Nuestra Señora de Lourdes" cuando su "Cantares" le hizo un reconocimiento a su trayectoria de 20 años como directora coral. Actuaron el coro del Conservatorio, el Club de Canto, el Taller Coral de Jubilados y Pensionados, Discantus, el de la U.E.P.C., UNI 3 y "Cantares". Emocionadas palabras de Vilma Novick dijeron lo que todos pensábamos de María Elena. No hubo en la historia de Río Tercero velada más emocionante que esa.

Le estábamos diciendo "Gracias María Elena y adiós". Ella que tanto cantó e hizo cantar hizo silencio el 28 de mayo de 2000. Cuando cantan cientos de voces en Río Tercero, bajo pero clarito, se siente la de María Elena dando indicaciones.

Nota del periodista César Herrera publicada años atrás para un suplemento especial de TRIBUNA.

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