Agradecer desde el corazón

Locales 02 de agosto de 2018 Por
Armida Tagliasachi, docente y escritora riotercerense agradeció a las distintas instituciones por su actuación durante el principio de incendio del pasado lunes en el taller del Proyecto Madres de La Luciérnaga.
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A raíz del principio de incendio que se ocasionó el pasado lunes  en el taller de las Madres de La Luciérnaga, donde afortunadamente no se registraron daños materiales de consideración, la docente y escritora Armida Tagliaasachi, que se encontraba en el lugar,  vivió lo ocurrido con mucha intensidad y nerviosismo. Pasado el momento y ya tranquila en su casa, se inspiró y escribió el siguiente texto en forma de agradecimiento a quienes colaboraron en ese momento.

La Luciernaga Principio de incendio en el taller del Proyecto Madres de La Luciérnaga

DAR CON LOS OJOS CERRADOS, PERO RECIBIR CON LOS OJOS ABIERTOS

   Palabras que son siempre las mismas, podría decir alguien. Sí, pero depende del sentido que podemos darles… Entonces, se abre un campo enorme para la imaginación.

   Hay palabras que algunas veces son víctimas del olvido; eso es lo que me ha ocurrido con la palabra fuego, pero llega un día en que invaden nuestro presente con una actualidad inesperada.

   Sé también que las palabras Agua, Tierra, Aire y Fuego han ayudado por siglos al ser humano a mantener la unidad con lo infinito, para lograr armonía en todos los ámbitos de la vida.

   También entiendo que el fuego es energía y vitalidad. Recurro a mi diccionario y me dice: “fuego: luz y calor producidos por la combustión.”

   Recuerdo que la ciencia dice: “Desde que todos los hombres conocen el fuego ¡cuántas cosas cambiaron en el mundo!”

   Pero todos estos conceptos, el lunes 30 de julio de 2018, a mí se me olvidaron. Voy a contarles mi experiencia con el fuego.

   La tarde de ese día, estaba en la casa donde funciona el Proyecto Madres La Luciérnaga Río Tercero (Marín Maroto 388), cuando –a raíz de algún pequeño descuido o simplemente por una travesura de los alegres fantasmas que forman siempre un coro de risas- en el lugar comenzó el fuego. Ahí fue cuando la palabra fuego estuvo viva: una palabra que nunca me había trascendido, de pronto me produjo terror. ¡Qué exagerada, dirán ustedes!
Vi la habitación donde estaba, a través de mil cristales diferentes, bajo todas las luces, con su calor y su frío. El humo tejía una telaraña en las pupilas y mi loca imaginación suponía que las llamas rojo negruzcas devorarían el trabajo tesonero de todas mis amigas compañeras.

   Con un pequeño malestar y nerviosismo, me dejé conducir hasta afuera y pude respirar el aire puro, fresco, cariñoso, como la presencia de todos los que me rodeaban. Y nuevamente apareció otra palabra que me conmovió y en ella quiero insistir: solidaridad.
Ya lo han dicho otros: hay palabras que sirven para sanarnos, para  enfrentarnos con nuestras limitaciones y para saber que hay mucha gente buena.

Los vecinos de la cuadra pusieron todo su apoyo, nunca se rompió nuestra comunicación con ellos y así lo demostraron.
Distintas instituciones de la ciudad se hicieron presentes, a través de sus integrantes, y prestaron su ayuda y colaboración.

   Algunas veces, por diversas circunstancias, nos quejamos y preguntamos: ¿dónde están? ¿quién nos escucha y mira?... Creo que no somos capaces de comprender que siempre están al lado de los ciudadanos, cuando se los requiere. No les interesa que sean ricos o pobres, niños o ancianos, filósofos o poetas… Su tarea es el servicio a la comunidad.

  ¡Gracias a todos!: al Cuerpo de la Policía y a la Municipalidad –representada por Rafael Prado, Secretario de Gobierno; Hermes Mari, Director de Defensa Civil; Marisa Farías, Coordinadora de Seguridad y Marcos Ferrer, Secretario de Obras Públicas y Hacienda, que nos aportaron tranquilidad y ayuda oportuna y valiosa.
  Quiero destacar también la inmejorable delicadeza y atención que recibí del equipo de Salud de Lo-Mar.

   Y para cerrar esta lista de agradecimientos, me surge escribir el nombre de una institución con letras enormes: el cuerpo de Bomberos Voluntarios de Río Tercero.
La palabra bombero ¡qué pobre es su significado si nos remitimos a lo que dice el diccionario!: “Bombero: operario que está encargado de extinguir el fuego”.
Yo les canto, con mi humilde verso, a todos ellos: por la abnegación, valentía y esperanza que –con amor-  derraman cuando llegan.

Valentía y amor

Déjame brindarte mi mano,

amigo bombero,

y sabrás que el dolor

no es tan grande,

si estás tú a su lado.

 Déjame contarte mis penas,

amigo bombero,

y verás que en algo

se parecen a las tuyas,

porque escuchamos y acompañamos.

 Déjame compartir tus silencios,

amigo bombero,

pues no hay vida tan bella

como el murmullo al unísono

de dos almas hermanas.

 Déjame reír contigo,

amigo bombero,

porque Dios nos acompaña

para que la felicidad y la paz

ardan en nuestro corazón.

 

   Gracias, querido Miguel Canuto, Jefe del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Río III, y a todos los bomberos, por su dedicación, entrega, cariño y vocación de servicio.

Estoy orgullosa de vivir en esta ciudad y de sus instituciones. No soy experta en nada, ni soy crítica ni importante, simplemente soy una mujer común, con ideales, ilusiones y sueños, como muchos. Creo que es importante que sepamos comprender y valorar las palabras solidarida, entendimiento, humildad y sobre todo amor, porque -por más que parezca una quimera- tiene que ser el ideal de la vida: luchar por el hoy como si fuera el mañana.

   Por último, mi mayor agradecimiento a Ilda y a todas las integrantes del Proyecto Madres La Luciérnaga, por su cariñosa protección, su acompañamiento permanente, su cálida contención y porque las siento verdaderas amigas.

 

                                                                                              Armida Tagliasachi