Dandy: 74 años con la elegancia masculina en la ciudad

Locales 02 de junio de 2018 Por
Como socio del CeCISA (Centro Comercial, Industrial, de Servicios y Agropecuario de esta ciudad), Dandy Hombres es la firma con más años dentro de la nutrida actividad mercantil que hoy tiene Río Tercero. Abrió sus puertas en abril de 1944 en la intersección de Acuña y Mitre, y desde setiembre de 1955 funciona donde está en la actualidad (en Libertad 340) y siempre con el sello de la elegancia masculina.
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"Desde la provincia de Santa Fe, mi esposo y mi cuñado se vinieron a Río Tercero cuando comenzó a funcionar la Fábrica Militar. Abrieron el negocio en la esquina de Mitre y Acuña, y al lado había un sastre con quien mi esposo aprendió a cortar y hacer la ropa con tela de grafa (pantalones y camisas) para la gente que trabajaba en la Fábrica Militar", remarcó Rosa Esther De Angelis (82), esposa de Luis Malet, el dueño originario de Dandy Hombres.
"Lucharon mucho, pero tenían una clientela bastante buena, grande, gente muy honesta: a fin de mes venían con un cheque, mi marido se lo cambiaba y así pagaban o entregaban a cuenta de lo que habían comprado. Les empezó a ir bien porque tenían muchos clientes que trabajan en Fábrica Militar. Después con los años mi cuñado se retiró y quedó mi marido solo", agregó la mujer.
Olga y Luis tuvieron tres hijos que actualmente ostentan la profesión de ingeniero agrimensor, ingeniero químico y el restante especializado en informática. Este último, Horacio Malet, es quien actualmente está al frente del histórico local comercial.
"Mi papá era un burro para trabajar. Él hizo unos escritorios que todavía los tengo en el negocio, en la parte de arriba. Los construyó con tambores de azufre de la Fábrica Militar. Además hay otros muebles que son de la época que arrancó el negocio", remarcó Horacio.
"Una vez se le rompió una pieza de una máquina que hacía tres costuras, pero no pudo reponerla porque no la consiguió ni acá (en Río Tercero) ni en Córdoba, pero él se las ingenió para fabricarla. Era una persona que se acostaba y pensaba en lo que tenía que hacer al día siguiente. Mi marido continuamente trabajaba y hacía cualquier cosa", explicó Rosa, quien además agregó: "Si bien en aquellos tiempos era difícil porque se trabajaba mucho, no había marcas como piden ahora los clientes. Era más simple para tener un negocio de este tipo. Cuando mi marido se trasladó acá a la calle Libertad solo estaba el negocio Aliciardi, al frente de lo que hoy es Rosso (Deportes, en la esquina de Libertad y Alberdi), y mucho después llegó Octavio Garello. Ahora hay un negocio al lado del otro, pero se lucha. Hubo años buenos, principalmente cuando comenzó la fábrica, se trabajaba bien y con muchos empleados de la Fábrica Militar. Por eso ahora cuando hablan de que la quieren privatizar me da mucha pena porque gracias a Dios nosotros hemos vivido bien con la fábrica".
-¿Siempre se dedicaron a vender únicamente ropa de hombre?
-(RDA) Solo una vez tuvieron ropa de niños, pero después siguieron exclusivamente con la de hombre, nada más. Aunque en una oportunidad mi esposo compró una máquina japonesa para fabricar pañuelos y repasadores. Toda la familia trabajaba en eso, nos iba bien porque se le vendía a los mayoristas en Córdoba, pero después cuando vino Martínez de Hoz (José Alfredo, ministro de Economía de la dictadura militar entre 1976 y 1981) trajo muchas cosas importadas, había pañuelos que eran de menor calidad pero más económicos, y así se fundieron las fábricas de tela en Buenos Aires, no había más mercadería para fabricar pañuelos, y tuvimos que dejar. Todavía tenemos esa máquina.
-¿Por qué el tradicional nombre de Dandy?
-(HM) Porque Dandy significa una persona elegante, muy bien vestida.
-¿A qué se debe que el negoció perduró por más de 70 años?
-(RDA) Porque hay clientes. Si el negocio tiene 70 años, porque son 70 años con clientes. Compran hasta tres generaciones. Lo que pasa que si el cliente lleva una mercadería y le sale mala, porque eso puede ocurrir, hay que responder, y si no hay otra prenda que le guste se le devuelve el dinero y que vaya a otro lado a comprar. Hubo épocas buenas y otras donde hubo que hacer mucha economía, mucho sacrificio para mantenerlo, pero se hizo y así hoy el negocio tiene tantos años.
-(HM) También mucho tiene que ver la palabra y no fallarle a la gente. Acá siempre se usa esa modalidad, y así la gente se adaptó, se acostumbró, con amigos y conocidos de muchos años. Ahora vienen a comprar los hijos y hasta los nietos de los viejos clientes. Básicamente el éxito pasó por la seriedad. Mi papá no debía nada, les pagaba a todos. Por ahí no había para comer, pero él no debía una moneda. Además, antes venían los viajantes, no como ahora que hay que ir a comprar a Buenso Aires. Venía la mercadería, a los días pagaba y así se olvidaba de la deuda. Eso por ahí en las épocas malas ayudó un poco. Mi padre siempre fue prolijo en ese sentido, el de no meterse más si no podía. Siempre decía: 'hay que hacer el pasito hasta donde se pueda'. Creo que eso también fue importante.
-¿Por qué decidiste seguir el camino de tu papá?
-Me gustó siempre el negocio. Yo lo veía a mi papá que trabaja y le iba bien, y por eso decidí quedarme al frente.
-Actualmente en el rubro de prendas de vestir hay mucha competencia en el casco céntrico de la ciudad.
-(HM) Sí, hay mucha en el tema de ropa, pero se vende bien. Lo que pasa que hay que estar un poco más atento, son más rápidos los cambios, hay más tecnología y vivimos un poco más acelerado. Se vive bien, hay que esperar el momento y saber aprovechar las oportunidades.

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