Nora, entre la música, el estudio y un gran espacio de libertad

Locales 08 de abril de 2019 Por
En los últimos años Nora enfrentó situaciones de vida muy crudas, pero salió adelante gracias a su gran fuerza de voluntad. Se relacionó, terminó los estudios secundarios de grande y encontró su lugar en el Conservatorio.
TAPA-NORA

Nora está ansiosa porque en pocos minutos debe ingresar a uno de los módulos en sus clases de música del Conservatorio Juan José Castro. No se despega de su saxo, el instrumento mediante el cual encontró paz, tranquilidad y alegría. Nora Mer- cedes Moyano cuenta 68 años y representa un ejemplo de vida. TRIBUNA decidió contar su historia porque es, definitivamente, inspiradora, como lo es la de cualquier persona que no baja los brazos ante la adversidad, se impone desafíos y los supera, se propone objetivos y los cumple.
Nora es una de las tantas personas mayores que concurre a uno de los hogares de día que administra el Municipio, hace poco tiempo terminó el secundario en el CENMA y es alumna regular del Conservatorio, donde estudia música y ensaya con su saxo, el instrumento de viento "más romántico", como lo califica.
Hace ocho años Nora perdió a su marido, quien falleció víctima del cáncer. Tuvo que vender la casa para hacer frente a los gastos del tratamiento y la vida le reservó otro golpe: su hija -que no vive en Río Tercero- también padece la enfermedad. "Pero se va a curar", dice con seguridad, con lágrimas en los ojos.
Su jubilación le alcanza para pagar el alquiler y trabaja los fines de semana cuidando personas mayores para llegar a fin de mes.
Nada fue (y es) obstáculo, para que Nora cumpliera con sus sueños.
Todo comenzó hace 10 años cuando Nora y su marido decidieron integrarse a la banda de Bomberos Voluntarios. Ambos con instrumentos de percusión: ella con los platillos y él con el redoblante. "Luego me prestaron un saxo y a mi marido también. Ya estaba enfermo y estuvo dos años mejor porque iba a música; de no creer", dice.
Nora comenzó a estudiar saxo en el Conservatorio, inspirada por un profesor del instrumento de viento que la animó a perfeccionarse.
Pero para continuar en el Conservatorio se hacía indispensable contar con un requisito: el título del nivel medio.
Fue así como se inscribió en la escuela nocturna CENMA y logró terminar los estudios secundarios. Le fue bien con las notas, aunque admite que algunas materias le costaron y tuvo que pedir ayuda. Aún así logró buenas notas: 6, 7. 8 y hasta 10 en inglés.
"La música es todo para mí. Me hace sentir bien y me acompaña", subraya. Y lanza una anécdota divertida: "Donde vivía antes, tuve varias denuncias de los vecinos (por ruidos molestos)", se confiesa con una sonrisa. "Yo toco a cualquier hora, no tengo drama".
Hace seis años que Nora concurre al Hogar de Día N° 8, ubicado camino a Villa Ascasubi. Allí durante la jornada que culmina con el almuerzo, comparte su vida con un grupo de abuelos muy heterogéneo. Durante los primeros meses, recursó sexto grado, lo que le permitió acceder al secundario. "Todos en el Conservatorio y en la banda son unos divinos y me alientan para seguir adelante", dice. "Hay que tener voluntad y venir", añade.
Nora nació en Río Tercero. Se casó a los 16 años y se fue a vivir al campo junto a su esposo. "Tuve una hija, que es profesora de piano pero vive en San Luis. Está también enferma. Hace tres años que tiene cáncer, pero está mejor", revela.
"Es una dura historia. Tuve que vender la casa para pagar muchas cosas, pero sigo adelante. El Conservatorio es un cable a tierra para mí. Y de acá me voy al hogar y me gusta ayudar a las chicas de la cocina, pero nos les gusta que les toque nada", señala con una mirada pícara.
Cursando quinto año del Conservatorio, Nora estudia la mayor parte del tiempo. Y se califica como una mujer muy activa. "Me gusta estar en todo. Y estoy feliz porque me quieren mucho".
"Trabajo desde hace 12 años y soy muy confiable", asegura. Cuida enfermos y personas solas los fines de semana y los feriados.
"Esto (por el estudio) te levanta el ánimo, te moviliza. Allá en el hogar hay mujeres que les hace falta el secundario, para no pensar siempre lo mismo. Tienen que estudiar que las hace más jóvenes. Rejuvenece la mente", aconseja.
"Para nosotros, generar estos espacios, como el comedor y la posibilidad de llevar la formación en la educación de adultos para que puedan terminar la secundaria y darle formalidad a la educación primaria, es muy importante. Estos espacios, para esos espíritus inquietos como el de ella, permiten disparar para cualquier lado", interviene Adrián Vitali, secretario de Participación Social de la Municipalidad, área de la que dependen los hogares de día para la tercera edad.

Duro golpe
"A mí me ayudó mucho el hogar. Encima murió mi mamá, me pasó todo lo malo, entonces allá (por el hogar) me atendieron espectacular", aporta Nora.
Dentro de las actividades del Conservatorio hay lugar para los viajes a otras ciudades, donde llevan interpretaciones corales. Para Nora los viajes son también enriquecedores.
Si bien Nora integra dos grupos de personas muy diferentes, en ambos ámbitos se adapta. "Allá soy más seria y acá (por el Conservatorio) los mismos chicos me hacen cambiar el humor. Te hacen sentir joven. Me abrazan, me quieren y estoy en varios cursos, con chicos de 16 de quienes soy compañera y si no entiendo algo me ayudan", destaca.
Como se acercaba la hora de clases, solo quedaba tiempo para la sesión de fotos.
Ya rumbo al aula, nadie dejó de saludarla a su paso. "Hola Nora; Cómo estás Norita; Nora..., como va...".
Apresurada, con su saxo colgado de los hombros Nora respondía con una sonrisa y emprendía así, al caer la tarde, el final de otro día. Intenso y feliz, la manera que encontró para superar las adversidades, seguir adelante y dejar un fuerte mensaje de vida.