Sobre dos ruedas, conoce Villa Ascasubi como pocos

Regionales 10 de junio de 2020 Por Tribuna
Vilma Giardotti. Desde hace varios años recorre la localidad en bicicleta haciendo cobranzas o trámites. Haciendo gala de una memoria prodigiosa, conoce por el nombre a gran parte de los habitantes, incluyendo patentes de sus autos.
vilma

Por Nicolás Cravero

Así como todo pueblo tiene una plaza, generalmente con la iglesia al frente, la Policía y otros edificios públicos, también están esos “personajes” que forman parte del paisaje urbano.
La búsqueda de sus historias nos instala en Villa Ascasubi, donde Vilma Giardotti (67) aporta material para escribir un nuevo capítulo.
Sus primeros años transcurrieron en el campo, a una “legua” del pueblo, precisa.
Ante el prematuro fallecimiento de su madre debió abandonar el colegio en quinto grado para ponerse a trabajar, realidad bastante frecuente por aquellos tiempos.
Pero terminar los estudios era materia pendiente. Ya de grande logró completar el primario y el secundario, sin faltar un solo día, asegura.
“De chica fui buena alumna pero era zurda y me obligaban a escribir con la derecha, por eso repetí”, recuerda. Después se acostumbró y hasta el día de hoy es bidiestra para varias tareas.
Pasó gran parte de su vida arriba de una bicicleta, lo que le ha contribuido a una buena salud que le permite seguir pedaleando como siempre, aunque ya está jubilada.
Desde los 14 vive en Villa Ascasubi y siempre se dedicó a lo mismo: cobranzas, trámites o venta de rifas de distintas instituciones como Bomberos o el club.
Para ser un personaje, Vilma no solo cumple con el requisito de ser conocida, sino también conocer. De tanto andar, es raro que algún habitante escape de su radar, con primer y segundo nombre e incluso direcciones en algunos casos.
Pero su conocimiento va más allá, asegura recordar gran parte de las patentes de los vehículos que circulan por allí. Basta mencionarle el nombre de cualquier vecino para que Vilma mencione rápidamente la terminación numérica de su chapa.
“Siempre tuve buena memoria”, afirma, como consecuencia lógica de una tarea que la llevó a recorrer las calles de Villa Ascasubi buscando direcciones.
“Algunos si saben que voy a cobrar la cuenta de algún comercio, se esconden, pero en general me siento querida, tengo solo cinco enemigos en el pueblo”, afirma con sonrisa cómplice.
Desde hacer un mandado hasta pagar un impuesto, sobre todo a pedido de gente mayor, integra el abanico de sus servicios ofrecidos, sin imponer una tarifa como condicionante.
Desde su lugar se ha transformado en testigo privilegiada de la evolución de un pueblo que ve “ordenado y progresando”, afirma.
No quiere cerrar esta charla sin mencionar un sueño, aunque ya sabe que no podrá cumplir.
Todavía guarda el recuerdo de sus primeros años cuando veía pasar aviones por el campo que participarían en la Revolución Libertadora de 1955.
Allí nació su idea de pilotear una de esas aeronaves, el tiempo pasó y no pudo lograrlo pero el solo hecho de volar, sería un buen consuelo, reconoce. 
Aunque no quiere nombrarlo públicamente, asegura que ya hay quien le prometió ayudarla a concretar ese anhelo.
Ahora será cuestión de esperar el momento indicado para abandonar un rato la bicicleta y darse el gusto de visitar los cielos.

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